El endurecimiento del bloqueo energético, impuesto por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de esa nación, ha sumido a la isla en una crisis humanitaria que, según fuentes no oficiales, ha cobrado ya sus primeras víctimas en el sistema hospitalario. A través del testimonio de un periodista cubano, RAYA relata la lucha de la isla en medio de las tensiones geopolíticas y el sufrimiento de su pueblo.
Por David González M.
Estados Unidos asfixia a Cuba y las consecuencias humanas se sufren dentro de la isla: apagones, desabastecimiento de insumos esenciales, interrupciones en la atención médica y un malestar que es azuzado por parte de los tres millones de cubanoamericanos que viven en Florida y hablan de anexión.
La escalada contra Cuba es parte de la estrategia de la agresiva política exterior del presidente Donald Trump hacia el hemisferio. El pasado 29 de enero, con Marco Rubio a la cabeza, cubanoamericano y jefe del Departamento de Estado, Washington lanzó la orden ejecutiva 14380 para imponer un bloqueo energético «absoluto» contra la nación caribeña. La orden incluso le da facultades especiales a Rubio para imponer aranceles a cualquier país que venda combustible a Cuba.
Y las consecuencias han sido inmediatas, según reveló a RAYA Ever Miranda, periodista independiente cubano y documentalista que trabaja entre la isla y Angola.
“Han comenzado a morir personas lamentablemente en hospitales porque simplemente no tenemos combustible para las ambulancias; las operaciones han sido canceladas; solo se están haciendo operaciones de urgencia”, explica.
Dice que esta nueva ofensiva, que es parte de una guerra comercial que lleva más de sesenta años, ha recrudecido la situación humanitaria. «Yo viví el periodo especial del 90 (llamado así por el gobierno cubano tras la caída de las repúblicas soviéticas) y he vivido las demás crisis, pero esta toca bastante profundo. Sobre todo, ver a las personas fallecer a tu lado porque simplemente no tienen cómo atenderlas, porque una operación fue cancelada».
Los efectos del bloqueo se agudizaron luego del ataque de Estados Unidos contra Venezuela bajo la denominada "Operación Resolución Absoluta" ejecutada el pasado 3 de enero y que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su traslado a una cárcel de Nueva York. Venezuela era el principal suministrador de petróleo a la isla a través de contratos sustentados en la prestación de servicios por parte de Cuba. Las políticas de Estados Unidos bloquearon ese flujo y las importaciones del crudo a la isla cayeron casi a cero.
La tragedia es más dura porque el 80% de la energía de Cuba depende del petróleo. Lo que ha llevado a la interrupción de servicios hospitalarios y farmacéuticos.
Volker Türk, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, advierte sobre lo que puede pasar con los más de nueve millones de personas que habitan la isla.
“En Cuba, más del 80% de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, y los cortes de energía están socavando el acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene. La escasez de combustible ha desarticulado el sistema de racionamiento y la canasta familiar básica regulada, y ha afectado a las redes de protección social —alimentación escolar, hogares maternos y casas de abuelos—, siendo los grupos más vulnerables los que sufren un impacto desproporcionado.”
“El país comienza a colapsar y ellos lo esperaban. Trump, antes incluso de esta medida, había dicho que ya no se podía hacer nada más para estrangularnos. Bueno, incluso dijo que “estrangular” era una palabra muy fuerte. Nos están más bien asfixiando”, explica Miranda.
“Pareciera, como Numancia, que hemos decidido inmolarnos frente al imperio”, agrega.
De Numancia a Gaza 2.0
En el año 134 a. C., el Senado romano ordenó a Publio Escipión “El Africano” derrotar a Numancia, una población celta en la Península Ibérica. Roma llevaba 20 años de ataques y no había podido vencerlos. Finalmente, el general romano lo logró tras 13 meses de asedio y una hambruna contra quienes resistían. Pero los habitantes de Numancia prefirieron el suicidio colectivo antes que la esclavitud.
“¿Hemos decidido inmolarnos frente al Imperio? Eso es más viejo que andar a pie, como decimos en Cuba. Ya estamos adaptados. Hemos crecido en una economía de supervivencia durante muchos años”, cuenta Miranda.
La actual arremetida del Gobierno de Estados Unidos es un capítulo más de la guerra comercial que las administraciones de ese país ejecutan desde 1962 contra Cuba. Las carencias ocasionadas por las presiones externas, sumadas a errores internos, condujeron a oleadas migratorias. Si bien a principios de 2020 se calculaba que existían en la isla poco más de 11 millones de habitantes, al cierre de 2024 la población era de 9 millones 748 mil, según la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba. Se estima que más de un millón emigró, fundamentalmente hacia Estados Unidos.
“La gente, con todo el derecho y con toda la libertad del mundo, ha salido del país por la situación económica que vive Cuba. Además, está el incentivo de los Estados Unidos; hay que decir que, de todos los países del mundo, si le preguntas a un cubano a dónde iría, iría a Estados Unidos por el beneficio de la Ley de Ajuste Cubano, la familia, la cercanía, etcétera”.
