Por: Jorge Andrés Forero González
Luego de 4 años de la administración Petro y de su política abierta de transformaciones sociales como principio, la economía colombiana ha vencido el escepticismo que produjo el aumento del gasto público, del salario mínimo y la política ambiental que redujo la explotación minero energética.
Un ejemplo para los empresarios lo demuestran los indicadores del aumento extraordinario de las rentas de los grandes capitales privados, así como la capacidad de asimilar el aumento del salario mínimo por encima del 23% en 2026 que a 6 meses de implementación no ha generado el declive que preveían economistas como José Manuel Restrepo, hoy candidato a la vicepresidencia y que se opuso abiertamente al aumento.
La revista Forbes en su artículo “Los colombianos más ricos en 2026” muestra cómo las 6 personas más ricas de Colombia aumentaron su capital en un solo año en cifras por encima del 37% con Gilisky, Vélez y Sarmiento Angulo por el orden del 35% y los que menos con más de 16%.
La banca en los últimos 3 años dejó solo en utilidades más de 18 billones de pesos cada 12 meses. La población se endeuda con la banca porque tiene más capacidad adquisitiva y cumple sus obligaciones sin crisis como las del UPAC de la vivienda de los 90s. Las declaraciones de Sarmiento Angulo el día de la primera vuelta presidencial fueron contundentes sobre el bienestar económico que percibe de los últimos años y del futuro del país; y tiene de dónde decirlo, su fortuna supera los 10.000 millones de dólares superado apenas por Vélez y Gilinsky con más de 14.000 millones de dólares y años tras año, aumenta.
Las exportaciones se diversificaron y avanzamos en salir de la matriz del carbón y el petróleo aunque estos siguen siendo de los principales rubros. Las del agro especialmente, de manos campesinas, está más fortalecidas que nunca desde la apertura económica de 1991 y se han robustecido con renglones más allá del café y explorando sectores de la economía que le hacen oposición al gobierno, como el ganadero de latifundio, que consolidó la exportación de carne.
El sector agropecuario y agroindustrial es uno de los que más genera empleo y autonomía en el país si está en manos campesinas, redujo la inflación de alimentos dada la producción fortalecida y para “febrero de 2026, las exportaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas alcanzaron 1.276 millones de dólares, con un crecimiento de 11,6% en valor y un destacado 63,2% en volumen en comparación con el mismo periodo de 2025. (… ) El resultado, de acuerdo con el DANE y la DIAN, marca una expansión significativa de la oferta exportable, con 713.984 toneladas enviadas al exterior, y confirma el fortalecimiento productivo del campo colombiano en los mercados internacionales”
No hay reportes sólidos asociados a que el aumento del salario de las más de 2.4 millones de empleados, obreros y familias colombianas haya perjudicado a la economía nacional y al contrario, los números acumulados de ganancias de medianas y grandes empresas y de la solidez de la banca son claro ejemplo que la economía va bien. Quienes discuten que este aumento del salario no redujo la informalidad, es de anotar que los paupérrimos aumentos desde 1991 que apenas superaban la inflación y antes de Petro tampoco la redujeron, antes la profundizaron.
En materia del gran gasto público, una de las grandes críticas a Petro es de destacar, que pagó deudas de 30 billones que dejó Duque con el préstamo al FMI por el COVID. Sin embargo, aún con la imposibilidad de tramitar reformas tributarias redistributivas decidió financiar logros de política social como los siguientes:
- La política de financiamiento más amplia en educación pública superior con más de 15 billones de pesos.
- La salida del hambre física que sacó a 2 millones de compatriotas de la pobreza monetaria.
- La compra de tierras para la reforma agraria para la asignación de tierras para el campesinado.
- 3 millones de subsidios vitales a los abuelos/as que aumentaron de 80 mil a 230 mil pesos mensuales.
- Reducción del tiempo de pensión para mujeres como una política de equidad.
- Una política estatal de pensiones que garantiza la materialidad del derecho.
- El pago del 75% del salario vital a los soldados y fuerza pública que presta su servicio de defensa al país.
- El pago a las labores del cuidado de las madres comunitarias y cabezas de hogar que hoy día son reconocidas desde el Estado con ingresos de hasta un salario mínimo.
Esta política de redistribución de la riqueza basada en un Estado que ampara a los más débiles, en México lo enuncian como “Por el bien de todos primero los pobres”, similar a los principios en Brasil de “La mejor política económica es acabar con la pobreza”, exige que las grandes rentas hagan el esfuerzo por justicia tributaria, un tema negado Colombia. En este sentido, aún con una economía saludable con un índice de desempleo de menos del 10%, la redistribución vía impuestos se ve frustrada por las prácticas feudales de sectores en el Congreso que no quieren pagar ni siquiera por sus grandes extensiones de tierras.
De ahí las críticas y movilizaciones en contra del Catastro multipropósito para no tributar sobre la tierra, el retraso de la Jurisdicción Agraria y el lobby que tumbó las iniciativas de ley de tributación a los capitales de los multimillonarios y del país.
¿Y por qué no es posible en Colombia si en sociedades que inspiran por su calidad de vida y bienestar como las de Europa Occidental, Australia o Canadá, el principio de pagar impuestos y tener un Estado grande es fundamental? ¿Cómo se entienden las propuestas de Abelardo de reducir el Estado al 40%, si en las cifras de la OCDE, el grupo de países con las mejores prácticas económicas, somos el país con menos capacidad institucional para responder a las necesidades del país? Es que quieren ser presidentes, pero no viven en el país y de eso se jactan. ¿Allá no pagan impuestos?
En perspectiva es claro que desde la constitución de 1991 se ha consolidado un sistema de apropiación del Estado para el usufructo del sector privado a gran escala. En teoría económica se llama neoliberalismo y así vendieron los bancos y empresas públicas incluidas las de vías, infraestructura y alimentos con el argumento que no eran rentables y hoy vemos como el dominio de estas por los capitales privados, volviendo a los billonarios de Forbes, son sustento de sus fortunas cada día más grandes con rentas que podrían financiar y superar la crisis fiscal que tiene el país.
Y es que si tenemos un ecosistema económico que permite estas mega fortunas con utilidades por encima del 37% ¿ Por qué no se pueden reducir a la mitad? ¿Al 70% al menos? ¿Por qué si la banca que sostenemos todos/as los colombianos/as ha acumulado ganancias por encima de los 18 billones anualmente no puede ganar 10 billones y usar esos otros 8 para salir de la trampa del subdesarrollo y la pobreza?
Claro que se ha gastado más en política social en este gobierno, para eso el pueblo lo eligió. La fortuna que tenemos es que la economía colombiana es sólida y somos una sociedad que espera más oportunidades para su crecimiento. Un crecimiento económico con justicia social y redistributivo que además cuestiona el capitalismo destructor de la vida y ahí hay una esperanza adicional para la humanidad.
