Ganadora del Premio Goldman 2026, Yuvelis Morales lleva más de una década oponiéndose al fracking en Puerto Wilches, en el Magdalena Medio. En esta entrevista con RAYA, la lideresa ambiental habla de la defensa del agua, de las amenazas, el desplazamiento y el exilio que enfrentó por su activismo, y de las alternativas que hoy plantean las comunidades frente a un modelo fósil que sigue marcando la región.
Por: María Fernanda Padilla Quevedo
El fracking ha regresado al centro del debate presidencial en Colombia. Mientras los candidatos hablan de implementar esta polémica técnica para extraer petróleo y gas, la lideresa Yuvelis Morales acaba de ganar el Premio Goldman tras más de una década de oponerse a esa práctica en el país. Este reconocimiento es uno de los más importantes del mundo para liderazgos ambientales.
Yuvelis Morales cuenta que su lucha no solo es anti fracking, es sobre todo por la defensa del agua. Nació en Puerto Wilches, un municipio de pescadores artesanales del valle medio del río Magdalena, donde el agua ha sido el elemento fundamental de la vida. En esa defensa del territorio ha enfrentado amenazas, desplazamiento y exilio.
Sin embargo, su región es de contrastes. Mientras el agua y la biodiversidad llenan el paisaje y desde hace 100 años se explotan hidrocarburos de su suelo, la población ha vivido altos índices de violencia y pobreza.
“Rechazamos el desarrollo que viene de destruir la naturaleza, secar ríos y talar los bosques. El que asegura que las comunidades deben entregar los suelos porque no les pertenece lo que hay bajo ellos; que el agua y la vida no son derechos humanos cuando una multinacional llega a explotar las entrañas de la tierra, convirtiendo en llanura la montaña y en un hoyo profundo lo que fue suelo sagrado”, dijo Morales durante la ceremonia.
RAYA habló con Yuvelis Morales, en el marco de la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, sobre su historia de liderazgo, las propuestas políticas alrededor del fracking y el modelo de desarrollo que proponen las comunidades para una transición energética justa.
RAYA: ¿Qué mensaje le da el premio Goldman este año a quienes hoy enarbolan las banderas del fracking en Colombia?
Yuvelis Morales: Nos estamos devolviendo un poco al 2020 en materia de la calidad del argumento que tienen las personas que quieren que se haga fracking en el país. Es una irresponsabilidad absoluta hablar de fracking y decir “vamos a sacar hasta la última gota de petróleo que nos quede”. Nunca se detienen a pensar lo que esta discusión significa para los territorios y quienes defendemos la vida y el agua. Este premio es la reafirmación de que el camino no es el fracking.
También pone en el ojo del huracán hacia dónde se está legislando en Colombia. El premio le está diciendo al mundo que tenemos que hablar de esto y la decisión debe ser buscar la prohibición del fracking. Además, llega en la Conferencia internacional para un futuro más allá de los combustibles fósiles y eso también nos dice mucho del futuro que tiene que tomar el país.
El fracking no es un tema para tomar a la ligera. Nosotros llevamos diez años hablando con las comunidades, yendo a los territorios, siendo testigos de la contaminación por derrames de hidrocarburos; hemos hecho un proyecto de ley, hacemos análisis, recopilamos información, nos apoyamos en de expertos en salud y hablamos con gente que ha vivido el fracking. Hemos buscado hasta análisis financieros y económicos del fracking en la Cuenca Pérmica. Producimos información en inglés y español. Todo esto porque no es un tema ligero.
RAYA: ¿Cuándo fue la primera vez que escuchó hablar de fracking?
Yuvelis Morales: Me enteré por una noticia que decía que se iba a hacer fracking en Puerto Wilches. Cuando busqué en internet, recuerdo que una de las primeras imágenes que me aparecieron fueron los desastres ambientales de Texas en Estados Unidos. En Colombia, la discusión se centraba en hablar de economía, estadísticas, la operación, pero cuando uno buscaba sobre las comunidades donde se estaba haciendo, aparecían desastres ambientales, fugas, contaminación, derrames, emisiones, lodos. No entendía cómo el nivel de discusión era tan bajo y las implicaciones tan fuertes.
