Por: Jorge Andrés Forero-González
El 6 de agosto, la ciudad de Bogotá, celebra 488 años de “fundación” luego de un violento proceso histórico de traición y destrucción de la Confederación Muysca por parte de Gonzalo Jiménez de Quesada quien fue sometido a juicios en España por su responsabilidad en crímenes que Fray Bartolomé de las Casas documentó ampliamente. (Ver Gonzalo Jiménez de Quesada, el exterminador de los Muiscas). Esta parte es importante porque mientras la ciudad año a año hace fiestas y conciertos, la mayoría de los bogotanos y bogotanas ignoran que el pueblo Muysca sigue habitando la ciudad, tienen Cabildos y sus propias autoridades, son protectores de lugares sagrados hoy importantes pulmones de la ciudad como los humedales y la ronda del río Bogotá, así como guardianes de la memoria histórica milenaria más allá de la colonización europea.
En ese sentido, es importante saber que lo que hoy se mal llamó Monserrate por el invasor español, tiene un nombre en lengua propia que lo explica, Tensaka, que lo nombró por miles de años y se podría entender en castellano como “Territorio de la fuerza de los dioses” por parte de los pobladores ancestrales de la hoy capital del país y que la siguen habitando. Monserrate como Colombia son nombres impuestos, pensados desde el extranjero, como por ejemplo en “honor” a la Virgen de Monserrate en España o el nombre de todo un país en “honor” al acusado por miles de pueblos como el genocida de Cristóbal Colón.
Ahora, a 488 años de Bogotá, el tradicional sendero de subida a Tensaka que recibe entre 1.2 a 2 millones de visitantes por año y en días de la Semana Santa, en un solo día de hasta 23 mil personas, está gravemente amenazado. Visitar Monserrate en su sendero y disfrutar de la gastronomía que allí se expone, es encontrarse con la cultura popular de Bogotá, con la Chicha Muysca que sigue siendo parte del patrimonio de la ciudad aún con su persecución histórica, la fritanga, papas chorriadas, caldo de papa y demás comida campesina del altiplano cundiboyacense, con la diversidad de frutas, jugos y colores. Son los vendedores de todo el sendero los que lo hacen una fiesta popular y patrimonio de la ciudad. Es por la belleza y ancestralidad de los cerros pero también claro de la gente que lo habita, que se hace el destino obligado de turistas nacionales e internacionales y aún en el sincretismo del catolicismo de los miles de peregrinos que suben a pagar las promesas y pagamentos, así como lo hacen los Muyscas por miles de años al subir a Tensaka y que hoy se mezclaron con la religión Católica.
Sin embargo, en esas visiones de ciudad, donde lo popular parece no debe ser prioridad, donde los colores de los vendedores ambulantes se ven “feos”, o molestan, el pasado 29 de julio la Alcaldía Mayor de Bogotá decidió sellar 34 negocios familiares de hasta 100 años y de generaciones enteras de pobladores y cuidadores del cerro. Se lee junto a la notificación de sellamiento definitivo que es por orden de la muy cuestionada Coorporación Autónoma Regional de Cundinamarca CAR quien aparentemente realizó un estudio ambiental que determinó el desalojo de estas 34 familias, que se quedaron sin derecho al trabajo, en una ciudad marcada por grandes problemas al respecto y un país que tiene más del 50% de su población económicamente activa en la informalidad.
Este proceso se viene consolidando desde hace 30 años. En ese tiempo y para quienes no lo sabían entre la zona rural del Barrio la Perseverancia y el Cerro de Tensaka habitaban más de 130 familias como familias campesinas en el pleno centro de la ciudad. Antes que conservar la importancia de tener el campo en la ciudad, se decidió desalojarlos, “comprarles a precio de huevo” sus casas, se le ofreció reubicación, que en general fue sacarlos a la periferia de la ciudad. Sin embargo, se pactó con los trabajadores del sendero su derecho al trabajo como prioridad para la garantía de su mínimo vital, tema hoy desconocido.
El domingo pasado, las familias y comerciantes que habitan el cerro desde su labor económica y que viven en la montaña como milenariamente se hizo por el pueblo Muysca y el campesinado en tiempos de la república, se manifestaron decididamente por su derecho al trabajo. Las miles de personas y familias que suben al cerro respaldaron su protesta, dado que entre otros se requieren sus servicios tanto en bienes y servicios como el de los baños públicos. El 5 de agosto volví al cerro y ahora no es posible siquiera contar con un auxilio de los vendedores que se hacían sobre el sendero con bocadillos, agua, hidratantes, frutas y demás. Su infraestructura, hecha artesanalmente dado que la misma CAR no les permite construir con otros tipos de materiales, fue destruida, su “plante”, la base para sustentar sus familias fueron decomisados y rechazan el tratamiento de delincuentes al que han sido sometidos.
Hoy la comunidad denuncia haber sido engañada por la CAR quien en 2025 hizo un estudio de impacto ambiental, que vieron como bienvenido, además porque puede ser mejorables temas como el servicio de baños, sin embargo, esas consideraciones ambientales en este caso, denuncian se ponen al servicio del desalojo de la comunidad para que lleguen grandes operadores comerciales y marcas de gran calado por encima del trabajo digno y honrado de sus familias. En este sentido, se suman a cuestionados licenciamientos de a la CAR como el dado a la multinacional Coca Cola en la Calera (Ver: María del Mar Pizarro celebró la decisión de la CAR sobre el uso del agua por parte de Indega: “Fin a décadas de irregularidades ) que favoreció por décadas el embotellamiento por encima del derecho al acueducto de las comunidades o el de la Laguna Sagrada de Fúquene, donde se permitió por décadas a grandes ganaderos, literalmente verdir tierra y sembrar pasto para el ganado lechero de los terratenientes. (Ver. Análisis de los derechos vulnerados en la Laguna de Fúquene)
Y no es un tema nuevo, también denuncian como el monopolio del servicio de teleférico y el funicular, en propiedad y administrado por la autoridad de la iglesia de Monserrate, persigue a los vendedores que no lo pueden usar para subir sus productos y que hoy oscila ya hasta en 21 mil pesos por trayecto, un servicio de aproximadamente 5 minutos y extremadamente costoso. Tampoco pueden subir gratis adultos mayores a su cerro sagrado tutelar ni hay una exención para el pueblo Muysca que ha habitado la hoy llamada Bogotá por miles de años. Con este sellamiento promovido por la CAR y la Alcaldía de Bogotá, y el desalojo de las 34 familias que tienen sus puestos en el Pueblito de Moserrate y el sendero y otras decenas de familias bogotanas que ponen sus productos al servicio de los peregrinos al cerro está tremendamente amenazado y en riesgo de desaparecer.
Hoy la comunidad del “Pueblito de Monserrate”, los vendedores y comerciantes, los caminantes del sendero, los visitantes nacionales y extranjeros, le pedimos, dado que me incluyo porque cuando estoy en la ciudad soy un deportista frecuente del cerro, al señor Alcalde Galán que restablezca su derecho al trabajo de manera inmediata y además permita un diálogo directo con las 34 familias y la comunidad en general para poder revitalizar la historia ancestral de Tensaka, volver a verlo brillar con su milenaria historia Muysca Chibcha y construir una ciudad que camine segura para la vida.
