El analista y académico Carlos Patiño, autor de Estados Unidos: 250 años de una república imperial, desmonta la idea de que el trumpismo se reduce a la figura de Trump. En esta entrevista explica el civilizacionismo y el papel de ideólogos como Curtis Yarvin y Peter Thiel, y el rol de Estados Unidos frente al orden mundial. Patiño analiza además las paradojas del hemisferio bajo la nueva edición de la Doctrina Monroe: Canadá amenazado de anexión, Groenlandia amenazado con perder territorio, México paradójicamente favorecido en lo comercial y la amenaza que intenta rediseñar el hemisferio entero.
Por: David González M.
Esta semana, Donald Trump amenazó con destruir un país durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York. Poco después, Xi Jinping, presidente de la República Popular China, apareció junto a su esposa en un cóctel en Washington, al lado de su homólogo estadounidense. Todo esto ocurre mientras se prolongan y recrudecen guerras y conflictos en Ucrania, Etiopía y Yemen. El mundo parece entrar en una nueva etapa de desorden global. El viejo orden liberal internacional, construido después de la Segunda Guerra Mundial y sostenido durante décadas por Estados Unidos y sus aliados, atraviesa una profunda transformación. Y en el centro de ese reacomodo está Washington.
¿Hacia dónde conduce el proyecto político de Donald Trump? ¿Está Estados Unidos avanzando hacia una forma de Estado imperial? ¿Y qué implicaciones tiene su apuesta geopolítica para el hemisferio americano? Para analizar estas preguntas, RAYA habló con el historiador y analista político Carlos Patiño, autor de Imperio contra los Estados: la destrucción del orden internacional contemporáneo, Guerras que cambiaron al mundo y de su más reciente libro, Estados Unidos: 250 años de una república imperial.
RAYA: ¿Cómo define el trumpismo y qué tan fuerte está en este momento en la política estadounidense?
PATIÑO: Si hay un trumpismo estrictamente, eso es una cosa; diferente es el movimiento MAGA: "Make America Great Again" y otra cosa distinta es el Partido Republicano.
Son tres ámbitos completamente diferentes, porque en muchos aspectos el movimiento MAGA difiere de los rasgos más personalistas de la política de Trump, que está más marcada por un asunto personal: el revanchismo, el aprovechamiento de los cargos de poder para sus propios negocios y los de su familia.
Hay condiciones presentes en el movimiento MAGA que no necesariamente comparte Trump. Por ejemplo, Trump ha dado un gran soporte a Benjamín Netanyahu y su gobierno, mientras que dentro del movimiento MAGA hay sectores ampliamente antisemitas, que arrastran un antisemitismo muy fuerte, afincado en sectores protestantes norteamericanos conservadores. Hay un solapamiento entre ese antisemitismo y cierta perspectiva conservadora. Esto también tiene que ver con otro hecho clave: una parte importante del movimiento está en contra de las guerras prolongadas, y cuando Donald Trump se metió en la guerra en Irán, surgió un sector que empezó a manifestarse en su contra.
De fondo también está una parte que uno podría definir como la élite intelectual que da soporte al gobierno de Donald Trump: lo que algunos han llamado el civilizacionismo. En esta idea de defender el mundo a través de civilizaciones marcadas por la herencia de la religión y la geografía. Esto conecta, de alguna manera, con una especie de esferas de influencia y ámbitos propios de cada gran poder internacional, y marcaría esa condición de poder.
Esto es muy interesante porque escapa un poco a los marcos de interpretación política e ideológica contemporáneos, pues lo que está en el fondo es una reconstrucción de ámbitos de poder imperial por fuera de los estados-nación, y explica esa crítica de fondo al sistema internacional basado en los estados nación. Y esto queda reflejado en esa disputa entre Estados Unidos y Canadá, que realmente es algo muy inédito y sorprendente para el mundo contemporáneo.
RAYA: En su libro Estados Unidos: 250 años de una república imperial hace un análisis de esa historia, ¿qué tan discontinuo es el gobierno de Trump respecto a esa línea histórica de expansionismo?
PATIÑO: Es importante aclarar que no es correcto afirmar que Estados Unidos siempre ha sido expansionista. Ese fue el comportamiento del siglo XIX, pero en el siglo XX realmente contuvo el expansionismo en el marco de lo que se suele llamar un imperio informal, o una condición básica de contención. Entre otras razones, porque fue Estados Unidos el poder básico que construyó el orden internacional en 1945.
