Este mes se lanzó en Bogotá el libro “Memorias cruzadas” de los periodistas Daniel Samper Pizano y Enrique Santos, en el que narran anécdotas y experiencias de su ejercicio periodístico a la sombra de sus hermanos presidentes. Un diálogo sobre periodismo y poder. En su página 54 se puede leer una anécdota sobre el expresidente de Colombia y fundador del diario El Tiempo, Eduardo Santos, narrada por Samper, en la que afirma: “Los hombres de negocios no pueden ser dueños de periódicos".
La revelación de la Revista RAYA y Señal Colombia sobre la existencia del Proyecto Júpiter, una estrategia del estratega y excanciller del expresidente Álvaro Uribe, Jaime Bermúdez, para exacerbar el miedo, la indignación y la incertidumbre de cara a las elecciones del próximo 31 de mayo, ha suscitado un debate necesario en un país donde los apellidos y la apariencia pesan por encima de la realidad. Hablamos de la revelación que indica, según el excanciller Jaime Bermúdez, que existe algún tipo de vínculo entre Júpiter y La Silla Vacía. Y además, que se está “intoxicando” a millones de colombianos con contenidos cargados de miedo.
La investigación ha suscitado diversos comentarios, como también todo tipo de señalamientos infundados que golpean la libertad de expresión de los periodistas de la Revista RAYA y Señal Colombia, pero lo respondemos con hechos, documentos y transparencia. A pesar de esos ataques, hoy nadie puede negar la existencia de Júpiter, ni tampoco que Bermúdez es su cerebro. Un cerebro nada ajeno a las técnicas de manipulación de la opinión pública, como lo han develado los pocos apartes que se conocen públicamente de su tesis doctoral en Oxford.
Bermúdez es el cerebro de Júpiter en método, objetivos y aliados, y le ha dado un carácter secreto al mismo, incluso, ha dicho que no existe porque quienes son su público objetivo no deberían saber de su existencia (esta noche podrán escucharlo en Señal Investigativa de la propia voz de Bermúdez). Su objetivo es uno y lo ha dicho claramente: recuperar el control del país para los grandes empresarios. O, sino, juzguen ustedes por qué el ropaje del estratega son los puestos que ha ocupado en las juntas directivas de las principales empresas del país: Carvajal, Tecnoquimicas, Sura, Constructora Amarilo, incluso, el Consejo Superior de la Universidad de los Andes, donde actualmente ocupa una silla.
Ese mismo ropaje le ha permitido esta semana pasar casi de agache frente a las preguntas que debería hacerle el periodismo colombiano en su conjunto y la sociedad demócrata: ¿por qué dice que Júpiter no existe? ¿Cuál es el público objetivo al que ha llegado su contenido cargado de miedo? ¿Qué campaña es la beneficiada de su estrategia, y que está financiada por los grandes cacaos o empresarios de este país? Pero no, esas preguntas no han sido las importantes, lo determinante ha sido nuevamente atacar a RAYA y cuestionar de manera sesgada un convenio transparente que tiene con el Sistema de Medios Públicos (RTVC), pero eso ya se sabe hasta el cansancio, porque parece que esas preguntas solo se formulan cuando se trata de RAYA. ¿Quién financia a RAYA?, preguntaba hace algunos meses una periodista de Blu Radio. A nosotros nos preguntan y respondemos con claridad, porque no tenemos un emporio que esconder. Con otros medios, esas preguntas rara vez se formulan con la misma intensidad, aunque detrás están los hombres más ricos del país.
Se equivocan quienes pretenden deslegitimar nuestro trabajo por cuenta de señalar que “recibimos recursos del gobierno” o que RTVC es nuestro único financiador. Esa afirmación engañosa suele pasar por alto que el convenio suscrito con Señal Colombia está, en su totalidad, destinado a la producción periodística y televisiva de Señal Investigativa, no a financiar la revista en su conjunto. Así que es lejano de la realidad afirmar que el gobierno “sostiene” a RAYA. Nuestra modesta financiación es clara, transparente, pública y debidamente informada a la audiencia.
