Mientras Abelardo de la Espriella promete cadena perpetua para agresores sexuales, las mujeres que denunciaron al pastor Álvaro Gámez, de la iglesia Salem, recuerdan su papel como abogado defensor del líder religioso y cuestionan las estrategias que utilizó para desacreditar sus testimonios. El caso aún no está cerrado: la Corte Suprema de Justicia deberá decidir sobre las denuncias de siete mujeres en medio de una campaña presidencial que, según las víctimas, reabre viejas heridas y plantea interrogantes sobre el compromiso del candidato con las víctimas de violencia sexual.
Por: María Fernanda Padilla Quevedo
Han pasado 13 años desde que Abelardo de la Espriella, como abogado, defendió al pastor Álvaro Gámez. Su defendido fue acusado por más de 23 mujeres y cuatro niñas de haber abusado sexualmente de ellas durante varios años, según registros de la Procuraduría. Hoy, mientras el abogado aspira a la Presidencia de Colombia, varias de las denunciantes rechazan su candidatura y cuestionan el papel que desempeñó en la defensa del líder religioso, a quien señalan de haber utilizado su autoridad espiritual para cometer los abusos dentro del Ministerio Apostólico y Profético Salem, una iglesia cristiana evangélica que aún lidera Gámez en Pasto.
“Aquel abogado se expresó de manera grotesca e irrespetuosa contra las mujeres denunciantes. Cuál fue nuestra nefasta sorpresa al enterarnos de que un sujeto tan carente de empatía con las víctimas de violencia sexual se postulara como candidato presidencial de nuestra amada Colombia. En realidad estamos conmocionadas”, dice una de las mujeres que denunció a Gámez y que pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias del hoy candidato y de integrantes de su antigua congregación.
Las víctimas consultadas por RAYA aseguran que De la Espriella no se limitó a ejercer la defensa jurídica de Gámez, sino que apeló a la estigmatización y la revictimización de las denunciantes para desacreditar sus testimonios. Durante el juicio, el abogado cuestionó la credibilidad de una denunciante a partir de la forma en que reaccionó después de los hechos, reproduciendo estereotipos sobre el comportamiento esperado de las víctimas de violencia sexual.
“La actitud tomada por ella, luego de ser supuestamente abusada por primera vez, no es la más lógica, porque según ella salió a tomar café (…) Esa mujer probablemente no habría tenido ánimos para irse a tomar un café. Lo más probable es que se hubiese encerrado en su casa, a llorar la depresión o que hubiese asistido a las autoridades como el derecho corresponde. Pero no lo hizo, se fue a tomar un café”, afirmó entonces el abogado. “Que estas mujeres sean unas trepadoras no es un problema de derecho”, agregó.
De la Espriella durante la audiencia de alegatos del pastor Álvaro Gámez en 2015.
Para las denunciantes, declaraciones como estas fueron parte de una estrategia orientada a desacreditar sus testimonios ante la opinión pública y los jueces. A su juicio, esa defensa contribuyó al resultado judicial que favoreció al pastor. Gámez siempre ha negado las acusaciones.
Álvaro Javier Gámez Torres fue absuelto por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Pasto de los delitos de acto sexual y acceso carnal con persona puesta en incapacidad de resistir, el 10 de octubre de 2015. Dos años antes, en 2013, había sido capturado en Honduras, donde permaneció prófugo de la justicia durante cinco meses. Tras su captura fue trasladado a Colombia y compareció ante los estrados judiciales acompañado por su abogado, Abelardo de la Espriella.
Desde entonces, el expediente ha tenido distintos desenlaces judiciales. Por un lado, una sentencia penal absolvió al pastor de los cargos relacionados con los abusos denunciados por dos mujeres de su congregación. Por otra parte, una decisión en la jurisdicción civil lo condenó a indemnizar a una mujer que lo acusó de haber abusado de ella cuando era menor de edad dentro de la iglesia.

Parte de las conclusiones del fallo civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto.