Y justamente Donald Trump está en contra de esa contención y de esa manera de verlo. La forma más clara de ilustrarlo es que cuando Donald Trump volvió al gobierno, proclamó también la Doctrina Monroe el año pasado, en contra de la declaración de John Kerry como secretario de Estado en 2013 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Kerry renunciaba a esa versión de la Doctrina Monroe en que se había convertido desde la guerra de 1898 contra España. Donald Trump considera que eso fue un grave error, y de ahí nace la amenaza de anexión de Canadá, la toma de Groenlandia o el control sobre el canal de Panamá. Y eso lo que marca es esa idea de un retorno al marco del siglo XIX.
Eso lleva a una discusión incluso sobre algo falso: creer que Estados Unidos en el siglo XIX era más poderoso y más fuerte que en el siglo XX o en el siglo XXI. Es un error que surge de un revisionismo histórico equivocado frente a los datos y la manera de actuar.
RAYA: ¿Estas ideas sobre los estados imperiales se asemejan a las teorías de Dugin sobre la multipolaridad de estados civilizacionales? ¿Estamos viendo una ruptura real con el orden liberal que conocíamos y el tránsito hacia otra orden ?
PATIÑO: Alexander Dugin es un defensor leal de los imperios y de la guerra de Rusia contra Ucrania y la reimperialización de Rusia. Obviamente, esto va en contra de cualquier noción de independencia de los estados soberanos, en el sentido de los estados-nación. Y eso es ir en contra de todo el orden internacional construido, específicamente a partir de 1919 y de 1945.
Y es lo que también explica que, para algunos de estos sectores de lo que se llama la Ilustración Oscura, con Curtis Yarvin y Peter Thiel, en realidad no haya una posición hegemónica o contrahegemónica entre Estados Unidos y Rusia, sino una compenetración profunda, entre otras razones, por asuntos de la cristiandad, una profunda afiliación religiosa cristiana, identificaciones incluso étnicas o raciales y reconocimientos imperiales.
En ese sentido, para ellos los aliados en realidad no deberían ser los estados-nación europeos, sino Rusia como imperio o el entendimiento de China como imperio. Eso pone en aprieto, obviamente, al mundo en el que estamos, y es lo que le da sentido al discurso de Mark Carney cuando dijo en Davos, en enero de este año, que el mundo que conocíamos ya no existe. Tiene que ver en gran parte con estas dinámicas de poder en las que aparece esta forma de asumirlo.
RAYA: ¿Qué es la Ilustración Oscura?
PATIÑO: La Ilustración Oscura es lo como se denomina a una corriente de ideólogos, los pensadores cercanos a Trump. Quizás dos de los más conocidos son Curtis Yarvin y Peter Thiel. Yarvin es alguien que trabaja en torno a ideas de una especie de neomonarquismo y de crítica fuerte a la democracia. Detrás de eso está Peter Thiel, un empresario del sector de inteligencia artificial que además ha sido patrocinador y financiador de la carrera política de J. D. Vance, y que ha criticado fuertemente a la democracia diciendo que puede ser reemplazada por ámbitos empresariales.
Es un conjunto de ideas sobre neomonarquía, crítica a la democracia y ruptura de la noción de los estados-nación y su soberanía. Hay que decirlo con claridad: esto no es una especie de imperialismo a la usanza de lo que se había criticado en el siglo XX, sino una forma de ver el mundo con categorías de historia en la larga duración, que en todo caso no se sienten plenas con la noción del estado-nación. Y eso es parte de la confusión que este conjunto de ideas genera.
RAYA: ¿Qué puede ocurrir con Canadá, Brasil y México y el hemisferio bajo la doctrina Trump en el mediano plazo?
PATIÑO: Paradójicamente, en esta coyuntura, el país de mayor apriete es Canadá.
Es paradójico porque Canadá había resuelto las amenazas de anexión de Estados Unidos durante el siglo XIX, antes de la Primera Guerra Mundial, y Estados Unidos y Canadá pasaron todo el siglo XX con una relación bastante estable y continua.
