Por: Jorge Andrés Forero-González
'No podemos resignarnos a ser un continente de cuarta porque llegamos tarde, tenemos que darnos cuenta de que somos parte de la esperanza de la humanidad. Llegamos tarde pero tenemos la ventaja de haber aprendido de los errores que cometieron otros para tener la posibilidad de un continente de justicia y de paz y donde valga la pena nacer, y soñar (... ) 'La paz en Colombia es una causa de todos los latinoamericanos y hay que combatir la intolerancia" Pepe Mujica, expresidente de Uruguay, uno de los notables internacionales que acompañó el proceso de implementación del Acuerdo de Paz de 2016.
En estos días, donde las bombas en el mundo hacen tanto ruido buscando ocultar la fuerza de la paz, y en medio de conflictos internacionales como los del Congo, Ukrania, Armenia, así como de la voz y la acción global por detener el genocidio Palestino, volver a ver a Colombia como referente de esperanza de superación de la guerra es un ejericio fundamental, ético y profundo.
En este documento exploro algunos de los hitos y avances del Acuerdo de 2016, por cada uno de sus puntos, de cara a seguir construyendo como comunidades y colectivos el porvenir para la vida. Además son 9 años de la firma del Acuerdo Final, aún con la pérdida del plebiscito, la negociación con los detractores de lo pactado, el nobel al expresidente Santos y el respaldo internacional sólido. Acá también dejo plasmado un poquito de tanta verdad de más de 15 años de experiencia profesional y de vida por mantener vivo el bastón y la llama de la paz en Colombia para el planeta.
Punto 1: Reforma Rural Integral
Este punto reconoce una de las causas estructurales del Conflicto Armado y es la inequitativa distribución de la propiedad de la tierra. Se vuelve fundamental ante la crisis climática global dado que pone de referencia la urgencia de acceso a tierra del campesinado, los pueblos indígenas y afrocolombianos para promover la protección de la biodiversidad y las economías propias para la seguridad y la soberanía alimentaria. Uno de los principales avances se ha logrado con la administración Petro que le puso el acelerador a la compra y distribución gratuita de tierras ya hoy por más de 600 mil hectáreas de un fondo de 3 millones derivado del Acuerdo y se espera que se llegue 1 millón al finalizar su mandato (Ver Contador Oficial de la Reforma Agraria del Ministerio de Agrocultura). Como no es solo entregar tierra a los pobres y desposeídos, se hace un acompañamiento integral con proyectos productivos que entre otros han permitido elevar la productividad rural y bajar la inflación de los alimentos que en años recientes afectó al país.
De los 7 millones de hectáreas para formalizar, se espera que este gobierno cierre con al menos 2 millones, también apoyando procesos de clarificación de la tenencia de propiedad tan urgentes en Colombia, sumado a políticas como las del Catastro Multipropósito que está permitiendo tener un espejo claro de la estructura de la propiedad de la tierra y de ahí evidenciar opciones para tener una política pública redistributiva en relación con la carga impositiva de la gran propiedad en el país. De fondo un gran logro es que se ha puesto de nuevo la relevancia del sujeto político, cultural y simbólico del campesinado, los pueblos indígenas y afrocolombianos y su gran contribución al país. En términos identitarios no hay que perder de vista que según el DANE al menos 3 de cada 10 colombianos/as se auto reconoce como campesina/o, que al menos el 15% es afrocolombiano y que al menos el 5% seguimos siendo indígenas. (https://www.dane.gov.co/files/operaciones/ECV/bol-campesinos-ECV-2024.pdf)
Entre estos grandes grupos de población de forma colectiva se protege y se hace gestión de al menos el 50% del país, distribuidos en Resguardos Indígenas, Territorios Colectivos de Comunidades Negras y territoriales campesinas como las Zonas de Reserva Campesina y los Territorios Colectivos Agroalimientarios - TECAM y es posible ver ahí, no como una señal de "atraso" o "subdesarrollo" el potencial del campo para superar la crisis civilizatoria en que se encuentra la humanidad por el modelo económico capitalista destructor del planeta.
