La alianza impulsada por Donald Trump con gobiernos afines de América Latina se presenta como una estrategia de seguridad hemisférica. Sin embargo, en diálogo con RAYA el analista chileno Fernando Estenssoro la interpreta como parte de una política de poder más abierta: contención de China, presión sobre la soberanía regional y alineamiento de las élites latinoamericanas con los intereses de Estados Unidos.
Por: David González M.
En medio de cuestionamientos al gobierno de Trump por el escándalo Epstein y la fallida operación en Irán, el mandatario estadounidense sacó tiempo para reunirse con 12 presidentes afines de América Latina y lanzar una nueva alianza que denominó Escudo de las Américas. Según la Casa Blanca, el pacto, que excluyó a mandatarios soberanistas que representan el 65% del PIB de la región (México, Brasil y Colombia) según datos del Banco Mundial, busca reconfigurar el orden hemisférico en el continente.
La reunión del pasado siete de marzo fortalece un eje que tiene como epicentro Miami y cuyo presunto objetivo sería fortalecer la estrategia de seguridad de Estados Unidos sobre las Américas. Para Washington, la arquitectura multilateral de la región puede ser remplazada por una coalición de afinidad ideológica con gobiernos de derecha
El relato formal es la seguridad. Así lo resumió el presidente Donald Trump: “El corazón de nuestro acuerdo es un compromiso de usar fuerza militar letal para destruir los siniestros cárteles y redes terroristas de una vez por todas”, dijo desde Mar-a-Lago, su club privado en Miami, a donde asistieron los convocados a la coalición. Un grupo de 12 mandatarios que representan el 24% del PIB regional.
En la foto aparecen varios líderes controvertidos: Javier Milei, presidente de Argentina, cuestionado por denuncias de corrupción y por su agenda de recortes. Nayib Bukele, de El Salvador, un país que pierde la lucha contra la pobreza y recibe acusaciones sólidas por crímenes de lesa humanidad. Daniel Noboa, presidente de Ecuador, hoy principal puerto de salida de la cocaína y el país más violento de América del Sur. También acudieron los mandatarios de Bolivia, Chile, Panamá, Paraguay, Costa Rica, Honduras, República Dominicana, Guyana, Trinidad y Tobago y Jamaica.
Aunque al encuentro por la parte de Estados Unidos asistieron el ministro de Guerra, Pete Hegseth, y su jefe del Departamento de Estado, Marco Rubio; quien liderará la iniciativa será Kristi Noem, Enviada Especial para el Escudo de las Américas. La trayectoria de la funcionaria resulta controvertida. Recientemente fue despedida como secretaria de Seguridad Nacional, una entidad que opera el ejército de ICE que ha estado detrás de las deportaciones de latinoamericanos y el asesinato de ciudadanos estadounidenses que se le oponían.
Sin embargo, más allá de la narrativa oficial, hay objetivos geopolíticos ambiciosos que buscan bloquear el acceso de China y sus inversiones a las infraestructuras críticas, anular la cooperación sur-sur y desmantelar la integración regional. Sobre el tema conversó con RAYA el reconocido analista geopolítico chileno Fernando Estenssoro, quien aseguró “que Estados Unidos no necesita presidentes sino capataces que le administren su hacienda”.
Escudo de las Américas, parte de la Doctrina Donroe
Este denominado "Escudo de las Américas" es solo una parte de la estrategia de política exterior de Washington para la región, publicada en un documento de Seguridad Nacional en diciembre de 2025, conocido como el "Corolario Trump". Dicha estrategia se inspiró en la controversial Doctrina Monroe que, a comienzos del siglo XIX, proclamaba "América para los americanos" y marcó el inicio de una era de intervencionismo, golpes de Estado y apoyo a conflictos civiles.
