Dahlia de la Cerda convierte el mito de Medea en una herramienta popular para narrar el México del narco, las desapariciones, el aborto y el reclutamiento forzado. En esta entrevista con RAYA, la escritora mexicana habla de una literatura feminista y de clase que no abandona la fiesta, el humor, la vulgaridad popular ni la vida material de las mujeres que escriben desde el margen.
Por: Juan Sebastián Lozano
Dahlia de la Cerda es una escritora atípica en el ámbito literario latinoamericano. No es una hija de padres privilegiados que hizo talleres de escritura en Estados Unidos, con conciencia política. Es de origen popular. No viene del periodismo o la academia; estudió filosofía, pero se define como comerciante, trabajó en un tianguis –puesto de mercado popular ambulante–, vendió de todo. Sufre de escoliosis severa –causada por un trastorno genético llamado neurofibromatosis tipo 1– y fue diagnosticada con trastorno límite de la personalidad. Es valiente para decir sus verdades, en un mundillo literario caracterizado por el mutuo elogio. Por esta combinación de factores, sumados a su talento literario, destaca en el campo literario en español.
Medea me cantó un corrido es su segundo libro de cuentos, que podría ser también una novela hecha de relatos. En este aparece una Medea –el personaje mítico griego que mató a sus hijos– mexicanizada, que se rinde al sabor latino, y recorre paisajes inhóspitos, dominados por carteles de la droga, en donde ayuda a mujeres que padecen un entorno violento. En el libro se narra el reclutamiento forzado de jóvenes por parte de narcotraficantes, lo que viven las mujeres que se dejan seducir por el mundo narco, y otros temas relacionados. Esto, a través de relatos en primera persona, con voces muy distintas y verosímiles, bien trabajadas por la autora.
En las historias hay una violencia opresora, la que padece hoy parte de México –y también otros lugares de Latinoamérica–, pero también resiliencia, esperanza, fiesta, baile, alegría mexicana, y religiosidad popular; un retrato amplio del México hoy castigado por las balas pero que sigue muy vivo. El libro juega con el mito de Medea, lo emborracha con tequila y le pone cumbia y corridos de banda sonora.
Dahlia de la Cerda logró éxito mundial con su primer libro, Perras de reserva, incluido en la lista larga del International Booker Prize, uno de los reconocimientos literarios más prestigiosos del circuito editorial en inglés. Escribió también Desde los zulos, un ensayo sobre feminismo desde el margen, y ha sido colaboradora de El País de España, entre otros medios. Es activista feminista y brinda asesoría en temas de aborto. Medea me cantó un corrido es publicado en Colombia por la editorial Rey Naranjo. La autora, nacida en Aguascalientes en 1985, dice en esta entrevista que hoy puede vivir de la literatura, lo que no es común entre los escritores de nuestra región, por más talleres de escritura en Nueva York que hayan hecho.
RAYA: ¿Cómo surgió la idea de Medea me cantó un corrido?
DAHLIA DE LA CERDA: Yo quería escribir un libro sobre aborto. Soy acompañante de abortos 24/7 desde hace como 15 años. Doy información, monitoreo, acompañamiento, primeros auxilios emocionales y envío kits para abortar de manera segura en casa. Si le quitas el estigma, el aborto es un procedimiento médico rutinario, mucho más leve que sacarte el apéndice. La mayoría de las chicas no me contaban nada de su vida, solo querían abortar y ya. Pero de vez en cuando, en 15 años, llegaba una aguja en un pajar con una historia que te hacía decir: "Amiga, ¿qué?". Una chica embarazada del amante afrodescendiente que no podía arriesgarse a tener un hijo así siendo de familia blanca; una influencer provida que te hacía firmar un acuerdo de confidencialidad; una gringa que venía a abortar a un resort de lujo en Cancún y decía: "Hoy aborto y mañana me meto al mar".