Punto 2: Participación Política
El Acuerdo logró incluir por dos periodos en la Cámara de Representantes a 16 nuevos congresistas de los territorios más afectados por la guerra. Estos representantes mujeres y hombres reconocidos como víctimas del Conflicto Armado lograron hacer más diversa la toma de decisiones para el país desde el legislativo y apuntalaron a escenarios de reconciliación de los que tanto hacen falta en el mundo. En marzo de 2026 es su próxima elección y hay mucha expectativa en los territorios sobre las posibilidades, desde estas curules en la cámara de representantes, para poder hacer gestiones que apoyen la superación de las desigualdades estructurales que afectan sus comunidades y tener una voz directa de las víctimas del conflicto armado en el legislativo.
En un escenario de apertura política para la democracia como ya había pasado en Colombia con la Constitución Política de 1991, incluso con la de 1886 y las primeras del tiempo de independencia, el Acuerdo de Paz de 2016, se reconoce como un punto de llegada para superar los rezagos de la falta de construcción de un Estado Nación. En ese sentido, un reclamo histórico de las insurgencias en Colombia para rebelarse a los múltiples gobiernos colombianos ha sido la exigencia de participación política. Con este Acuerdo de Paz de 2016 al parecer se cierra esta exigencia, dado que el conflicto se transformó, como se ha evidenciado diálogos de la Paz Total que dejaron importantes lecciones para el país.
De esta manera, las Ex FARC-EP participaron con su propio partido político gracias al Acuerdo de Paz en 2 periodos con 10 congresistas, 5 representantes en Senado y 5 en Cámara, permitiendo escenarios para el intercambio de ideas y hacer política institucional. Esto permitió desde el legislativo reconocer y honrar a los antiguos enemigos y avanzar en fortalecer como incluir actores diversos en la democracia Colombiana. De ahí surgieron importantes debates y posibilidades para el país reconocidas internacionalmente, así como la elección de alcaldes y concejales en algunos departamentos. En este momento, su partido político tendrá que medirse electoralmente como los demás en marzo de 2026. Nadie podrá decir que no es mejor para un país, tener un partido político con garantías para su funcionamiento, que una insurgencia armada sin posibilidades para resolver la guerra.
Punto 3: Fin del Conflicto
Con datos verificables de entes nacionales e internacionales, es posible ver cómo al menos el 85% de los excombatientes de las ex FARC -EP empezaron nuevas vidas. Unas 12 mil personas entre hombres y mujeres, la mayoría de las zonas rurales del país, hoy han logrado hacer un proceso de reincorporación y tránsito exitosos hacia la legalidad en medio de las dificultades sobre su seguridad y el proceso de transición hacia la democracia. (https://colombia.unmissions.org/ocho-años-ocho-hitos-del-acuerdo-final-de-paz-de-colombia) Fue muy emocionante ver cómo transmitieron los medios de comunicación cómo en 2016 y 2017 el llamado "baby boom" de los y las firmantes de la paz los llevó a hacer familias, a emprender productivamente en campos y ciudades, a volver a sus raíces campesinas y a poder integrar y contribuir una sociedad resiliente como la colombiana. También salieron a hacer política y fortalecer organizaciones sociales y dar a conocer un poco de tanta verdad sobre los dolores de la guerra, también dándose la oportunidad de señalar las injusticias dentro y fuera de su organización y del porqué de su lucha.
Cada hombre y mujer que se le pueda sacar a la guerra, es un logro de proporciones inconmensurables. La gran cantidad de armamento que salió del conflicto y entregado por las ex FARC-Ep también fue ampliamente reconocido como un hecho clave para dar razones claras de por qué hacer negociar la paz. El 2017 fue el año más pacífico en Colombia y en el Hospital Militar no se registró ni un herido por razones del conflicto armado en un hecho que nos llenó de vida como nación. Hoy ese hospital recibe también a firmantes del Acuerdo de Paz con lesiones permanentes de la guerra. Hay razones para sonreir.
