Década tras década, el evangelismo de derecha crece en la sociedad brasileña y se convierte en una fuerza determinante en el poder de la nueva derecha bolsonarista, que busca regresar al poder tras ganar la primera vuelta. Con 47,4 millones de fieles, el 26,9 % de la población de diez años o más, y una bancada que llegó al Congreso con el respaldo de los dos diputados más votados de Brasil, se convierten en el músculo para el proyecto de extrema derecha en Brasil, al que Lula da Silva busca resistir. ¿De dónde viene esta fuerza política? ¿Por qué crece en Brasil? ¿Qué sectores representa?
Por: David González M.
En una apretada primera vuelta, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y golpista condenado Jair Bolsonaro, ganó ante el actual presidente Lula da Silva por menos de dos puntos porcentuales. La estrecha ventaja deja abierta la disputa por la Presidencia en la segunda vuelta. Un componente clave de esa fuerza es el poder evangélico.
Ese poder también se expresó en las elecciones legislativas: los dos diputados federales más votados del país son evangélicos bolsonaristas y jóvenes influencers de la derecha cristiana. Nikolas Ferreira, hijo del pastor evangélico Edésio de Oliveira, con más de 3,1 millones de votos y unos 20 millones de seguidores en Instagram, que se define como “defensor de la familia”, y Lucas Pavanato, con más de 3 millones de votos. Llegan a un Congreso donde el Frente Parlamentario Evangélico contaba, según una estimación de 2023, con 132 diputados y 14 senadores. En febrero de 2025, la Cámara registró 219 diputados y 26 senadores. en ese Frente, que también reúne a aliados políticos de distintas Los dos son ejemplos de esa fuerza política que es base del bolsonarismo y conjuga por lo menos dos elementos clave y comunes en otras elecciones del continente: redes sociales y un discurso fundamentalista desde la fe cristiana.
Para entender las raíces de esa influencia, RAYA habló con Claudio Carvalhaes, quien creció en una de las iglesias evangélicas de São Paulo, es pastor de la Iglesia Presbiteriana y defensor de la teología de la liberación. Es profesor y titular de la cátedra Marilyn Seven del Union Theological Seminary de Nueva York y crítico del evangelismo que impulsa a las ultraderechas en su país y en el continente.
Él cree que el crecimiento evangélico tiene varias aristas en Brasil y no se puede reducir a una sola, hay varios elementos: una injerencia extranjera de EE. UU. e Israel, también un Estado ausente en lugares marginados, una propuesta de comunidad y algo que sirve de punta de lanza ideológica conocido como la teología de la prosperidad.
Estos elementos, desde la mirada de Carvalhaes, son un artificio, una especie de espiritualidad creada por el propio capitalismo para perpetuarse en momentos de crisis. “Lo que pasó es la correlación entre el capitalismo y la iglesia, que se llevó todo lo colectivo, se llevó el evangelio social. Ahora, la individualización del capitalismo y la individualización de las iglesias: son una conexión combustible”. Y agrega: “Cuando empieza la corrosión de los Estados, la descomposición de las estructuras sociales que nos sostenían, tienes que arreglártelas solo. Te vuelves responsable de tu supervivencia. Eso es el neoliberalismo en forma pura. El genio de esas nuevas iglesias pentecostales es ponerle un lenguaje teológico y espiritual”.
Ese crecimiento también tiene una dimensión demográfica. En los últimos datos del censo del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), los evangélicos en Brasil, un país históricamente católico, alcanzaron el 26,9 % de la población de diez años o más, alrededor de unos 47,4 millones de personas. Las proyecciones religiosas situaban hacia 2032 el momento en que serían la principal identidad religiosa del Brasil.
Por su parte, la representación evangélica en la Cámara baja creció de 33 representantes en 1987 a 93 diputados identificados como evangélicos al inicio de la legislatura de 2023. Veinticinco de esos escaños pertenecen a una red de ministerios evangélicos conocidos como Assembleia de Deus. Por otro lado, el partido Republicanos, históricamente relacionado con la Iglesia Universal, cuenta con 41 diputados federales y 433 alcaldes elegidos en las elecciones municipales de 2024. Esas dos estructuras disputan el liderazgo de la bancada conservadora en Brasil, pero tienen en común el apoyo abierto al bolsonarismo y una estrecha relación y defensa del Estado de Israel y sus políticas.