Esas historias me empezaron a interesar por el contexto, no por el proceso médico. Las fui mapeando en un Excel. Pero yo tengo una ética escritural: hay escritores a los que les vale verga y toman historias sin autorización. Yo ya herí personas contando experiencias personales y estas ni siquiera eran mis historias. Así que pedí autorización para usarlas. De diez, logré cuatro. No podía armar un libro con eso. Me hacían falta historias. Así surge Medea, queriendo escribir un libro sobre aborto que salió mal.
RAYA: En el libro usted trabaja con el mito de Medea, la pone a sudar en el desierto. ¿Para eso son los mitos, para reescribirlos?
DAHLIA DE LA CERDA: Mira, yo estudié filosofía y estuve como dos años estudiando a los griegos. Estaba harta. Me decías Platón y yo decía: "Hijo de puta". No entendía la obsesión de reescribir los clásicos. A mí me gusta ver Troya o Hércules, pero las tragedias no eran mi hit.
El tema de Medea tiene que ver con la maternidad. Yo ya tenía seis relatos, estaban entrelazados, funcionaban como una novela coral o como relatos interconectados. Y yo dije: "¿Qué tal si meto, como Velázquez, que dentro del cuadro se esté pintando otro cuadro, una historia dentro de otra historia?". Quería una trama B sobre una mala madre, de la cultura popular, que apareciera en todos los relatos. Inicialmente pensé en La Llorona, pero la descarté porque solo la topamos en Latinoamérica y yo quería internacionalizarme. Necesitaba una madre mala más universal. Y siento que Medea en sueños se me reveló y me dijo: "Soy yo la que necesitas. Maté a mis hijos porque mi ex me dejó por otra. Y aparte me llevé los cadáveres. ¿Cómo te quedaste?". Ahí dije: no es solo matar a los hijos, es llevarse los cadáveres. Y en México eso es un tema sensible por la crisis de desapariciones, por las madres buscadoras.
Al principio la escribí como una princesa griega, al estilo de Hércules, con su coronita y sus chanclitas doradas. Pero mi editora me dijo que era inverosímil que la gente no la notara como un agente externo. Y tenía razón. Yo estoy acostumbrada a mis fantasmas: acá en México está La Planchada, una enfermera fantasma que se aparece en hospitales. Si yo la veo, la conozco y le digo: "A ver, aquí en corto, ¿me va a cargar la chingada o me voy a sanar?". Pero si aparece Hércules, yo le digo: "Tú no formas parte de mi cosmovisión. Lárgate a Grecia. Yo aquí tengo a la Virgen de Guadalupe". Medea causaba un conflicto de verosimilitud. Por eso la tropicalizamos, para que reparara el daño ayudando a una mujer a encontrar a su hijo.
RAYA: En el libro conviven la cultura popular, incluso despreciada, como los corridos, y la literatura clásica griega.
DAHLIA DE LA CERDA: Es que México es naquísimo, güey. Naco es una palabra para decir algo sin educación, populachero. Ves las celebraciones del mundial y la gente nadando en ríos de agua puerca, vomitando, bien borracha. Somos muy fiesteros, muy del desvergue, nos gusta que se salga todo de control, que las fiestas terminen en riña. Tenemos un humor negro tremendo. Eso forma parte de mi cultura. Yo amo a México por naco. Amo Tepito, La Lagunilla, la Alameda Central, donde te comes una arepa, un chicharrón colombiano, ves gente bailando cumbia y más adelante rock and roll, mientras otros bailan encuerados. Es maravilloso y yo quería retratar esa belleza.
RAYA: En el libro Medea acompaña abortos, partos, muertes y búsquedas. ¿Cómo se transformó el proyecto inicial sobre aborto en un libro sobre maternidad, desaparición y reclutamiento forzado?