Punto 4: Solución al Problema de Drogas Ilícitas
Este ha sido sin duda el punto más difícil de abordar y cumplir. Las estrategias han sido diversas, sin embargo, aunque se nombre en el Acuerdo como un problema internacional, su tratamiento ha seguido siendo local. De más de 50 años de lucha contra las drogas ilícitas, las principales víctimas han sido la naturaleza y las comunidades locales que en sus territorios han tenido que vincularse ante la falta de oportunidades a las economías ilegales. Sin embargo, se ha avanzado en entender que la solución debe ser integral y pasar de la política de arrancar "la mata que mata" propia de la política de aspersión con venenos de alto impacto como el glifosato y torturar desde ahí a las comunidades y afectar gravemente a los territorios, a buscar la sustitución de economías Ilegalizadas con un acompañamiento integral a transformar regionalmente esos territorios con una vocación maravillosamente más amplia a la condena por el narcotráfico.
Asimismo, ha sido vigoroso el debate desde Colombia y desde la cosmogonía de los pueblos y comunidades étnicas que, plantas de poder como la coca, la marihuana y la amapola, no son drogas y se ha avanzado en escenarios simbólicos y de política pública hacia su regulación e incluso legalización con fines medicinales y de protección de los usos y costumbres de los pueblos indígenas y de la biodiversidad. Que Colombia nombre estas posibilidades dado su posición en el debate mundial y en la producción de hoja de coca y cocaína, marihuana y heroína no es nada menor y hay una posibilidad de liderazgo internacional que se ha reconocido en escenarios de Naciones Unidas. La interdicción ha avanzado de manera importante en estos últimos años evitando poner la fuerza del Estado en el eslabón débil de la cadena, el campesinado cultivador, y pasar a las redes internacionales del narcotráfico ayudando a ver el problema en su integralidad.
Punto 5: Sistema de Verdad, Justicia y Reparación y Garantías de No Repetición
La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) viene haciendo un trabajo muy bello y esperanzador ante quizás el dolor y el delito más grande que se pueda dar en medio del conflicto armado que es la desaparición forzada. La incertidumbre de millones de colombianos y colombianas ante más de 300 mil personas que han sido reportadas bajo este flagelo no se puede medir ni sentir colectivamente con facilidad. Esta Unidad por primera vez y desde un enfoque altamente técnico e integral con las familias, firmantes del acuerdo de paz, militares y exmilitares y cientos de colaboradores se ha dado a la tarea de trabajar hasta encontrarlos. Han sido muy esperanzadores los casos donde ha sido posible el reencuentro de familiares y desaparecidos vivos, muy esclarecedor pero también un alivio para el corazón cuando se ha podido dar una digna sepultura, y un canto a ver con esperanza nuestro propio horror con casos como los de las Cuchas Tienen Razon, porque la tienen y hay mucho por sanar y gracias al acuerdo hoy se cuenta con la posibilidad para atenderlo.
La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) acaba de emitir sus primeras condenas en casos emblemáticos sobre el lamentable delito de secuestro al Secretariado de las Ex-FARC-EP y a militares de altos y medios rangos de los tristemente llamados Falsos Positivos que fueron Crímenes de Estado bajo la política de la Seguridad Democrática. Sobre estas penas, Colombia está aprendiendo a saber sobre qué es eso de Justicia Transicional, derivada el Estatuto de Roma, y que es posible tener penas alternativas a través de Trabajos y Obras con contenido Restaurador y Reparador (TOAR).
Saber que la paz será posible cuando dejemos de señalar al otro como un contrario inamovible es fundamental para el mundo; acá estamos sembrando esa semilla. Por supuesto, debe existir un arrepentimiento sincero, y en las penas de hasta ocho años, quienes resulten culpables ante la JEP deberán realizar un ejercicio de reparación interna y externa junto con sus víctimas (con su consentimiento).