Miranda se refiere a la ley CAA (por sus siglas en inglés), promulgada en 1966 y vigente en 2026, que permite a los ciudadanos cubanos solicitar la residencia permanente (Green Card) en Estados Unidos tras un año y un día de presencia física y admisión/parol. Aplica a los nativos de Cuba, sus cónyuges e hijos solteros menores de 21 años, siempre que sean admisibles.
El primer round de esta larga batalla vino apenas unos años después del triunfo de la revolución cubana. Una vez que Fidel Castro venció a la dictadura que imperó hasta 1958 y puso los intereses soberanos por encima de los comerciales de Estados Unidos, vino la primera respuesta.
Durante el gobierno del demócrata John F. Kennedy en 1962, Washington emitió la Orden Ejecutiva 3447 de Kennedy que marcó el inicio del cerco económico y financiero contra la isla.
El asedio se hizo más estricto en la década de los noventa. Washington promulgó las leyes Torricelli y Helms-Burton en 1992 y 1996, respectivamente. Con esos mecanismos agudizó una asfixia internacional contra la isla. Estas medidas no solo endurecieron las restricciones, sino que extendieron la jurisdicción de Estados Unidos sobre empresas y naciones de terceros países que tenían relaciones con Cuba.
Durante el periodo de Barack Obama, entre 2014 y 2016, hubo un respiro. Se trató de normalizar la relación; en Cuba hubo un crecimiento del sector privado y de los viajes internacionales de sus delegaciones.
Pero en 2017, bajo el primer mandato de Trump, retornó la hostilidad contra Cuba. Colombia tuvo que ver: la isla, tradicional espacio para las negociaciones de paz entre las guerrillas y el Gobierno colombiano, había albergado los fallidos diálogos entre Bogotá y el ELN. Ante el fracaso de las conversaciones y ya bajo la administración de Iván Duque, Estados Unidos pidió la extradición de los comandantes guerrilleros del ELN que formaron parte de la mesa de negociación.
La Habana rechazó extraditarlos porque violaría los protocolos internacionales que la definen como garante de los diálogos. El 12 de enero de 2021, el Gobierno de Trump, secundado por el de Duque en Colombia, incluyó a Cuba en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo (SSOT, por sus siglas en inglés). Esta condición agravó las sanciones financieras y comerciales, endureciendo el asedio.
Miranda opina que ahora su país vive el modelo de guerra que Israel lanzó contra Gaza.
“Cuba sería Gaza 2.0, ese nuevo tipo de guerra de inicio de siglo: acabar por inanición para después construir un gran espacio con nuevos negocios y nuevos dueños”. Sin embargo, él cree que Cuba seguirá siendo ese ejemplo del lugar que el capitalismo no puede comprar.
Dentro de Cuba, la respuesta no ha sido solo apuntar hacia Estados Unidos. En distintos momentos estallaron protestas que señalan también al gobierno de Díaz-Canel. En zonas densamente pobladas, la falta de servicios fue la principal razón de las manifestaciones, concretamente, los apagones, como las ocurridas en julio de 2021.
Pero, según Miranda, esas protestas buscan soluciones a la falta de servicios, no un cambio de gobierno que abra las puertas a la intervención de Estados Unidos.
Tras las últimas medidas del gobierno de Estados Unidos, a comienzos de este año, Miranda dice que hay una fatiga en Cuba.
“La gente está muy molesta, muy desanimada. Estamos viviendo, no es secreto, una transición paulatina hacia el mismo capitalismo. Estamos en una transición, quiéralo o no el gobierno, donde las clases sociales y las diferencias sociales son cada vez más visibles, lamentablemente.”
Miranda estima que hay pérdida de confianza en un gobierno que no es capaz de resolver los servicios básicos, lo cual, a su vez, crea un distanciamiento en sectores dentro de Cuba que ven el contraste con sus familiares emigrados. Y agrega que en generaciones más jóvenes desde la Florida crece la idea de anexionar la isla. “Ese sentimiento lamentablemente está muy fuerte en la comunidad cubano-americana y sobre todo en las redes sociales porque ellos tienen mucho más acceso a las redes sociales. Y Estados Unidos es muy fuerte en las comunicaciones; los cubanos siguen muchísimo a los influencers de allá.”
Sin embargo, Miranda añade que los cubanos saben perfectamente qué pueden esperar de los Estados Unidos. “A pesar de que podamos estar molestos con nuestro sistema, sabemos que Estados Unidos no resuelve. Estamos simplemente sufriendo una batalla de titanes donde el pueblo cubano espera. Este es un sentimiento muy isleño: esperar. Los isleños sabemos esperar y estamos acostumbrados; ya te digo, entra dentro de nuestra filosofía: los huracanes llegan, pero también pasan”.
