Colombia y Venezuela retoman su agenda binacional tras años de distanciamiento, en un contexto de sanciones y presión de Washington. En la reunión del 13 de marzo en Caracas, acordaron coordinación en seguridad fronteriza, avances energéticos —exportación de gas licuado y reactivación del gasoducto Antonio Ricaurte— y medidas de comercio como una zona franca en El Zulia. Petro reactivó el “espíritu” de la Colombia Grande y se anunció un próximo encuentro con dirigentes políticos en Maracaibo.
Por: David González M.
Desde Unasur hasta el ALBA, la historia de Sudamérica está marcada por bloques que nacen por afinidad ideológica y mueren cuando los gobiernos cambian. Pero lo cierto es que, en medio de un orden mundial resquebrajado —genocidio en Gaza, guerra en Europa y en el golfo Pérsico, debilitamiento de los organismos internacionales, el ascenso meteórico de China y el auge de los supremacismos—, la integración en poderes regionales se vuelve la principal opción de supervivencia.
Y no es exagerado. El 16 y 17 de marzo, el presidente Donald Trump sugirió en un post en su red social que Venezuela podría "convertirse en el Estado 51" de su país. La insinuación se dio después de secuestrar al presidente Nicolás Maduro en una operación estadounidense y de bombardear botes en el mar Caribe bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico.

En el caso de Colombia, la presión no es menor. El mandatario estadounidense sancionó al presidente colombiano y a altos funcionarios, incluyéndolos en la SDN List de OFAC (conocida en Colombia como la Lista Clinton,el 24 de octubre de 2025, tras meses de amenazas arancelarias e intervencionismos. En su estrategia de Seguridad Nacional, llamada por él: la doctrina Donroe, Trump es claro en que esas presiones serán su mecanismo contra gobiernos soberanistas que no acepten la sumisión ideológica que él propone para las Américas. Estrategia que quedó retratada en la reciente cumbre en su club de Miami en el lanzamiento del Escudo de las Américas con mandatarios afines.
En dicho espacio, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, mostró ser el abanderado de una política agresiva hacia el hemisferio e incluso lanzó su propuesta de la "Gran Norteamérica" sobre el Caribe ante mandatarios latinoamericanos invitados.
Ante los riesgos, los gobiernos de Colombia y Venezuela, golpeados por la política exterior de Trump en un contexto difícil, han mostrado interés en avanzar hacia una integración en sectores estratégicos que evocan la propuesta bolivariana de la “Colombia Grande”. El presidente Gustavo Petro propuso “por voto constituyente de la población que la reconstruyamos (a la Gran Colombia) como una confederación de Naciones autónomas”. Luego habló de ciudadanías binacionales y cero aranceles.
Y aunque algunas de estas propuestas fueron rechazadas por la propia Delcy Rodríguez , quien afirmó que no había condiciones de igualdad ante las sanciones de Washington contra su pueblo, lo cierto es que ya se dieron las primeras reuniones de altos mandos de sectores estratégicos de Caracas y Bogotá. Cabezas de seguridad, energía y economía avanzan en un nuevo esfuerzo de integración regional tras años de distanciamiento.
¿Hacia la Gran Colombia 2.0?
Con muchas dificultades, y a pesar del frustrado encuentro entre los mandatarios por razones de seguridad en Cúcuta, el pasado viernes 13 de marzo en Caracas la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y su gabinete en pleno, se reunió con altos funcionarios del gobierno colombiano.
La delegación colombiana incluyó al ministro de Defensa, el ministro de Minas y Energía, el presidente de Ecopetrol, la canciller y el comandante de las fuerzas armadas, entre otros. En una frontera atravesada por economías “porosa”, la reunión puso sobre la mesa tres cosas concretas: seguridad, combustibles y comercio.
Tras el encuentro, la presidenta de Venezuela resumió el horizonte político de la cita: "Estamos trabajando en función del rescate del espíritu de la Colombia Grande que ha propuesto el presidente Petro". Y aunque algunas de las propuestas del mandatario colombiano han sido criticadas por irrealizables, la reunión abrió una agenda de trabajo con tres frentes concretos: seguridad, energía y economía.
En seguridad, los ministros de Defensa de los dos países acordaron intercambio de inteligencia y operaciones sincronizadas para combatir a grupos armados ilegales que durante años han mantenido el control de partes importantes de la extensa frontera. Aunque las operaciones mantendrán autonomía de mando en cada ejército, parten del reconocimiento de un enemigo común.
El ministro de Defensa colombiano dijo en entrevista con María Jimena Duzán: "En términos intangibles, creo que lo que más aporta a cualquier capacidad es la confianza. Aquí tenemos que avanzar en desarrollar confianza porque hay desconfianza, eso no lo vamos a desconocer".
En energía también hubo avances . Se dio inicio formal al flujo comercial con la primera exportación de gas licuado de petróleo desde Venezuela a través del puente Simón Bolívar. Las operaciones contemplan 1,26 millones de galones mensuales y beneficiarían a por lo menos 150 000 familias de la frontera.
Las carteras de energía anunciaron la reactivación del gasoducto Antonio Ricaurte y avanzan en planes para rehabilitar la infraestructura que permita suministrar energía a regiones como Puerto Carreño, en Vichada, una zona que sufre deficiencias en el servicio energético por hechos probados de corrupción y el turbio servicio prestado por cuestionadas empresas privadas que Raya ha investigado en el pasado.
