Un documento confidencial del gobierno de Gustavo Petro busca desmentir las cifras sobre producción potencial de cocaína que, según ese estudio, la ONU reportó de manera errónea y que desembocó en la descertificación de Colombia en la lucha contra el narcotráfico. Modelaciones técnicas muestran un crecimiento que ya venía desde 2020 durante el gobierno Duque. El asunto será clave en la reunión Petro-Trump.
Por: Sebastián Forero Rueda - sebastianforero@revistaraya
El documento tiene 66 páginas, está firmado por el Observatorio de Drogas del Ministerio de Justicia y lleva el rótulo de confidencial. La Revista RAYA confirmó que fue enviado para su circulación en Washington previo a la reunión del presidente Gustavo Petro con su homólogo estadounidense Donald Trump este martes en la Casa Blanca. Se trata de un informe técnico que desnuda las falencias metodológicas en las cifras con las que las Naciones Unidas han medido la producción de cocaína en Colombia y que fueron usadas como insumo para que Estados Unidos le quitara la certificación a Colombia como país que lucha contra el narcotráfico.
Desde finales del año pasado, el Gobierno de Gustavo Petro está en conversaciones a puerta cerrada con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), la encargada desde hace 27 años de esas mediciones en Colombia. El Gobierno colombiano pidió abrir mesas técnicas después de que esa agencia publicara que en 2023, la producción potencial de cocaína en Colombia —es decir, la cantidad de esa droga que puede producir el país— aumentó en un 53% hasta las 2.664 toneladas. Un crecimiento que era a todas luces alarmante.
En medio de esas revisiones, hasta ahora había quedado en evidencia que el dato fue producto de una metodología aplicada por esa agencia en la que cada cuatro años visita una región y proyecta esos resultados para todo el país. En la última medición pública, se estudió la región Pacífico —uno de los enclaves de coca más productivos—, se extrapoló a todo el país y, además, en el año anterior (2022) no se había visitado ninguna región; por lo tanto la comparación se hizo con el último dato disponible, que estaba ya desactualizado.
Pero el nuevo informe, al que tuvo acceso la Revista RAYA, detalla cuáles fueron los errores que condujeron a los datos equivocados. Es el resultado de la revisión hecha por el equipo técnico del Ministerio de Justicia, que fue presentado ante el presidente Petro y enviado a Washington.
Uno de los principales problemas con la medición de la producción potencial de cocaína, según el documento, es que uno de los indicadores clave para calcularla, el rendimiento del cultivo de coca, presenta importantes rezagos en los datos de la ONU. El informe muestra que entre 2020 y 2022 el rendimiento no se actualizó y se mantuvo una cifra idéntica: 6,3 toneladas de hoja de coca por hectárea para los tres años. En 2023, en cambio, el trabajo de campo se hizo y la cifra se actualizó a 8,5 toneladas de hoja de coca por hectárea, un aumento repentino de más del 33%, que junto con otros factores del cálculo terminó empujando la producción potencial de cocaína hasta el cuestionado incremento del 53%.
El documento incluye modelaciones inéditas, hechas por el Observatorio de Drogas del Ministerio, que reconstruyó los datos de los años en que no se hizo el trabajo de campo ni se actualizaron las cifras. Estas estimaciones muestran que el crecimiento en la productividad del cultivo de coca era sostenido desde el año 2020, en el Gobierno de Iván Duque, y que no se produjo únicamente en el año 2023. Esa fue una tendencia que quedó oculta en las cifras de la ONU, que durante tres años mantuvo los valores supuestamente estables. Así se puede ver en las siguientes gráficas del estudio:

Según una de esas modelaciones, el rendimiento del cultivo habría incrementado un 9% de 2020 a 2021, luego un 10% en 2022 y, finalmente, un 14% en 2023, lo que no se vio en los datos de la ONU, que tomó Washington para descertificar a Colombia en la lucha contra las drogas. “Esta situación puede llevar a interpretaciones erróneas (...), al sugerir que el cambio ocurrió únicamente en el año más reciente, cuando en realidad refleja una acumulación no registrada de cambios durante cuatro años sin actualización”, se lee en el informe. Incluso, allí se devela que ese problema con la actualización escalonada de regiones fue reconocido por la propia agencia de la ONU en un documento interno. Además, se detalla que el país sí contaba con información más actualizada, proveniente de estudios realizados en enclaves productivos de coca. “Dicha evidencia debió ser considerada oportunamente para evaluar la pertinencia de sostener la estabilidad del indicador durante cuatro años consecutivos”.
Otra de las falencias encontradas en el estudio tiene que ver con otra fase del proceso para calcular la producción potencial de cocaína: el paso de la hoja de coca a la pasta base de cocaína o a la base de cocaína. Los datos con los que la ONU estima ese tránsito vienen de pruebas realizadas entre 2010 y 2013, pero el estudio encuentra que hay información que muestra que, por ejemplo, las variedades de la mata que predominaban entonces ya no son las mismas de hoy. En el Catatumbo, por ejemplo, mientras la variedad más común antes era la Cuarentana, hoy la que predomina es la Injerta, que tiene un rendimiento muy diferente. En el Pacífico ocurre algo similar: mientras antes la Tingo María dominaba, hoy la más común es la Chipara. “Por lo tanto, los ejercicios experimentales antiguos pierden vigencia metodológica y requieren ser actualizados para mantener la precisión y relevancia del indicador”.
Por otra parte, la UNODC estimó desde 2014 que de una tonelada de hoja de coca se obtenía 1,45 kilogramos de base de cocaína, un valor que mantuvo intacto durante casi una década. Esto, a pesar de que había evidencia de que la eficiencia había aumentado y en 2020 ya se obtenían hasta 2,16 kilogramos de base de cocaína por tonelada de hoja. “Este comportamiento sugiere una desconexión entre el modelo teórico y la realidad productiva territorial, generando un sesgo en la estimación del indicador de Producción Potencial de Clorhidrato de Cocaína”, se lee en el documento.
Para la ONU, esos errores pueden hacer parte del margen de error de sus mediciones sin que, advierte el informe, se tenga en cuenta lo que puede ocurrir por esos desfases. Por ejemplo, si se acepta que la producción “potencial” es mucho mayor de lo que realmente puede convertirse en cocaína en mercados, entre las consecuencias estaría “un sobrediagnóstico de la gravedad de la situación, narrativas como ‘estamos nadando en cocaína’ sin respaldo empírico directo, presión internacional injustificada y uso del dato para descertificaciones o sanciones, subvaloración de los impactos de políticas de sustitución, interdicción y transformación territorial”, se lee en el informe.
El gobierno colombiano, según confirmó el presidente Petro en su red social X el pasado 22 de enero, dejará de utilizar el cálculo que realiza la UNODC sobre la producción potencial de cocaína. Con todas las falencias de metodología cuestionadas por el gobierno Petro y expertos en la materia, el cálculo de la UNODC para 2024 decía que la producción potencial de cocaína eran 3.001 toneladas, según reveló el diario El País, lo que significaba un aumento del 12,6%. Esa publicación está frenada por petición del Gobierno hasta que se ajusten los indicadores.