Tenía 18 años y entre la gente había expectativa. No nos estaban preguntando si estábamos de acuerdo, solo nos estaban avisando. Estaba iniciando mis primeros semestres de Ingeniería ambiental y Tecnología ambiental y veía con horror que siempre se había decidido por nosotras y nosotros, quienes luego padecemos las consecuencias de la extracción de hidrocarburos.
RAYA: ¿Cuáles han sido esas consecuencias?
Yuvelis Morales: La extracción no es solo la extracción, implica desplazamiento, transformación de la vocación agrícola, el acceso al agua como un elemento transaccional, la afectación de la dignidad de las comunidades, su subsistencia y la transgresión de los derechos humanos. Me parece realmente complejo que la gente habla con ligereza cuando se menciona el fracking en la actualidad, pero no me sorprende porque en ese momento era igual o peor.
El Magdalena Medio es una región bastante violenta con quienes deciden ejercer un liderazgo social y ambiental, y no discriminan entre mujeres, niños, jóvenes, defensores de derechos humanos y ambientalistas. Esta región le ha entregado por más de un siglo energía a Colombia y, sin embargo, sigue siendo una de las regiones más empobrecidas.
RAYA: ¿A qué se refiere al decir que en su territorio el agua se volvió un elemento transaccional?
Yuvelis Morales: En Barrancabermeja tenemos la refinería de Ecopetrol, la más importante de Colombia. Está ubicada en la margen derecha del río Magdalena, imponente, diciendo que puede hacer con el río lo que le plazca. Además, el agua es uno de los recursos que necesita la industria de hidrocarburos para su operación. Hemos visto cómo las empresas utilizan el agua a su conveniencia y alejan a las comunidades de esta, sin que nadie les pueda decir nada.
Las comunidades de pescadores y rurales sufren con bastante frecuencia lo que Ecopetrol llama un “evento operacional”, que no es más que un derrame de hidrocarburos no controlado, una filtración al agua. Vemos cómo las comunidades abren la llave y sale petróleo, agua manchada, agua contaminada, que no se puede tomar, ni utilizar para cocinar, menos para bañarse. El agua parece convertirse en un elemento transaccional y no en un derecho digno.
RAYA: Con la noticia del fracking, ¿cuál fue la postura del resto de la gente en Puerto Wilches?
Yuvelis Morales: Todo el mundo lo hablaba —aún hoy— sin comprender realmente qué es y por qué nosotros fuimos elegidos para hacer fracking. Era injusto lo que nos estaba pasando porque el gobierno jamás nos preguntó. El tema se había convertido en un tabú, nadie lo quería hablar bien porque a la gente le daba miedo hablar contra la industria. Ya hablando entre más gente, comenzamos a generar un movimiento en el territorio, donde teníamos a nuestros papás, nuestros vecinos y abuelos. Fue una digna rabia que me movió y nos movió.
Uno no es un doctor experto, pero siempre ha vivido en su comunidad y sabe cómo vive. Aunque se ha escrito mucho del Magdalena Medio y de la industria de hidrocarburos, uno es quien sabe qué implica vivir en un territorio que todos los días está siendo sacrificado.
RAYA: ¿Por qué Puerto Wilches fue escogido en ese momento?
Yuvelis Morales: En el Magdalena Medio somos muy ricos, no en vano afloraba el hidrocarburo hace un siglo. Tenemos la historia de haber sido y de todavía ser una región en la que se están explotando hidrocarburos, aunque hay otros lugares donde se extraen en este momento: Barrancabermeja, Puerto Wilches, Cantagallo y San Pablo, en el sur de Bolívar.
Pero los hidrocarburos no son sólo la presencia física de los campos como la refinería, los oleoductos, sino la identidad. Hay mucha gente que se identifica como la ‘gente del petróleo’. Nosotros nos identificamos como pescadores, otros como afrocolombianos, pero hay mucha gente a quien la industria le cambió su identidad y eso es importante reconocerlo, porque eso hace parte de las discusiones sobre transición energética.
