La reciente disputa con Perú por una isla sobre el Amazonas es el síntoma de un problema mucho mayor: el río está cambiando su cauce por la sedimentación, lo que amenaza con dejar a Leticia sin su principal arteria fluvial. RAYA conversó con Santiago Duque, un profesor de la Universidad Nacional en Leticia quien lleva décadas estudiando esta gran arteria fluvial del llamado pulmón del mundo.
Por: David González M.
La reciente disputa diplomática de Colombia con Perú por la isla de Santa Rosa, que pocos en nuestro país habían escuchado mencionar, es el síntoma de un problema mucho mayor: el cambio de cauce del río Amazonas, un fenómeno ignorado por décadas que tiene sus raíces en la frontera, definida por el talweg (la parte más profunda del cauce según el Protocolo de Río de Janeiro de 1934), que podría moverse mucho más y dejar a Colombia sin acceso al brazo principal del río. La isla de Santa Rosa, una formación por sedimentación que apareció hace unos 50 años, ha cobrado relevancia ahora que el cauce avanza en su nuevo curso.
Para entender la situación, RAYA conversó con Santiago Duque, un investigador y profesor de la Universidad Nacional de Leticia que lleva décadas estudiando la geografía del río. "Nos ha tocado en este territorio ecuatorial y hay que entenderlo, comprenderlo, porque como vamos, no vamos. Seguimos peleando con la naturaleza", advierte Duque. El experto explica que la amenaza real no es política, sino que Leticia podría perder su relación vital con el río Amazonas, poniendo en riesgo la existencia misma de la ciudad.
RAYA: Profesor, ¿la existencia de Leticia, ciudad portuaria, podría estar en riesgo?
Lo primero es comentar que Leticia es una ciudad portuaria. Como cualquier ciudad portuaria en Colombia o en el mundo, la relación con un océano, mar o, en este caso, con un río, es fundamental. Toda la ciudad vive, convive y depende de esa relación con el río. Cuando digo relación con el río, es que, por ejemplo, en nuestro caso, hace una relación trifronteriza.
Hay una dinámica económica diaria, minuto a minuto, con las poblaciones cercanas de Perú, con Brasil y, obviamente, Colombia. Todo el movimiento de la gente ocurre a través del río. Toda la carga, en general, la gran mayoría, viene por río desde Puerto Asís, navegando 15 o 20 días por el río Putumayo, desde Puerto Asís, donde llega la carretera del centro del país, luego da la vuelta por San Pablo, Olivenza y remonta el río para llegar acá.
Tenemos una dinámica completa: la ciudad, las comunidades, las poblaciones, tanto indígenas como no indígenas, dependemos de la dinámica del río. También Leticia se ha convertido en un polo importantísimo de desarrollo turístico. La gente viene en avión a Leticia, pero luego remonta el río para visitar la selva, para visitar la naturaleza, para ver los delfines de río, para comer pescado.
Tenemos una de las ofertas de productos hídricos más grandes de Colombia. Aquí, solo en el tramo de Leticia que hemos trabajado con detalle, 40 km cuadrados no más, que son unos lagos, unas quebradas y el río, hay más de 500 especies de peces. Es el sitio de mayor biodiversidad de especies de agua dulce del mundo, lo tenemos aquí en Leticia. Los pobladores locales, que se llaman ribereños y son de cultura anfibia, viven y conviven con todos los servicios ecosistémicos que ofrece el río.
RAYA: ¿Qué es lo que está pasando con el río?
Este es un río cambiante, un río que varía de una época del año a otra porque tiene niveles de agua bajos, pero cuando asciende puede subir 12 m en vertical y, en territorio peruano, puede inundar 21 km. En el caso colombiano es un poco menos porque tenemos una formación geológica más antigua que está muy pegada al río.
Pero la dinámica de la inundación es fundamental para la vida de la ciudad y para la vida del río. Es un mundo que se nos ha olvidado.