Israel, Estados Unidos y la articulación internacional de la derecha vía evangelismo
Ariel Goldstein es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe. Escribió el libro “Poder evangélico: Cómo los grupos religiosos están copando la política en América”. Él explicó a Raya: “Varias de esas corrientes de las iglesias evangélicas creen que Israel es una tierra prometida donde va a producirse el Armagedón, el nuevo Mesías, una refundación del mundo. Apoyan al Estado de Israel como tierra prometida y de alguna manera hay una convergencia con los ultraortodoxos de Israel. Lo que termina de hacer ese giro es Trump: con su victoria, la bandera estadounidense y la bandera israelí se convierten en emblemas de la derecha radical a nivel global”.
Por su parte, Carvalhaes explica: “Los cristianos leen a Israel como el lugar del pueblo de Dios. Lo toman al pie de la letra. Con la influencia de Estados Unidos en América Latina, esa influencia de Israel empieza a llegar también, porque vienen juntos”.
Esa articulación tiene una historia más larga. Si bien es cierto que hay suficiente evidencia histórica de las primeras misiones europeas y norteamericanas evangélicas en Brasil desde el siglo XIX y comienzos del siglo XX, su apogeo empieza alrededor de la década de los setenta. Justo cuando en América Latina sectores católicos institucionales y otros más radicalizados abrazan las propuestas de una espiritualidad que llamaron teología de la liberación.
Esta corriente católica latinoamericana nace a la luz del Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín de 1968. Y básicamente propone leer el evangelio y entender la fe desde los oprimidos y como un compromiso de liberación histórica en el mundo real. No solo como un tema de salvación en una dimensión espiritual. El cura Camilo Torres fue inspirador en vida de esta corriente, así como el peruano Gustavo Gutiérrez, que dio nombre al movimiento en un libro que llamó “Teología de la liberación” y publicó en 1971.
Los documentos estadounidenses de la época muestran que la CIA seguía con preocupación el compromiso social y político de sectores de la Iglesia católica latinoamericana, que algunas agencias interpretaban en el marco de la disputa anticomunista. Distintos memorandos del Departamento de Estado y de la propia agencia de inteligencia llaman a responder a lo que consideran una amenaza. El siguiente memorando desclasificado del propio Henry Kissinger publicado en el archivo del Departamento de Estado demuestra el seguimiento detallado que hacían a la corriente y advertían del peligro de los sacerdotes radicales que “trabajan por el mejoramiento social” y culpan de la situación de empobrecimiento a “influencia extranjera como élites locales”, lo que, según ellos, puede alimentar un sentimiento “antiamericano”.

Documentos de análisis estratégico como el Informe Rockefeller de 1969 y los Documentos de Santa Fe I de 1980 y II de 1988, el primero elaborado antes de la presidencia de Reagan y los otros dos por asesores conservadores estadounidenses, advirtieron a la Casa Blanca que la Iglesia Católica había dejado de ser una aliada confiable por su compromiso con los sectores populares. Santa Fe I fue explícito: sus autores propusieron que la política exterior estadounidense contrarrestara la teología de la liberación, a la que asociaban con la expansión del marxismo.
Estas iniciativas formaron parte de las disputas anticomunistas de la Guerra Fría, aunque no todas las misiones religiosas tuvieron el mismo origen ni respondieron a una única estrategia. Desde Estados Unidos se impulsó el desembarco de más misiones e iglesias evangélicas ultraconservadoras en todo el continente, entre ellas corrientes que después se expandirían bajo el neopentecostalismo. Estas corrientes enfatizaron la salvación individual antes que la transformación social.
Desde 1990, grandes iglesias neopentecostales se consolidaron en Brasil. Y la teología de la prosperidad comenzó a adoptar progresivamente imaginería y rituales del Antiguo Testamento y de la tradición judía. Que una vez establecidos sirven a la política exterior de los sectores conservadores estadounidenses y del Estado de Israel.
En mayo de 2016, en vísperas de su carrera presidencial, Jair Bolsonaro fue bautizado en el río Jordán en Israel por el pastor Everaldo, un líder de la Assembleia de Deus y del Partido Social Cristiano. Ese gesto formó parte del acercamiento a sectores evangélicos antes del triunfo en segunda vuelta del candidato ultraderechista en 2018.

Foto tomada de: https://www.pagina12.com.ar/147320-el-dia-en-que-bolso-nazi-fue-bautizado-messias/
Esa fe nueva evangélica evolucionó hasta lo que hoy es la base de las iglesias que crecen en las favelas de Río de Janeiro, las comunas de Medellín o las villas en Buenos Aires. Y que han sido recientemente una base popular importante de las victorias políticas de Bolsonaro, Abelardo de la Espriella y Javier Milei. En Argentina, un sondeo de CEIL-Conicet de mayo de 2026 encontró mayor apoyo relativo a Milei entre personas evangélicas en 2023; en Colombia, la campaña de De la Espriella contó con la adhesión de Colombia Justa Libres y el respaldo de pastores y dirigentes de megaiglesias.