Sin embargo, el caso aún no está cerrado. La Corte Suprema de Justicia tiene pendiente resolver otro proceso que reúne los testimonios de siete mujeres de las 23 denunciantes y que, según las víctimas, sí está siendo analizado con enfoque de género. En ese expediente, las mujeres sostienen que Gámez se aprovechó de su condición de guía espiritual y de la influencia que ejercía sobre ellas para cometer los abusos.
Precisamente, por ese proceso aún abierto y por el papel que desempeñó De la Espriella en la defensa del pastor, las víctimas consideran que su candidatura presidencial reabre preguntas sobre su actuación frente a mujeres que denunciaban violencia sexual y las garantías que un futuro gobierno suyo podría brindar hacia las víctimas de este tipo de violencia. Para ellas, las banderas de "ley, orden y valores tradicionales" chocan con la actuación del abogado y la dignidad de las mujeres que intentó desacreditar.
Las preguntas que aún deja el caso Gámez
Miguel Ángel Estévez, doctor en Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y quien ha seguido durante nueve años el caso acompañando a las víctimas, explica que el Tribunal Superior de Pasto reconoció en la sentencia absolutoria que la falencia en el caso fueron las pruebas de los peritos oficiales y complementarios, y no la veracidad de los testimonios de las víctimas. En algunos casos utilizaron formularios que no eran los requeridos para el abordaje de las víctimas ni de los estudios psicológicos e, incluso, la primera perito no acreditó tener la formación como psicóloga para llevar a cabo los análisis.
“Las gravísimas falencias del Estado colombiano en cuanto a la recolección, tratamiento y custodia para las pruebas de casos de violencia sexual. Estas falencias no solo revictimizan y lastiman profundamente a las víctimas, sino que perpetúan el ciclo de impunidad a favor de los violentos abusadores”, dice una de las víctimas de Gámez.

Fragmento de la sentencia de absolución de 2023 del Tribunal Superior de Pasto.
Al respecto, Estévez advierte que: “El actual candidato a la presidencia de Colombia actuó como artífice principal de la segunda vez que estas mujeres fueron vulneradas en sus más fundamentales derechos. La manipulación psicológica de Gámez les negó primero su libertad sexual, y la manipulación judicial de De La Espriella les negó después su derecho de justicia”.
Una investigadora del CTI de la Fiscalía, cuyo testimonio conoció el programa Señal Investigativa, le dijo a un juez civil que las mujeres que ella entrevistó le confesaron que “los encuentros sexuales se manejaron dentro de un contexto religioso (…), jamás hubo alguna manifestación por parte de las demás mujeres de algún tipo de relación amorosa o el más mínimo esbozo de gusto como hombre hacia el señor Álvaro Gámez, por el contrario, siempre hablaron (…) de sentirse mal; de asco, dolor físico y emocional o psicológico”.
Otro testimonio de un testigo, recogido por el canal Univisión, explicó a la justicia cómo perciben al pastor en la congregación y el nivel de influencia que aún ejerce sobre sus fieles. “Me asusté mucho porque esa noche, él lo hizo (sexo) con todas las niñas que estaban alli, a las que se llaman concubinas, que ya han tenido relaciones sexuales con él”, dijo.
La autoridad espiritual en el centro del caso
La Fiscalía no logró demostrar ante los jueces que las denunciantes se encontraban en una situación de incapacidad de resistir, figura penal bajo la cual se investigó el caso. Es decir, cuando la víctima se encuentra en un estado de vulnerabilidad física o psicológica que le impide oponerse o defenderse frente al abuso. Sin embargo, Estévez insiste en que se desconoció la persuasión coercitiva a la que habrían sido sometidas. El pastor Gámez les habría hecho creer que debían participar en rituales en la lucha espiritual contra el diablo. Además, no se tuvo totalmente en cuenta la representación de Álvaro Gámez para su congregación.