Y resulta paradójico que esa relación, estable y continua, termine supeditada a esta amenaza de anexión de los Estados Unidos, que es lo que está detrás de las decisiones de defensa de Canadá desde finales del año pasado, el marco profundo de la guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos, e incluso la Casa Blanca promoviendo un referendo de independencia o separación de Alberta, la provincia canadiense. Eso es parte de lo más paradójico.
También es paradójico que, si por un lado México había sido siempre el punto de confrontación y disputa de Donald Trump, ahora resulta ser uno de los países más beneficiados comercialmente con los Estados Unidos y con mayor integración económica, mientras sigue existiendo toda esta persecución de migrantes de muchos orígenes, entre ellos de América Latina y de México.
En el caso de Brasil, es también una relación muy paradójica, porque si bien Donald Trump pretende beneficiar a sus allegados ideológicos, en este caso al hijo de Jair Bolsonaro, hay un fenómeno muy interesante que también se observa en Argentina: mientras que Milei critica fuertemente la presencia en América Latina de países como China o Irán, el gobierno de Milei sigue manteniendo negocios incuestionables con China de manera muy creciente y muy favorable. Esto mismo pasa con Brasil: una cercanía muy clara a Rusia y a China, porque Brasil siempre ha pretendido ser una especie de poder hegemónico diferenciado con respecto a los Estados Unidos.
La pregunta es si esto es una búsqueda de autonomía por cooperación, como lo había sido en el caso del gobierno de Henrique Cardoso, o si es un caso de autonomía por afirmación casi contrahegemónica, como en los gobiernos de Lula da Silva. Eso marca una diferencia necesaria en ese contexto.
RAYA: ¿Qué tan fuerte está realmente Estados Unidos en este momento, considerando lo ocurrido en Irán?
PATIÑO: Lo de Irán es diciente de un poder que tomó decisiones durante las últimas tres décadas creyendo que ya no había grandes confrontaciones ni retos globales, y fue bajando su propia proyección de poder militar, incluso económico y de inversiones globales. Eso también explica, por ejemplo, el proceso de desindustrialización que terminó favoreciendo directamente a China. En ese contexto, Estados Unidos fue perdiendo muchas de sus palancas de poder.
El retorno al imperio americano está en el contexto de un conjunto de ideas del civilizacionismo, bajo la creencia de que el imperio americano es la fuente de su propio poder. Solo que esto tampoco logra resolver una contradicción muy interesante: por un lado ataca a quien había sido su cercano cultural, político, ideológico e institucional —que es Canadá— y lo amenaza con la integración, mientras pretende tener un influjo y una posición hegemónica sobre el resto de América Latina. Pero eso contradice los principios mismos del civilizacionismo, porque las diferencias culturales, políticas e institucionales con América Latina son realmente muy grandes. Y no es que América Latina en esto sea una víctima bondadosa, sino que también tiene otras dinámicas de disputa regional realmente muy claras.
RAYA: Por último, ¿cómo entra en China en este orden, tras la reciente visita de su presidente en la Casa Blanca? ¿Cómo interpreta este encuentro bajo esa apuesta de estados imperiales?
PATIÑO: Lo de la visita de ayer sería estirar demasiado el argumento; no se puede llevar a un encuentro de ese tipo una lógica imperial. En realidad, lo que hay estrictamente es el marco de las relaciones interestatales y las visitas de Estado. La visita de Xi Jinping es una especie de reconocimiento a la visita de Donald Trump en mayo a China.
Es la segunda vez que Xi Jinping está de visita en Estados Unidos después de que había estado en Mar-a-Lago en 2016 o 2017 —no recuerdo bien—, cuando fue recibido por Donald Trump como presidente de su primer mandato. Y eso es la segunda o tercera vez de un gobernante chino que, después del periodo de Barack Obama, asiste a un nivel de visita de estado.
Sin embargo, detrás están todas las interpretaciones y todas las maneras de verlo. Esto es muy importante porque China se presenta —y es de lo más paradójico— como un estado moderado. Y lo más paradójico es que, siendo gobernada por el Partido Comunista, se presenta además como defensora del mercado global, de la globalización e incluso de una noción liberal de la economía internacional. Eso va en cierta contravía frente al proteccionismo del gobierno de Donald Trump, y resulta que Trump se ubica en contra de una noción abierta de la economía internacional. Eso, insisto, escapa a los marcos de interpretación más frecuentes que se han hecho de muchos elementos de la política actual.