La JEP abre un camino para la comunicación y la acción no violenta, y ha permitido avanzar en el esclarecimiento de la verdad, incluyendo la identificación de quiénes —y qué intereses económicos y políticos— se han beneficiado del conflicto. Ya han comparecido excongresistas y se espera también la participación de empresarios y otros actores involucrados, para contribuir de manera clara al trabajo por la verdad y la reparación.
Finalmente, dentro del Sistema creado por este punto del Acuerdo, la Comisión de la Verdad realizó un trabajo profundo durante cinco años, recorriendo el país para narrar de manera polifónica y diversa las verdades sobre el Conflicto Armado Colombiano. Esta oportunidad de introspección profunda como país tiene una enorme potencia en sus recomendaciones, orientadas a garantizar que la guerra en Colombia Nunca Más se repita ni se recicle.
Como una herramienta amplia para la pedagogía de nuestra historia reciente, la Comisión dejó una extensa serie de recomendaciones y un rico material multimedia. Solo queda recomendar su uso, según las posibilidades de cada quien, especialmente para las nuevas generaciones. Todo este contenido está disponible en: https://www.comisiondelaverdad.co/
Punto 6: Implementación, Verificación del Acuerdo Final.
Un punto fundamental en la negociación, firma e implementación del Acuerdo de Paz ha sido el acompañamiento internacional unánime. En ese sentido, desde los países garantes en la mesa de diálogos, Venezuela, Noruega y Cuba y en su momento de los Estados Unidos y Chile, fue posible construir el Acuerdo en sus 6 Capítulos. Así mismo se nombraron notables como el expresidente Jose Pepe Mujica (QEPD) y el expresidente de España, Felipe Gonzalez, y por cada punto del Acuerdo, paises garantes y organizaciones internacionales, también del orden global, y solo por citar un ejemplo, para hacer veeduría a la la Reforma Rural Integral del orden de la Unión Europea y la Vía Campesina. Así mismo y en una acción de unanimidad del Consejo de Seguridad durante más de 8 años, se la logrado el mantenimiento de la Misión de Verificación de Naciones Unidas en Colombia, permitiendo desde sus mandatos poder contribuir con equipos internacionales en los territorios más afectados por el Conflicto Armado, en una veeduría e impulso a la Implementación del Acuerdo de Paz en el país.
Como una gran apuesta por la paz integral, el Acuerdo de Paz incorpora un enfoque transversal de género y creó una instancia de mujeres encargada de la supervisión y el diálogo de alto nivel para impulsar este enfoque. Esta instancia, integrada por organizaciones nacionales de mujeres, ha logrado posicionar en la agenda pública la urgencia de comprender la paz desde una perspectiva diferencial de género y de promover acciones afirmativas concretas para atender los horrores de la guerra que han sufrido las mujeres y las poblaciones diversas en el país durante más de seis décadas de conflicto armado.
Así como el enfoque de género, por primera vez se incorporó en un Acuerdo de Paz formalmente un logro fundamental y otra gran innovación es el Capítulo Étnico construido desde las organizaciones de los pueblos indígenas, afrocolombianas, negras y palenqueras que hace décadas trabajaron por la solución negociada al Conflicto Armado y lograron incidir directamente en la elaboración este capítulo con medidas específicas por cada uno de los 6 puntos de lo acordado, resaltando entre otros temas la incorporación al bloque de constitucionalidad en Colombia la Objeción Cultural y ratificar la Consulta y Consentimiento Libre Previo e Informado como un derecho fundamental de los Pueblos Étnicos de Colombia. Este mandato refuerza la posibilidad de proteger los planes de vida de estas comunidades que representan al menos el 20% de la población del país con la capacidad de cuidar, proteger y habitar los ecosistemas estratégicos para la vida de más del 40% del país. Este Capítulo Étnico también creó su propia instancia de impulso y seguimiento, la IEANPE, y ha sido un escenario de encuentro y unidad del movimiento étnico del país y una posibilidad para incorporar en la política pública para la paz el gran conocimiento y experticia de los Pueblos Étnicos de Colombia para el Buen Vivir de toda la Población.
