El centro de datos más grande de Colombia se construye en Tenjo, un municipio agrícola de Cundinamarca: su demanda eléctrica equivaldrá al consumo de cerca de 100.000 hogares. Llega justo cuando el país vuelve a mirar con nervios el fenómeno de El Niño y Bogotá todavía recuerda el año que pasó racionando agua. Un informe reciente de la Universidad de la ONU advierte que, sin regulación, la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial puede volverse una carga ambiental desigual: pesada para los países que la alojan, liviana para los que se benefician de ella.
Por: Juan Sebastián Lozano
En el municipio de Tenjo, a menos de una hora de Bogotá, la empresa brasileña oData construye el campus DC BG03: 120 megavatios (MW) de capacidad, el mayor centro de datos del país, dentro de una inversión de 1.300 millones de dólares que también incluye un segundo campus de 24 MW en Mosquera. Juntos sumarán 144 MW de capacidad crítica —la cifra de 100.000 hogares la calculó un reportaje de Cerosetenta— y las primeras fases entrarían en operación en lo que queda de este año. La empresa matriz de oData pasó este año a manos de un consorcio en el que BlackRock, Microsoft y Nvidia son socios centrales. El proyecto avanza sin que exista en Colombia ninguna ley, decreto o política pública que le ponga reglas ambientales específicas a esta industria.
Un centro de datos es una bodega llena de miles de computadores conectados entre sí que almacenan y procesan la información que corre por internet. Las tecnológicas los necesitan: ahí vive su negocio, y su tamaño se disparó por una razón puntual: la inteligencia artificial. Entrenar y hacer funcionar modelos de IA exige más capacidad de cómputo —y, por tanto, más electricidad y más agua o aire para enfriarlos. Ese apetito explica por qué un municipio agrícola como Tenjo terminó en el mapa de las tecnológicas.
El costo global que la ONU ya calculó
El caso de Tenjo es apenas la punta de un problema mayor. Un informe de junio del instituto de la ONU para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH) calculó que, para 2030, los centros de datos de IA consumirán 945 teravatios-hora al año en el mundo —casi el triple de lo que hoy consumen juntos Pakistán, Bangladesh y Nigeria—, y que su huella hídrica equivaldrá a las necesidades básicas de agua de 1.300 millones de habitantes de África subsahariana. Su ocupación de suelo superará los 14.500 kilómetros cuadrados, el doble del área de Yakarta. Solo en 2025, esos centros consumieron 448 teravatios-hora: si fueran un país, serían el undécimo mayor consumidor eléctrico del planeta.
"Este informe no es un manifiesto en contra de la inteligencia artificial", aclaró el profesor Kaveh Madani, director de UNU-INWEH. "Es un llamamiento a usarla de forma responsable y a abordar sus impactos no deseados de manera proactiva". El informe mide tres costos —carbono, agua y suelo— y su hallazgo central: resolver uno puede empeorar otro. Por ejemplo: cambiar de carbón a bioenergía reduce las emisiones, pero puede multiplicar por treinta el consumo de agua. Es decir, un data center puede ser "limpio" en materia de clima y, aun así, muy sediento.
Hay, además, una cifra que le da un ángulo incómodo al boom de inversión que celebran los gremios colombianos: solo 32 países del mundo albergan centros de datos especializados en IA, y el 90% de esa capacidad se concentra en apenas dos; más de 150 naciones no tienen acceso a cómputo soberano de IA. El informe enmarca esto como una cuestión de justicia ambiental: los países que quedan por fuera de esa infraestructura son, muchas veces, los mismos que ponen los minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras, níquel) y reciben los residuos electrónicos que la sostienen, mientras los beneficios estratégicos —el crecimiento económico y el poder tecnológico de controlar la infraestructura de IA— se concentran en el puñado de países que sí la alojan. "El sistema global que está construyendo la inteligencia artificial también debe gobernarla de manera sostenible y justa", resume el rector de la Universidad de la ONU, Tshilidzi Marwala.