DAHLIA DE LA CERDA: Mucha gente piensa que yo me proyecté en Medea, pero no, la neta es que Medea la construí basándome en otras mujeres que conozco. Inicialmente el libro iba a ser de abortos y el protagonista iba a ser el aborto situado en distintos contextos. La idea de meter a una mala madre fue hasta que el libro ya era otro: un libro sobre reclutamiento forzado, sobre un joven desaparecido víctima de reclutamiento y cómo eso afecta a las mujeres a su alrededor. Es circunstancial que Medea acompañe abortos, porque también acompaña al buen parir, a una persona a atravesar al otro lado y a una madre buscadora.
RAYA: El libro narra la violencia del narco en México, pero no solo desde los hechos armados, sino desde sus efectos cotidianos. ¿Cómo quiso abordar esa presencia del crimen organizado en la vida diaria?
DAHLIA DE LA CERDA: Bueno, es que en realidad, digamos que afecta a toda la sociedad, pero muchas veces de maneras invisibles. Yo te puedo decir que a mí aquí en mi casa ahorita en Aguascalientes, el crimen organizado no me afecta, porque no estoy reclutada, porque no estoy amenazada. Mi ciudad es una ciudad de un millón y medio de habitantes, muy conservadora. Pero pues claro que me afecta porque mi familia es de la Sierra de Jalisco. Entonces a mí me preocupan mis primas, mis sobrinas. Yo ya veo a mi sobrina buchona, como les dicen acá a las chicas que siguen la estética del narco, que le llegó un ramo buchón de esos enormes y yo ya estoy diciendo: "Dios mío, por favor, que sea de un muchacho normal, no que ande con un malandro". Luego veo a mi otra sobrina en fiestas privadas donde canta Gerardo Ortiz, que cobra millones por presentación, y digo: "Hay que rezar porque estas niñas no se dejen deslumbrar por la narcocultura".
Pero, por ejemplo, tú pones un limón en tu mesa y no sabes que ese limón está manchado de sangre porque los limoneros están en guerra contra el narcotráfico. El narco literalmente ya les arrebató el negocio del limón, del aguacate, del pollo. El narcotráfico está metido en todos lados. Se dice “extraoficialmente” que da 800,000 empleos directos, más los indirectos, porque muchas veces tú no sabes que eres proveedor para una organización multicrimen. Tú puedes tener una pizzería y diario te compran 100 pizzas y tú dices: "Bueno, qué buen cliente". Pero no sabes si es una organización multicrimen que te está comprando para alimentar a las personas que tiene reclutadas de manera forzosa. Cuando voy a Guadalajara a la FIL, no me separo ni un minuto de mi esposo para que no vaya a ser víctima de reclutamiento forzado, porque ahorita ser hombre joven, precarizado, tatuado, que te veas estereotípicamente como que te dedicas a actividades delictivas, es peligroso, muy peligroso.
RAYA: ¿Cómo fue el proceso de investigación para construir narradoras en primera persona tan distintas y verosímiles?
DAHLIA DE LA CERDA: Yo escribo como actriz del método: voy y me meto. Hago entrevistas, veo documentales, leo papers, hablo con gente. Para escribir Medea me fui un mes a vivir al rancho de donde es mi mamá para observar cómo funciona. No recomiendo. Con ese mes tuve para no querer regresar nunca. Yo ya tenía 10 años sin ir y vi cómo la mayor parte del pueblo ve a los narcos como héroes. Ellos son el gobierno. Si tienes un conflicto con un vecino, se lo dices a ellos y los sientan a arreglarlo por las buenas o por las malas. Si te agarran robando, la primera vez te pegan, la segunda te queman las manos y la tercera te matan. Es aterrador.
Eso me sirvió para construir Aztlán como mundo narrativo, con sus lógicas internas. Luego ya me fui directo a cada personaje: entrevisté a mujeres que son hijas de soldados, a mujeres con familiares desaparecidos, a mujeres que han sido de la chingada con sus hijos. A cada personaje le dedico dos o tres meses para construir su arco dramático y darle su propia voz.
RAYA: Ha logrado un reconocimiento internacional y una circulación poco común para una escritora latinoamericana. ¿Se puede vivir de la literatura en esta época?