RAYA: En cuanto a la cultura, ¿qué ha significado esa presencia histórica del petróleo para las comunidades del territorio?
Yuvelis Morales: Puerto Wilches es un lugar en el que hay grandes historias de cómo se movilizaba la gente en los campos, de cómo tenían que pelear con los grupos armados, de cómo tenían que negociar con los mismos, de cómo la industria llegó y construyó una casa el colegio y el parque. Sin embargo, detrás de las paredes también estaba la industria contaminando, generando o no controlando derrames, hablando de planes de mitigación, desconociendo las mismas comunidades.
La industria siempre nos plantea una transparencia bastante absurda. Muestran unas fotos bonitas de cómo ha sido la historia del petróleo en la región y luego vas a la comunidad y te dicen cómo han intentado contener derrames de petróleo sin tener las herramientas para hacerlo. Hoy la juventud, las niñeces y las mujeres quieren escribir su propia historia sin la industria de hidrocarburos.
RAYA: Cuando se hicieron los pilotos de fracking, ¿cómo se vivió en el territorio esa irrupción?
Yuvelis Morales: Es importante mencionar que había tanto miedo y rechazo a la implementación del fracking en la comunidad, que le cambiaron el nombre y le pusieron proyectos piloto de investigación integral. El gobierno en ese momento creó un comité de expertos académicos que daban recomendaciones de cómo sí debería ser el fracking, entonces dijeron que antes había que investigar. Darle el poder a la ciencia.
Cuando nosotros nos enteramos de que eso seguía siendo fracking, me acuerdo mucho que había varios murales y la gente reclamaba: "No se investiga con la vida de la gente, no se puede anteponer nada frente a la vida de las comunidades, como todo. Nos enojaba que nos creyeran tontos. ¿Cómo así que van a investigar con nosotros después de un siglo de extraer hidrocarburos en esta región?
Pensábamos que es absolutamente injusto que estuvieran hablando de experimentar con la gente, con los territorios, con el agua, mientras esta región, que le ha dado energía por más de un siglo al país, sigue teniendo índices altos de pobreza y contaminación. La gente tomó los pilotos como una amenaza: si la academia está certificando que se experimente con la vida, para quién está investigando la academia que justifica que se siga masacrando a costa de proyectos para empresas extractivistas.
RAYA: Su liderazgo contra el fracking se dio en un contexto de violencia que terminó llevándola al exilio. ¿Qué tipo de violencias y amenazas vivieron en ese momento?
Yuvelis Morales: En ese momento era una joven de Puerto Wilches, de una familia pescadora, vecina de todo el mundo, amiga de la gente e hija de mi mamá. Pero empecé a luchar contra el fracking y comencé a ser estigmatizada y señalada públicamente. Me apartaban de los espacios porque sino era guerrillera, era paramilitar o estaba haciendo algo ilegal pero siempre había una justificación para decir que me estaban pasando las amenazas por algo.
Estábamos oponiéndonos a un proyecto que suponía unas ganancias enormes. Íbamos a ser como la Dubai santandereana del Magdalena Medio. Entonces era la persona que estaba evitando que esa riqueza entrara al municipio. Eso nos puso en el centro de la discusión y empezaron las amenazas, los amedrentamientos, la estigmatización, el señalamiento puntual, el desplazamiento y luego el exilio. Al mismo tiempo pasó que se estaba demostrando que la industria habría estado vinculada con grupos armados en la región. Entonces, éramos muy chiquitos, muy jóvenes, sin un peso en los bolsillos pero peleando contra todo un modelo extractivista.
RAYA: ¿Cómo fue ese proceso de exilio por oponerse al fracking y defender su territorio?