Tener un centro de datos en el territorio, sin embargo, no es lo mismo que tener esa soberanía. Un estudio de la Universidad de Oxford mide el cómputo soberano por quién fabrica y controla los chips que hacen funcionar la IA: hoy solo Estados Unidos y China cuentan con aceleradores de fabricación propia, y los chips de Nvidia, de origen estadounidense, representan el 95,5% de los usados en el mundo. Colombia no figura ahí. La propia exministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Yesenia Olaya, lo reconoció en una entrevista con El Tiempo: buena parte de los datos del Estado colombiano están alojados hoy en nubes de Microsoft, Google y otros proveedores extranjeros, y tener servidores dentro del país no equivale a controlarlos: "quien tiene la gobernanza y el control de los datos tiene el monopolio de la inteligencia artificial", dijo. Aplicado a Tenjo: que oData opere en suelo colombiano no garantiza ningún beneficio estratégico para el país. Eso depende de quién gobierna la infraestructura y los datos, no de dónde esté ubicada.
El problema hídrico en Cundinamarca
Colombia genera cerca del 70% de su electricidad con fuentes hidroeléctricas, según el Plan Energético Nacional. Por eso, cuánta agua gasta un data center no se agota en sus torres de enfriamiento: la electricidad que enciende sus servidores depende, en gran medida, de que llueva. Y llover, precisamente, es lo que dejó de hacer entre 2024 y 2025, cuando Bogotá vivió lo que su propio alcalde, Carlos Fernando Galán, describió como "la crisis de agua más grave en la historia de Bogotá": un racionamiento que empezó el 11 de abril de 2024 y se extendió un año completo, hasta el 12 de abril de 2025. El embalse de Chuza, principal del sistema Chingaza, llegó a un mínimo de 33% de su capacidad en octubre de 2024. Según la NOAA, hay 81% de probabilidad de que El Fenómeno de El Niño llegue a su fase "muy fuerte" hacia fin de 2026, lo que ya llevó a XM a advertir un "riesgo alto" de desabastecimiento y a pedir ahorro urgente de energía, agua y gas. Es el mismo sistema hídrico y eléctrico sobre el que se monta ahora el mayor consumidor industrial que ha llegado a la Sabana.
Juan Romero, presidente de la Junta de acción comunal de La Punta, Tenjo, sede del centro de datos, le contó a RAYA que desconocía el proyecto de oData hasta hace pocos días, que este no fue socializado con la comunidad.
El aire que ahorra agua y gasta energía
oData presenta como su gran innovación ambiental para Tenjo y Mosquera al Delta Cube (Delta³), una refrigeración por aire de su matriz Aligned Data Centers, con patente en trámite, que extrae el calor directamente de cada rack de servidores en lugar de enfriar toda la sala. Su principal atractivo es que no consume agua: en Brasil ya se promocionó como un sistema "waterless". Pero esa ventaja tiene un costado que no aparece en los comunicados de prensa: según un análisis del fabricante Eaton, la refrigeración representa cerca del 40% del consumo energético de un centro de datos, y cita un estudio de la ASME según el cual los sistemas 100% de aire son menos eficientes que los que incorporan refrigeración líquida: pasar de aire puro a 75% líquido reduce el consumo energético hasta en un 27%. Resolver el agua con aire, entonces, no es gratis: se paga con más electricidad, y en un país donde el 70% de esa electricidad depende de los embalses, eso no es un problema resuelto, sino trasladado. No existe todavía ninguna cifra pública que compare el consumo eléctrico real del Delta³ frente a un sistema de agua equivalente en Tenjo.
El vacío legal que blinda al proyecto
En Colombia no existe ninguna regulación pensada específicamente para data centers: no hay ley ni documento CONPES que fije reglas sobre su consumo de agua o energía. La Ventanilla Única de Infraestructura, el portal oficial de trámites para estos proyectos, solo exige licencia de construcción, conexión a los servicios públicos y autorización de ocupación, sin licencia ambiental de por medio. Y el decreto que define qué proyectos la necesitan, el 1076 de 2015, ni siquiera menciona a los centros de datos como categoría propia: solo entran en la órbita de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) cuando alguna pieza asociada, como una línea de transmisión eléctrica de alto voltaje, cruza un umbral ya regulado. Eso fue justamente lo que pasó con Tenjo: la ANLA confirmó el 16 de septiembre que le dio viabilidad ambiental a la línea de transmisión de 220 kV y la subestación que conectarán el campus DC BG03 a la red —no al data center en sí, sino solo a esa línea—. La autorización cubre, por ahora, apenas 50 MW de conexión, bastante menos que los 120 MW anunciados para el proyecto completo, y exige compensar 4,41 hectáreas de vegetación y hábitat afectados. Es el único control ambiental documentado: ni el edificio ni el sistema de enfriamiento han pasado por revisión equivalente. El propio gremio del sector reclama "procesos previsibles, planeación territorial y una regulación que reconozca a los data centers como una infraestructura estratégica", justamente porque todavía no existe.