Los pilares de la Estrategia Nacional de 2025 incluyen la "Paz mediante la fuerza", es decir, el uso del poder militar, como en el caso del secuestro del mandatario venezolano Nicolás Maduro. También contempla la "Guerra contra el narcoterrorismo", que clasifica a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas. Esto ha derivado en bombardeos de embarcaciones en el Caribe con decenas de muertos sin juicio previo, e incluso en una operación militar terrestre conjunta entre los ejércitos estadounidenses y ecuatorianos cerca de la frontera con Colombia.
La estrategia también tiene como pilares el control del flujo migratorio hacia Estados Unidos —algo que la política de Trump ha definido como la lucha contra una "invasión"— y el alineamiento ideológico con el "America First", que busca doblegar a aquellos gobiernos que no son afines a las políticas de derecha de la administración Trump. Este es el caso de Cuba, hoy sometida a un cruento asedio que pone en jaque su supervivencia y las condiciones humanitarias mínimas, ante la agudización del largo bloqueo impuesto contra la isla.
Pero el pilar más importante de esta estrategia es alejar a su principal competidor por la hegemonía global: China. Para tal fin, se pretende establecer el dominio sobre los recursos de las naciones de las Américas e impedir que sean comercializados hacia otras regiones. De este modo, minerales críticos quedarían bajo contratos de proveedor único con empresas estadounidenses, incluido el control sobre puntos estratégicos de orden global como el canal de Panamá.
En su discurso durante el encuentro en Miami, Pete Hegseth, secretario de Guerra, habló de una nueva concepción regional que denominó la "Gran Norteamérica" (similar a la idea del "Gran Israel"), que abarcaría desde Groenlandia hasta el canal de Panamá. Hegseth anunció este concepto ante los mandatarios sumisos que solo aplaudían.
"Trump ha trazado un nuevo mapa estratégico desde Groenlandia hasta el golfo de América; lo llamamos la Gran Norteamérica. Toda nación soberana al norte del ecuador no forma parte del sur global, sino del perímetro de seguridad de esta gran región", definió Hegseth, actual ministro de Guerra de EE. UU.
Pete Hegseth: "Trump has drawn a new strategic map from Greenland to the Gulf of America - we call this map the Greater North America.
— ᗰᗩƳᖇᗩ (@LePapillonBlu2) March 6, 2026
Every sovereign nation north of the equator is not part of the global south, it is part of the security perimeter in this great neighborhood… pic.twitter.com/WsyrJLjPZF
El corolario Trump apenas comienza
Para Fernando Estenssoro, este contexto es gravísimo, pero no es una sorpresa. A su juicio, Trump solo defiende los intereses de Estados Unidos de manera más abierta.
"Es mucho más franco. No necesita ese caramelo de los derechos humanos y la democracia. Hablamos de geopolítica dura, de realismo puro de poder. Por lo tanto, dice: yo dicto las reglas del juego porque soy el más poderoso y lo que necesito son subordinados", afirma.
Para Estenssoro, el Escudo de las Américas, y en general el corolario Trump, es un imperialismo más desnudo, pero se enmarca dentro de una línea histórica de continuidad. Incluso, dice, Washington construyó tras la II Guerra Mundial un orden internacional liberal alrededor de las ideas que tenía de lo que debía ser el mundo, que le sirvieron en su contexto y momento histórico.
Tras la Guerra Fría, explica el académico, el orden neoliberal se globalizó: "Íbamos a ser todos liberales, todo el planeta tenía que adoptar la forma de vida occidental, los valores occidentales. Unos iban a llegar antes, otros después, pero todos íbamos para allá".
Pero esa creencia se erosionó y apenas si duró en la década de 1990 y en la primera del siglo XXI.
"Ahí es cuando despiertan de este sueño y se dan cuenta de que en el fondo están metidos en una pesadilla, y esa pesadilla significa que han perdido su supremacía y que les aparece en el horizonte China y toda Asia. Entonces, toda la estrategia definida por los liberales es rechazada por Trump. Se acerca más a planteamientos conservadores clásicos de Estados Unidos que preferían asegurar el poder mediante la fuerza”.