En materia económica, se informó también de una zona franca binacional agroindustrial en el municipio de El Zulia, parte del área metropolitana de Cúcuta, en Norte de Santander. Esta, según el Ministerio de Comercio colombiano, es la primera zona franca creada bajo la estrategia de la Zona Económica Binacional para fomentar empleos y encadenamientos productivos en la región limítrofe.
En el capítulo de movilidad, empresas privadas como Avianca anunciaron una segunda frecuencia diaria entre Bogotá y Caracas, y el presidente Petro planteó la posibilidad de avanzar hacia una doble nacionalidad con plenos derechos para los habitantes de la zona fronteriza.
Y fue más allá: Petro planteó abogar por que el Mercosur levante la suspensión a Venezuela y que los dos países busquen ingresar como miembros plenos del bloque, en momentos en que la integración latinoamericana parece una utopía.
En un mensaje el sábado en su cuenta de X , incluso lanzó propuestas más ambiciosas a futuro, como "un Parlamento Grancolombiano, un Tribunal de Justicia y un Consejo de Gobierno, como en la Unión Europea o en los Estados Unidos federales. Una potencia del turismo y de la conectividad del mundo".

Esa invocación a la Gran Colombia no aparece en el vacío, fue el sueño de Bolívar y contemplaba un proyecto de integración supranacional que unía los antiguos territorios del Virreinato de la Nueva Granada, la Capitanía General de Venezuela y los territorios de Quito y Panamá. En el Congreso de Angostura de 1819, Bolívar propuso la unión de los territorios, y la Ley Fundamental de Angostura dividió la República en tres regiones: Venezuela, Quito y Cundinamarca.
En el Congreso Constituyente de Cúcuta de 1821 se elaboró la primera constitución unitaria. En los dos años siguientes, Panamá y Ecuador se unieron formalmente al proyecto grancolombiano.
En 1831, un año después de la muerte de Bolívar, el proyecto de la Gran Colombia se disolvió. Distintas fuentes históricas señalan varias causas. Primero, materiales: al adoptar su constitución republicana, la Gran Colombia no disponía de las bases necesarias para sostener una democracia constitucional en un territorio tan vasto. Es decir, la república nació bajo una crisis fiscal, política y de control territorial.
El sociólogo Marco Palacios lo resumió así en su libro ¿De quién es la tierra? Propiedad, politización y protesta campesina en la década de 1930: "La Gran Colombia no disponía de los fundamentos económicos, fiscales y tecnológicos necesarios para construir la democracia constitucional, fuese calcada del documento federalista de Filadelfia o del paradigma centralista francés, napoleónico o de la Restauración monárquica o, aun, de Estados 'descentralizados' como la Gran Bretaña. Quizás tales bases no existían en ninguna parte del mundo, a excepción de los Estados Unidos".
La topografía abrupta de los Andes y la falta de medios y vías de comunicación funcionales hacían los territorios fragmentados e inmanejables. Además, explica el historiador cartagenero Alfonso Múnera en Olvidos y Ficciones: "República imposible, esta de la Gran Colombia, por su pobreza general, por la fragmentación insuperable de sus extensos territorios sin medios de comunicación adecuados y por la larga tradición de autonomía de las regiones. Desaparecida España como enemiga, que era lo que los unía, previsible era que surgieran los antagonismos represados entre sus caudillos militares".
Tras la muerte de Bolívar, vinieron los choques, especialmente entre el poder militar venezolano, columna vertebral del ejército libertador, y el poder civil de Bogotá, entonces Santafé: compuesto por abogados y burócratas neogranadinos. Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander representaban, cada uno, bloques distintos de ese poder y división.
Además, explica Múnera en su libro, entre los generales blanco-mestizos del ejército libertador, muchos de ellos de familias hacendadas, surgió miedo hacia el poder creciente de las mayorías afrodescendientes y mulatas (la "pardocracia"), lo que generó tensiones sociales y la represión de líderes populares como el almirante José Prudencio Padilla.
En 1826, el movimiento de la Cosiata en Venezuela, liderado por el llanero José Antonio Páez, ya había desafiado la autoridad central de Bogotá. Describe Múnera: "Estando el caudillo Páez al frente de los venezolanos, los enfrentamientos con la autoridad de Santander estallaron sin remedio. Bolívar lograría temporalmente calmar las aguas, pero a sus amigos más íntimos y al mismo Santander les expuso su pesimismo".
Para 1831, sin el enemigo español, los poderes veían el esqueleto de la Gran Colombia como un instrumento de guerra transitorio, y los intereses locales prevalecieron sobre la unión.
Pero hoy, ante la ruptura del orden mundial y el avance del neofascismo, la idea de integración y unión surge de nuevo entre los sectores soberanistas de Colombia y Venezuela. Y ante la amenaza común que se cierne desde el norte, empiezan a plantear el sueño de Bolívar como un camino pragmático de supervivencia. En Maracaibo, el próximo 22 y 23 de abril, habrá un nuevo encuentro entre los dos gobiernos donde se espera avanzar en los proyectos estratégicos de integración.