Cuando el río inunda, viene de los Andes ecuatorianos y peruanos, la Cordillera de los Andes aporta muchos nutrientes, especialmente la zona ecuatoriana por el río Napo, que desemboca 200 km arriba de Leticia. Y deja sedimentos que traen nutrientes. Cuando las aguas se retiran, los pobladores locales hacen cultivos, aumentando su seguridad alimentaria. Es un río de una dimensión enorme. Puede que la ciudad tenga 50.000 habitantes (menos que un barrio pequeño de Bogotá), pero su dinámica es enorme al tener el gran río Amazonas. Cualquier transformación o modificación que ocurra (y ya se sabe con certeza lo que está pasando y lo que pasará en la próxima década) preocupa significativamente, sumado, por supuesto, a un nuevo escenario geográfico.
Cuando se firmaron los tratados con Perú en 1922, 1928 y 1934, era otra geografía. Hoy tenemos una diferente, y eso amerita, como lo indican los documentos de esos acuerdos, sentarse nuevamente a revisar todo.
RAYA: ¿Podría explicar en concreto por qué se habla de que Colombia podría quedar sin acceso al río Amazonas?
Sí, los dos brazos que llamamos colombianos actualmente - uno que pasa por la parte interna de la isla Ronda (adjudicada a Colombia en 1928-34) y el brazo que separa la isla Ronda de Chinería (adjudicado a Perú en los mismos años) - se están secando.
En la parte más alta hay un estrecho llamado Nazaret, donde el río fluye encauzado con mayor profundidad (aproximadamente 35-40 m). Este estrecho, ubicado a unos 20 km de Leticia, concentra el 100% del caudal del río. A partir de allí, aguas abajo, el río comienza a divagar y redistribuir su flujo.
Cuando un río como este (similar a la mayoría de los ríos del mundo) reduce su velocidad, deposita los sedimentos en suspensión (caudal sólido) que le dan su característico color amarillento (río de agua blanca). Este proceso forma barras de arena, playas y, posteriormente, vegetación (pastos, yarumos y otros arbustos), creando lo que denominamos islas. En 1993, la Universidad Nacional, a través del laboratorio de Estudios Hidráulicos de Bogotá, realizó mediciones que mostraron cómo, después del estrecho de Nazaret, el 70% del flujo pasaba por el brazo peruano (el más profundo) y solo el 30% por los dos brazos colombianos.
Recientemente, publicamos nuevos datos basados en mediciones del 25 de junio de este año, realizadas con equipos sofisticados traídos por un profesor de la sede Palmira. Durante esta medición (con el río aún en niveles altos, aunque descendiendo de su pico de inundación), se registraron 54,000 m³/s en Nazaret - caudal idéntico al medido 5 km abajo en el estrecho de Tabatinga. La preocupación surge al constatar que solo el 19% del flujo circulaba por los brazos colombianos, lo que representa una pérdida de aproximadamente 11% del caudal.
Una modelación de la Armada Nacional de Colombia, publicada por El Espectador entre 2015-2018, pronosticaba que para 2030 el Amazonas dejaría de fluir por los brazos colombianos. La realidad confirma esta tendencia: aunque no podemos precisar si será exactamente en 2030, es inevitable que el río deje de distribuir sus aguas por estos brazos de manera natural.
La única solución plausible sería implementar obras de ingeniería y dragados estratégicos que permitieran recuperar parcialmente el caudal en los brazos colombianos, mientras se mantiene el flujo principal por el brazo peruano.
RAYA: ¿Este dragado sería una solución definitiva?
Es una obra de ingeniería muy grande, pero es que tenemos que mirar que el problema de Leticia es muy grande. Aquí tenemos funcionarios de Invias, que están revisando varias obras con la gobernación y una de esas obras es que el muelle de Leticia es flotante, a donde llega la carga, la carga fluvial de peso llega por el muelle de Leticia y está 6-7 meses del año en tierra, porque no hay agua.
Entonces van a sacarlo, van a ampliarlo más de 300 metros. Lo que le decimos es que eso le va a funcionar un tiempo, pero si no corregimos o disminuimos el efecto de sedimentación sobre los brazos colombianos, pues en 5, 6, 7 años volverá a quedar en tierra. Entonces son escenarios donde se les dijo en el 2002, se entregaron en 2006 el estudio, había que hacer todo.
Entonces, esperemos que con este llamado tan importante e imperioso que hacemos desde la parte más meridional sur de Colombia, pues se hagan cosas. Hay que hacerlas. Sí, porque la ciudad cambiaría totalmente, se vería negativamente afectada si ya no pudiéramos salir al río.