Yuvelis Morales: Eso que me pasó, lastimosamente, es un modelo de persecución en Colombia. Los liderazgos sociales y ambientales se ven inmersos la mayoría del tiempo en este tipo de transgresiones a derechos humanos. Muchos se tienen que ir permanentemente de su territorio y no pueden regresar, a muchos les cuesta años volver, otros pierden la vida. Yo terminé en Francia en una situación bastante compleja.
Mientras la Agencia Nacional de Licencias Ambientales estaba dando la licencia al piloto Kale, en reuniones de dudosa procedencia y en medio de denuncias de derechos humanos, en Francia me preguntaba cómo es que defender la vida en Colombia te puede costar la propia. Tenía 21 años, estaba en un país y con un idioma que no conocía, con un frío que jamás había vivido y lo recuerdo como una estación en la que todo estaba muerto. Pero en Colombia se seguía hablando del fracking como la solución a todos nuestros problemas.
RAYA: ¿Por qué decidió volver a Colombia pese a ese riesgo?
Yuvelis Morales: Volví porque hago parte de una comunidad que jamás se ha rendido. Volví a sufrir amenazas directas y a sufrir desplazamiento. Mi historia es la de muchos jóvenes y líderes sociales, ambientales, mujeres y campesinos en Colombia. Por eso le hago un llamado directo al Estado colombiano para que garantice nuestros derechos a una vida digna y a la permanencia territorial. No es posible que estemos hablando de transición energética justa y territorial y se esté amenazando, asesinando y masacrando a los liderazgos en los territorios.
RAYA: En regiones como el Magdalena Medio, donde muchas familias dependen de la industria de hidrocarburos, ¿qué otras alternativas de desarrollo y de trabajo podrían tener?
Yuvelis Mora: Con los sindicatos hemos hablado del derecho al trabajo y de una economía post fósil. Hicimos una mesa territorial en el Magdalena Medio rumbo a esta conferencia en la que se incluían a Ecopetrol, mineros, sindicatos, profesores, trabajadores de la industria, la juventud, mejor dicho… Todo el mundo hablaba de la necesidad de reiniciar la vocación agrícola.
Si bien en Barrancabermeja está la refinería de hidrocarburos, toda la población del Magdalena Medio no trabaja del petróleo. Están los pescadores, los agricultores, quienes trabajan en piscicultura, quienes están trabajando con otras formas de hacer energía, incluso quienes están apuntándole a la empleabilidad en el sector de energías alternativas. Pero también estar arraigados en este territorio nos hace pensar en que si es posible un mundo más allá de la industria fósil y esta región lo está pidiendo.
RAYA: ¿Qué modelo económico de desarrollo debería implementarse?
Yuvelis Morales: Hace como 10 años nos están diciendo que el petróleo en Colombia se va a acabar y, cuando faltan 8 años, quedan otros 8 años y así. Pero el mundo nos está enseñando que necesitamos la transformación social con el agro como pilar fundamental, necesitamos hacer una transición energética justa, en la que se privilegie el consumo y en la que nosotros y nosotras seamos conscientes de la utilización de la energía.
Nosotros vamos a heredar este mundo y es necesario que los presidentes y las naciones, nos den la posibilidad de vivir en un ambiente sano, de tener un presente seguro y dejar el pasado atrás.
RAYA: ¿Qué espera de manera concreta del nuevo gobierno en términos de políticas?
Yuvelis Morales: Siempre he dicho que nosotros vamos y estamos del lado de quien legisle por la vida, de quien hable a favor de la vida. Quien hable a favor de la vida tiene que cumplir el mandato territorial, de paz y de protección de la naturaleza, los ríos y los medios de subsistencia. El nuevo gobierno tiene que apuntarle a la transición energética justa y territorial, que vea el trabajo de las comunidades, que las escuche y que haga posible para que en Colombia no se reviva el fracking, como primera medida, para la protección de la vida, sabiendo que es el inicio de mucho y también el final de todo.
RAYA: ¿Qué sería esa transición energética justa?
Yuvelis Morales: La transición energética justa tiene que ser con las comunidades, tiene que ser territorial, tiene que ser justa y tenemos que encontrar la paz o si no no sería justa.