Reivindicamos poder hacer periodismo en el Sistema de Medios Públicos, con recursos públicos, para desarrollar temas de interés público. Estamos abiertos al debate sobre la financiación de medios, en el que discutamos la financiación de todos, venga de donde venga, incluso, si el dinero viene de empresarios donantes que se presentan como independientes y que hoy están en la contienda electoral. ¿Ese dinero solamente es limpio? ¿Solo el dinero de un empresario exalcalde puede financiar medios? ¿Solo el dinero del exalcalde empresario o el del exministro de Defensa, Gabriel Silva, aportado a Cambio, puede financiar el periodismo? ¿O solo el de otros estados o el del capital finaciero y empesarial? ¿Ese es el único periodismo independiente que vale y que está facultado para expresarse? ¿Por qué ninguna pregunta para Bermúdez, que no es un actor ingenuo como lo quieren presentar?
Según Bermúdez, su estrategia de exacerbar el miedo, la indignación y la incertidumbre ha llegado a 17 millones de colombianos que recibieron contenidos a través de sus celulares: gente del común: nuestros padres, nuestras madres, nuestros vecinos, incluso sus hijos, que desafortunadamente no cuentan con la información suficiente para contrarrestar este tipo de acciones manipuladoras. Algunos de ellos podrán confundir este tipo de desinformación con “promoción de la democracia”, pero detrás está la mente de un estratega, y hoy es el de Uribe, eso es innegable.
En la campaña del plebiscito por la paz nadie lo advirtió con antelación y ganó el NO al Acuerdo de Paz con las Farc. Tan solo horas después del triunfo por la extrema derecha de Uribe, se conoció que la manipulación de la opinión pública había sido evidente. Meses después, el Consejo de Estado lo confirmó: la campaña por el NO sometió a Colombia a “violencia psicológica”. Estos temas le pueden parecer baladíes a algunos críticos de oficio, de poca monta a otros que opinan por hobby. Para nosotros, este fenómeno de manipulación masiva, que intoxica las conciencias como forma de violencia psicológica, agrede al conjunto de la ciudadanía, merece ser expuesto a los ciudadanos para su conocimiento y prevención.
Pero eso no les interesa y sobre eso no debaten. En el gremio periodístico es plenamente conocido el habitual ejercicio de varios presidentes de la República, al menos hasta 2022, de citar a los directores de los medios de comunicación a reuniones en la Casa de Nariño, en determinados momentos de crisis. A estas citas, salvo pocas excepciones, asistían los directores de los principales medios, en el mejor caso, a conversar sobre temas estratégicos de país, y cuando no, a definir línea editorial con el Ejecutivo. Desconocemos si esta práctica se ha mantenido desde agosto de 2022, pero de nuestra parte podemos garantizar a nuestra audiencia que no hemos recibido jamás invitación de Casa de Nariño ni de ninguna oficina institucional, a discutir tema alguno. Difícilmente nos puedan dar lecciones éticas, en forma de editoriales, quienes naturalizaron esta práctica sin el más mínimo sentido autocrítico.
Finalmente, Revista RAYA sigue invitando al debate abierto y sincero a La Silla Vacía, un medio de comunicación que ha solicitado un espacio dentro de nuestro programa Señal Investigativa y el que fue programado para el pasado sábado. No obstante, la directora Juanita León informó que declinaba la invitación porque exigía un espacio autónomo y sin las preguntas de los periodistas de esta revista y del sistema de medios públicos. Rechazamos su veto. Los periodistas de RAYA también gozamos del derecho a la libertad, sobre todo a la de expresarnos libremente como nos lo permiten en Señal Colombia actualmente.
A pesar de los señalamientos y los ataques infundados estamos dispuestos a defender nuestro nombre, nuestro trabajo, así como la dignidad de cada uno de los colegas que integramos este proyecto comunicativo y periodístico, que con gran esfuerzo, riesgo e integridad ejercemos día a día. Narrar la otra Colombia no es fácil, implica ser señalado más por sesgo de clase que por realidad.
Por último, en los próximos días, acompañados de organizaciones defensoras de derechos humanos nacionales y extranjeras, anunciaremos las acciones que seguiremos en defensa de nuestro derecho a ejercer el periodismo y ejercer la libertad de prensa, que no es patrimonio de unos pocos.
Adenda: Expresamos nuestra solidaridad con los cientos de periodistas del Sistema de Medios Públicos y con los centenares de técnicos y equipos de producción que todos los días se esfuerzan en narrar esa Colombia negada desde el poder hegemónico. Una parrilla de calidad en radio y televisión, generalmente invisibilizada, pero reconocida por la audiencia y recientemente galardonada, merece nuestro reconocimiento. Somos testigos de sus esfuerzos y de los efectos que la injusta y desproporcionada estigmatización les causa, pero también de la voluntad con la que ellas y ellos siguen adelante.