Lo que Chile ya está viviendo
Para entender hacia dónde puede ir esa cuenta, sirve Rodrigo Vallejos, de Resistencia Socioambiental Quilicura (RSQ), que documenta desde 2022 el impacto de los centros de datos en su comuna, al norte de Santiago. Consultado para este artículo, matiza: "los datacenters en Chile no han alcanzado un impacto directo y significativo hasta el momento", y el consumo hídrico sigue siendo "muy menor al de otros sectores como el minero o el agrícola". Pero señala dónde sí ha habido roce real: "la mayor preocupación hídrica ha ocurrido referente a los proyectos de la multinacional Google, que se encuentra en Quilicura con un permiso para la extracción de 50 L/s y con un máximo caudal anual que supera los 1.500.000.000 L de agua desde las napas subterráneas que también ayudan a mantener el régimen hídrico del Humedal de Quilicura". Sobre un segundo intento, en Cerrillos, Vallejos cuenta: "proyecto que pretendía consumir 169 L/s del acuífero, por lo que los vecinos se organizaron y lograron que el Tribunal Ambiental cancelara el proyecto por su alto consumo hídrico en un acuífero en riesgo". No hubo cancelación: el Tribunal anuló parcialmente la aprobación y ordenó incorporar los efectos del cambio climático en la evaluación hídrica; Google cambió su diseño de agua a aire.
Si el agua todavía no es la crisis declarada, Vallejos es enfático en que la energía sí empieza a serlo: "la preocupación más urgente ha resultado ser el alto consumo energético que tiene esta industria, ya que el datacenter de Google en Quilicura ya se ubica dentro de las 5 industrias con mayor consumo energético dentro del Sistema Eléctrico Nacional". Eso enciende una alarma de cara a los 28 nuevos centros de datos que promete el Plan Nacional de Datacenters: "¿Tiene el país la capacidad energética para sostener tantos centros de datos? ¿Y quién pagará el costo, las personas o la misma industria?". Lo más incómodo, dice, no es un proyecto puntual sino la política pública: el gobierno modificó en 2025 el reglamento ambiental, subiendo el umbral de combustible almacenado que activaba la evaluación ambiental —vigente desde enero de 2026—, lo que Vallejos describe como quitar "herramientas a las comunidades e instituciones para fiscalizar los impactos ambientales". Casi al mismo tiempo, el SEA (Servicio de Evaluación Ambiental) fijó otros criterios de ingreso para data centers: líneas de alta tensión o generadores de gran capacidad. Su conclusión: "el avance de los datacenters en Latinoamérica es inevitable, pero creo que los gobiernos actuales están actuando de forma sumisa ante esta industria, permitiendo una especie de 'colonialismo digital' sin contrapeso, sin regulación y sin beneficios claros. Por lo que es urgente que se regule esta industria, antes de que pueda ser demasiado tarde
La trampa de la eficiencia
Una última pieza del informe conecta con tecnologías como el Delta³: la paradoja de Jevons, o "efecto rebote". Cuando la tecnología se vuelve más eficiente, se abarata y se usa más, y ese volumen anula el ahorro. "La gente piensa que la huella ambiental de la IA se reduce a medida que mejora la tecnología", explica Madani. "Pero una IA más eficiente y asequible significa más consumo de IA, lo que hace que la huella total sea mucho mayor de lo que ahorramos con las ganancias de eficiencia". Aplicado a Tenjo: que el enfriamiento use menos agua por servidor no dice nada sobre cuánta agua —y energía— se necesitará cuando ese campus, hoy en su primera fase de 50 MW, llegue a operar sus 120 MW completos, y se sumen los demás proyectos que Colombia proyecta sin que exista quién les ponga condiciones.
El informe no pide frenar la inteligencia artificial ni los centros de datos que la sostienen —tampoco lo pide Vallejos—. Pide que los gobiernos integren esta infraestructura en su planeación energética, hídrica y de suelo, y que haya transparencia sobre lo que cada proyecto va a consumir. En Cundinamarca, con El Niño en el horizonte, una crisis de agua todavía fresca en la memoria y ninguna ley que obligue a decir cuánta agua o energía necesitará Tenjo, esa transparencia sigue sin llegar. Por ahora, el megaproyecto avanza solo.
Contacté a oData para saber sus planes de mitigación del daño ambiental en la zona del proyecto, pero hasta la publicación de este artículo no obtuve respuesta.