RAYA: ¿Qué nos puede decir de las tensiones por la isla de Santa Rosa? El gobierno colombiano habla de una isla nueva y Perú de una extensión de su territorio.
Bueno, como digo, es una nueva geografía. Y esa geografía, cuando se escribió y se firmaron los tratados, era otra. Así que hay que sentarse a revisar por dos razones. Primero, la divisoria de país.
En 1922, 1928, 1934 era por donde iba el canal profundo del río, eso se llama técnicamente el talweg (una palabra de origen alemán), e iba por Colombia. Hoy va por el otro lado, por el brazo peruano grande que les he comentado, que lleva más del 81% de su caudal.
Y segundo, no hay todavía claridad, y eso lo tienen que hacer dos comisiones técnicas: revisar desde 1970, más o menos, o un poco antes, incluso hasta 1984, cómo fue la evolución de la parte baja de la isla de Chinería. Entonces hay un nuevo escenario, hubo un nuevo escenario. Esa isla que llaman Santa Rosa estuvo separada varios años de la isla Chinería y ahora se unió.
No voy a decir "se volvió a unir", sino que se unió: había un canal de separación y se unió. Ese escenario todavía no lo tenemos claro. Ayer, el profesor Vargas, un profesor nuestro experto en geografía de ríos, publicó una nota de prensa también de un órgano educativo de la Nacional, con un trabajo muy bonito y riguroso de fotografías satelitales y geografías de radar. Y ya aparecía la isla de Santa Rosa, entonces todavía hay una discusión por hacer: ¿qué es nuevo, qué no es nuevo? Eso ya es la interpretación que quieran dar los dos países a los textos de cuando se firmó. Entonces no es decir "es de uno o es del otro", sino que es perentorio sentarse los dos países.
Perentorio, incluso porque en dos semanas se van a encontrar los presidentes del Tratado de Cooperación Amazónica en Bogotá. Hay una cumbre y creo que también ya hay una citación en Lima en el mes de septiembre. Entonces tiene que haber comisiones técnicas de los dos países para que todo quede totalmente transparente.
Hay que sentarse a hablar.
RAYA: Usted mencionó el dragado como una opción, pero ¿qué pasaría si el gobierno colombiano no lo hace?
Supongamos que no se haga el dragado y que se llegue a algún acuerdo bipartito con Perú para poder salir al único canal que quedaría al otro lado de las dos islas, que son Santa Rosa y Chinería. Eso significa que tendríamos que caminar desde el puerto de Leticia 5 kilómetros. Caminando, no hay nada más que hacer.
Habría que pasar la Isla de la Fantasía, pasar ese canal que en algunas épocas del año será solo barras de arena, playas, y cuando está lloviendo, un lodazal impresionante; luego pasar la isla de Santa Rosa. El puerto de Santa Rosa está pegado hacia el norte, mirando hacia Leticia. Ellos tienen que reestructurar toda la isla para el otro lado porque también se va a secar esa parte de ellos. Si todo tiene que cambiar en el territorio.
Pasó el año pasado: el muelle que fue enterrado y el flujo de agua estuvo a 300 m del muelle. Hay videos, fotos de personas contratadas cargando al hombro absolutamente todo. Ahora imagínese 5 kilómetros cargando al hombro.
Cada minuto llegan canoas, botes, cargando un racimo de plátano. Traen una sarta de pescado. ¿Cómo sería una ciudad cuando el río queda tan lejos?
Por eso el llamado al gobierno: es una realidad. Hubo abandono, pero debemos enfrentarla. No podemos seguir quejándonos de lo que dijimos o muchos otros han dicho, sino unirnos para buscar las mejores soluciones para la ciudad y para un territorio transfronterizo en paz, que siempre ha contado con la amistad de peruanos y brasileños. Las decisiones deben tomarse conjuntamente, por común acuerdo.
Como digo, el río Amazonas no es de Colombia. El río Amazonas no es de Perú. En este tramo es de ambos países. Ambos deben sentarse a dialogar, con equipos técnicos de expertos que revisen y actualicen datos, modelen el comportamiento del río en las próximas décadas. Se puede predecir con certeza su dinámica, cuantificar al detalle, y determinar qué obras son viables y cuáles no.