Para Estenssoro, Trump está poniendo las cartas sobre la mesa y apenas está empezando. Es un momento para ver quién es quién dentro de las élites nacionales de los países latinoamericanos, que empiezan a entrar en crisis por la contradicción y el cambio del relato.
"Los empresarios, las oligarquías terratenientes y exportadoras de América Latina no tienen el mercado en Estados Unidos. Ellos tienen el mercado en China. Ahí están ganando dinero, no en Estados Unidos. Los países que hoy dependen del mercado estadounidense son cada vez menos", explica y agrega: "Gran parte de los países de América Latina dependen del mercado chino, que no es precisamente una democracia liberal".
"Además, les están rompiendo las reglas del juego, les están poniendo aranceles, les están quitando visas, les están expulsando a los latinoamericanos, solamente por ser latinoamericanos, por ser más morenitos, y eso son los Estados Unidos de Trump".
Para Estenssoro, ese modelo que históricamente vendió Estados Unidos a las élites ya no existe, y eso produce una gran contradicción entre las clases dominantes de la región, que todavía no saben qué respuesta dar.
Latinoamérica entre la unidad soberana y la sumisión perpetua
Una imagen de la cumbre del Escudo de las Américas se hizo viral. El recién posesionado presidente de Chile, José Antonio Kast, intentó aparecer en la foto oficial al lado de Trump. Pero los organizadores lo reubicaron y lo mandaron al fondo, mientras que Bukele, de El Salvador, se quedó en el lugar de honor junto al mandatario estadounidense. El patético momento marca el horizonte de esa nueva alianza convocada en Miami.
🔴 Comenzaron las humillaciones:
— Ciudadano Roberto Kiltro (@RobertoMerken) March 7, 2026
José Antonio Kast fue sacado del lado de Donald Trump en la foto oficial y trasladado a un tercer lugar.
Un momento incómodo que terminó convirtiéndose en una humillación protocolar para quien suele presentarse como uno de sus principales… pic.twitter.com/GjFad8ldHN
Y no podía ser de otra forma. Parte de la iniciativa que liderará Kristi Noem exige acceso a las redes de inteligencia local bajo amenaza de sanciones, cesión de soberanía para operaciones de seguridad interna lideradas por Estados Unidos y despliegue unilateral de tropas si es necesario.
"La única posibilidad de defender nuestros intereses es que empecemos a unirnos y empecemos a tratar de levantar una voz en conjunto. De lo contrario, nos vamos a transformar en la periferia eterna o en el sur absoluto del sur global", explica Estenssoro, quien además cree que el derrumbe del supremacismo estadounidense es un hecho y cuestiona a las élites latinoamericanas que priorizan sus intereses sobre los de las naciones.
Pese a lo complejo del panorama, recuerda que existen antecedentes de esos intentos de unidad en Latinoamérica. "Cuando murió el comandante Hugo Chávez, en su funeral, a un lado estaba el presidente Piñera —de derecha neoliberal— y al otro lado estaba Raúl Castro en la guardia de honor".
Reconoce, no obstante, que hoy se vive otro momento, con líderes latinoamericanos menos fuertes y menos formados en medio de una coyuntura donde Estados Unidos muestra signos evidentes de debilidad: fractura social, polarización interna y una situación geopolítica con Irán que puede resultar en una dura derrota estratégica en Asia occidental.
"Estados Unidos no es capaz de bloquear toda América del Sur; no puede hacerlo. Lo puede hacer con un país, con uno pequeño, pero no puede bloquear todo el Atlántico; no puede bloquear todo el Pacífico. No tiene barcos, no tiene satélites, no tiene nada para hacer eso. Estados Unidos está extraordinariamente débil".
Y concluye Estenssoro: "Si tuviéramos próceres de verdad, no algunos payasos que andan dando vueltas. Si pudiéramos resucitar a San Martín, a Bolívar… Este es el momento de obtener la independencia total, política y económica”.