Del conservadurismo a la guerra de Cristo Rey
Lo más preocupante de todo esto no es ni siquiera el ascenso de ideas conservadoras al poder político. Sino que detrás de esa bandera de Israel que ondean en las marchas sectores evangélicos conservadores hay un llamado a una guerra santa, a una cruzada moral. Carvalhaes explica así su significado: “Cuando tienes la bandera de Israel, tienes la bandera de la guerra, la bandera de que hay que pelear por uno mismo. Para ellos, Israel es la pelea de la gente buena contra todos los paganos”.
En Colombia, esa articulación entre sectores religiosos y políticos tiene antecedentes concretos. La investigadora Elizabeth S. Corredor documentó cómo dirigentes católicos y evangélicos conservadores confluyeron en campañas contra un programa educativo que buscaba prevenir la discriminación por orientación sexual e identidad de género y contra el enfoque de género del acuerdo de paz de 2016. La llamada «ideología de género» sirvió como argumento de movilización para disputar decisiones del Estado.
Goldstein, por su parte, dice a RAYA que esta excusa espiritual ha mostrado ser muy útil para administrar los ajustes y la reducción de Estado: “Para que la gente tolere el ajuste hay que vender la dimensión moral del mismo. Hay que construir esta promesa de castigo: ellos te robaron, ahora los vamos a castigar. Probablemente De la Espriella va a hacer lo mismo: el petrismo fue todo corrupción, todo saqueo, un marxismo desbocado; ahora hay que castigar a los que te hicieron sufrir. Y ahí el discurso religioso es necesario para esa dimensión moral del ajuste y del castigo, porque si solo se explica en términos de gestión es poco tolerable, no tiene legitimidad simbólica para aplicarse”.
La guerra santa que promueve ese evangelismo no es contra algo abstracto o de una dimensión espiritual, tiene nombres propios y responde a actores políticos clave de las sociedades adonde llega. En las campañas electorales en Brasil tanto Bolsonaro como algunos de sus candidatos lanzaron discursos que llegaron a demonizar explícitamente a partidos como el Partido de los Trabajadores, presentándolos como agentes diabólicos responsables de la crisis.
También los ataques van contra otras espiritualidades que no caben en su visión fundamentalista. En planos más radicalizados, como en favelas de Río de Janeiro, grupos como los denominados “bandidos evangélicos” emprendieron ataques violentos e intolerancia religiosa contra practicantes de Umbanda y Candomblé, prácticas espirituales afrobrasileñas. Así como la estigmatización hacia sacerdotes y colectivos cristianos que defienden la teología de la liberación.
“En Río de Janeiro, las facciones pelean entre sí. Antes todos eran católicos. Ahora los principales líderes se están convirtiendo a esas iglesias pentecostales y usan el lenguaje de la guerra religiosa para pelear contra otras. Tienes a pastores rezando por gente con esas armas enormes, con ametralladoras”, resume Carvalhaes para Raya. “Crecí en la iglesia protestante. No era lo que tenemos hoy”, y agrega: “Entonces hay que preguntarse qué tipo de evangelio, qué tipo de espiritualidad hubo ahí, que sigue haciendo que la gente piense que esto es una opción”.
Para Goldstein la respuesta evangélica no es solo una estrategia electoral, sino una nueva forma de construcción de comunidad. “Frente a los problemas que tiene el Estado, el avance del narcotráfico, las iglesias evangélicas aparecen como un reaseguro, como un núcleo de construcción de comunidad frente a problemas como las adicciones, el alcoholismo, la violencia doméstica, y sobre todo frente a un Estado que no logra cumplir con algunas de las tareas que la gente espera”.
“En una iglesia protestante preguntan: ¿Quién es usted? ¿Está casado? ¿Dónde vive? ¿Necesita algo? Siempre hay esta conexión, hay comunidad. ¿Por qué quieres volver? Porque sé que aquí tengo a alguien que está para mí. Y eso es algo cierto esas iglesias les dan a los pobres respuesta a algunas de sus necesidades: 'puedes venir a trabajar conmigo', 'vamos a darte comida'. Siempre hay esta provisión en esas comunidades pequeñas. En una misa católica entras y nadie se interesa por ti.", explica Carvalhaes y concluye: “En la iglesia protestante, el Dios es el Dios del individuo. Dicen tu nombre: ¿estás necesitado?, ¿te falta dinero? Dios te ayudará. Te está viendo. No eres alguien solo en el mundo”.