DAHLIA DE LA CERDA: Yo solo puedo hablar por mi experiencia personal. Y en mi experiencia, sí. A mí me va muy bien de regalías y ventas de derechos. Me ofrecen adelantos por libros que no he escrito, cantidades que me sirven para un añito. Perras de reserva fue un fenómeno en México, vendió como 60,000 copias, estuvo en la Long List del Premio Booker Internacional y los derechos los tiene Amazon. Eso me ha dado un chingo de dinero. Medea me cantó un corrido ganó el Audie a mejor audiolibro del año y fue finalista del Premio Ribera del Duero.
Pero sé que no es común. A mí me funciona porque toda mi vida fui comerciante. Trabajé en un tianguis, vendí Avón, vendí gelatinas. Vendo todo. Hago labor de venta con mis libros y además me dedico mucho a los clubes de lectura: tengo abierta la convocatoria, club que veo, club al que les digo "invítenme". Le dedico mucho tiempo a mis lectoras. En las ferias del libro no asisto a eventos sociales ni brindis de honor: voy a firmar 200 libros. Además, respecto a esos eventos sociales, me cuesta mucho trabajo ser fina, soy muy salvaje y eventualmente digo alguna barbaridad o confieso algún crimen, como que una vez compré una guitarra robada. Y sí sabía que era robada. Pero es que en el tianguis era muy normal comprar robado, los mismos vendedores decían: "Pásele a ver qué reconoce".
Para que Medea llegue a la lista corta del Booker, le prometí a la Virgen de San Juan mi cabello. Lo tengo hasta la cintura, sin ningún procedimiento químico, lavado con champús orgánicos. Si quedo en la lista larga, me lo corto a la mitad y lo dono para pelucas oncológicas. Si quedo en la corta, al ras.
RAYA: Usted es muy activa en redes y ha enfrentado ataques por sus posiciones políticas ¿Cómo vive esa exposición pública?
DAHLIA DE LA CERDA: Tengo una voz muy legítima. Soy congruente, transparente y muy mordaz. He logrado cosas como que bajaran un evento de la escritora Ariana Harwicz en la Feria del Libro de Madrid. No lo hice sola, nos coordinamos entre varias compañeras, pero yo fui la vocera. Ella es sionista y nosotras somos de Palestina libre desde el río hasta el mar. Gente con un millón de seguidores tiembla si yo la critico. Pero la violencia digital contra mí ha escalado a amenazas de muerte y a que me incitan al suicidio. Por eso voy a tener protección gubernamental próximamente. Vengo de denunciar a un influencer por discriminación e incitación al acoso. A mí me gusta pelear, pero no voy por la calle buscando pleito. Si me buscas, me encuentras.
RAYA: ¿Qué balance hace de su carrera y qué viene para Dahlia de la Cerda?
DAHLIA DE LA CERDA: Sostener mi vida es muy complicado. Todo lo hago en modo leyenda: con anemia, a veces con siete de hemoglobina, con hipotiroidismo y en un estado casi psicótico. Vivo en el polígono de marginación de Aguascalientes. Mis problemas son muy tercermundistas: estoy en España dando una conferencia en el Reina Sofía y me llega un mensaje de que van a anexar a un familiar o que una chica de 15 años ya se fue con el novio. Vivo en modo guerra, luchando contra la gotera. No puedo ver una gotera porque me activa el trauma. Por eso no escribo textos de largo aliento; para mí, 120 cuartillas ya es avaricia.
Pero disfruto los momentos de superestrella. Cuando estoy en Madrid lloro y digo: "Dios mío, que esto no termine nunca". Luego regreso a mi cuadra populachera y en mi mente suena: "Ya se te acabó tu vida de rockstar".
Eso sí, el prime de mi carrera todavía no llega. La serie de Perras de reserva va a salir y eso va a disparar las ventas. Estoy escribiendo mi primera novela. Según yo, en mi mente esquizofrénica, quiero crear un nuevo género literario. Mucho proyecto, mucho cine. Que nadie me crea una estrella fugaz.