Salem es una iglesia cristiana evangélica de la corriente religiosa que cree que, además de los pastores, todavía existen apóstoles y profetas con una autoridad espiritual especial para dirigir y orientar a los fieles. En Colombia existen varias sedes, según las redes sociales de la congregación: están ubicados en Bogotá, Manizales, Yumbo, Cali, Barranquilla, Santa Marta, Popayán, y la principal está en Pasto, que aún hoy es conducida por el pastor Gámez.
Para los fieles, Gámez no era un pastor más. Las víctimas lo describen como la máxima autoridad espiritual de la iglesia, un hombre presentado como ungido por Dios y cuyas orientaciones difícilmente podían ser cuestionadas. Las denunciantes, en su mayoría, llegaron a Salem siendo menores de edad abusadas, provenían de entornos vulnerables y encontraron un espacio de apoyo y reconocimiento. Con el paso de los años, aseguran, el pastor se convirtió en una de las figuras de mayor influencia en sus vidas. En ese sentido, realizaba la “ministración especial”.
Miguel Ángel Estévez, psicólogo que ha acompañado a las víctimas durante nueve años, sostiene que Gámez construyó un sistema de persuasión en el que los actos sexuales de la ministración eran presentados como sacrificios necesarios para alcanzar propósitos religiosos superiores. Según esta interpretación, el pastor les hacía creer que esas prácticas podrían facilitar la recepción de dones divinos, una mayor cercanía con Dios y el acceso a privilegios espirituales dentro de la congregación.
“Dejé de creer en el infierno porque viví en el infierno”, dice una de las víctimas del pastor Gámez al recordar sus años en Salem y los abusos del pastor.
La contradicción que persigue a De la Espriella
La actual campaña presidencial ha devuelto el expediente del pastor Álvaro Gámez y la participación de su abogado, el candidato presidencial Abelardo De la Espriella, al centro del debate nacional debido a una profunda contradicción. En sus discursos, el defensor ha prometido mano dura contra abusadores y violadores: "Cuando los seres humanos traspasan ciertas barreras, dejan de ser personas para convertirse en monstruos y hay que tratarlos como tal (...). En mi gobierno vamos a promover la cadena perpetua para abusadores y violadores".
Sin embargo, esa bandera política convive con la estrategia jurídica que las víctimas del pastor Álvaro Gámez se niegan a olvidar y que llevó a que un líder religioso, acusado por decenas de mujeres y niñas de haber abusado sexualmente de ellas, siga libre.
Pero el caso aún no está cerrado. La Corte Suprema de Justicia tiene pendiente definir otro proceso al que sí le están aplicando el enfoque de género, como han pedido las víctimas, y que reúne los testimonios de siete mujeres de las 23 que aseguran que el pastor se aprovechó de su posición de guía espiritual, y de la influencia que ejercía sobre ellas, para abusarlas sexualmente. Por su parte, Gámez niega que exista este proceso ante el alto tribunal, como dijo a Señal Investigativa cuando se le preguntó sobre el caso.

Registro en base de datos de la Corte Suprema de Justicia sobre el caso Gámez.
Mientras la Corte Suprema de Justicia define la suerte de ese último expediente, De la Espriella convirtió su contradicción en bandera de campaña: promete mano dura contra violadores a pesar de la estrategia de estigmatización que ha hecho contra las mujeres que denunciaron violencia sexual. En tanto, el pastor Álvaro Gámez continúa libre predicando la palabra en la sede de Salem y las redes sociales de la congregación. Sus denunciantes siguen confinadas al anonimato, viviendo con miedo a las represalias y al hostigamiento social, pero con la dignidad intacta para seguir exigiendo que se revisen las sentencias que lo favorecieron y evitar que otras vivan algo similar.
Trece años después de que comenzaron las denuncias, aseguran que su mayor expectativa no es una condena mediática ni una disputa electoral. “Aún hoy seguimos esperando que la Corte Suprema de Justicia decida sobre el caso abierto y estudie los recursos de casación que interpusimos las sobrevivientes. Solo queremos traer paz, justicia y reputación a las muchas mujeres que fuimos afectadas, y sentar un importante precedente para que ninguna otra experimente esta dolorosa experiencia”, dice una de las víctimas desde el anonimato.
