Del MIRA en 2014 al Pacto Histórico en 2022, la historia electoral reciente muestra que los votos no solo se consiguen: también se defienden. Los testigos, las fotos del E-14, las reclamaciones y los escrutinios pueden corregir errores, recuperar votos y cambiar la representación política. ¿Por qué serán tan importantes los testigos en las próximas elecciones?
Por: Redacción Revista RAYA en alianza con el CNE
En Colombia, una elección no termina cuando se cierran las urnas. A las cuatro de la tarde empieza otra fase menos visible, pero decisiva: el conteo en mesa, el diligenciamiento del formulario E-14, la transmisión de resultados, las reclamaciones y los escrutinios. Allí los testigos electorales se convierten en el primer eslabón de una cadena que puede definir si un voto se cuenta, se corrige o se pierde en el trámite. Su importancia está en producir memoria verificable: fotografías del E-14, constancias, reportes y alertas que permitan a las campañas llegar a los escrutinios con datos propios y no solo con la confianza puesta en el preconteo.
Por eso, la historia electoral reciente en Colombia ha dejado una lección incómoda: conseguir votos no siempre basta. También hay que tener capacidad de defenderlos. Esa defensa requiere testigos preparados, abogados electorales, coordinación territorial, copias de formularios, reclamaciones oportunas y una estructura capaz de seguir el proceso hasta que el resultado quede en firme.
La diferencia es importante porque el preconteo no es el resultado oficial. Los datos que se conocen la noche de la elección sirven para informar tendencias, pero la votación jurídicamente válida se define en los escrutinios. En esa etapa, las autoridades revisan documentos, resuelven reclamaciones y consolidan la votación. Entre la foto rápida de la noche electoral y el resultado definitivo puede haber diferencias, y allí el papel de los testigos se vuelve central. El País explicó recientemente cómo funciona ese paso a paso del escrutinio y el lugar que ocupan los E-14 dentro del proceso electoral colombiano.
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El caso MIRA: cuando reclamar cambió el Congreso
El antecedente más citado es el del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta, MIRA, en las elecciones legislativas de 2014. Ese año, el partido perdió tres curules en el Senado y denunció irregularidades en votaciones, escrutinios y sistemas de información electoral. El caso llegó al Consejo de Estado y, cuatro años después, el alto tribunal le devolvió las tres curules. Según registró El Tiempo, el fallo habló de destrucción de material electoral, inconsistencias entre formularios E-14 y E-24 y sabotaje al software de escrutinio.
El caso no solo modificó la composición del Congreso. También se convirtió en un precedente sobre la importancia de documentar, reclamar y sostener jurídicamente la defensa del voto. Mostró que los testigos no actúan aislados: su trabajo en la mesa es apenas el primer punto de una cadena más larga que incluye conservar soportes, contrastar formularios y alimentar una defensa jurídica. Sin esa información de origen, una campaña llega más débil al escrutinio.
RAYA también ha documentado ese antecedente dentro de una investigación sobre las empresas privadas que operan componentes estratégicos del sistema electoral colombiano. En ese trabajo, esta revista recordó que el Consejo de Estado encontró sabotaje en 1.412 mesas y que ese episodio afectó la votación del MIRA en 2014. La investigación también señaló que no fue posible identificar a los determinadores porque no se contaba con el aplicativo original ni con todos los dispositivos utilizados en las mesas denunciadas por el partido.
Colombia Justa Libres: el umbral también se disputa
En 2018, Colombia Justa Libres volvió a mostrar que la defensa del voto no se limita a curules individuales. También puede definir si una colectividad supera o no el umbral electoral. La Fundación Paz y Reconciliación registró que ese movimiento recuperó cerca de 35.000 votos en el proceso de escrutinio: pasó de 431.418 votos en el preconteo a 466.491 en los formularios de escrutinio, una cifra que le permitió superar el umbral y obtener representación en el Senado.
Ese antecedente reforzó la misma enseñanza del caso MIRA: cuando una organización política está cerca de entrar o salir del Congreso, cada mesa puede ser decisiva. Una casilla mal diligenciada, una suma incorrecta o una reclamación no presentada a tiempo pueden tener efectos sobre la representación política.
En términos prácticos, esa es una de las razones por las que los testigos importan: no reemplazan a la autoridad electoral, pero producen memoria verificable para corregir errores en los escrutinios.
El Pacto Histórico y la disputa por los formularios
En 2022, el formulario E-14 volvió al centro de la discusión pública. Tras el preconteo de las legislativas, el Pacto Histórico apareció con una votación menor a la que luego se consolidó en los escrutinios. Según registró El Colombiano, esa coalición sumó 390.152 votos durante la revisión oficial y esa variación podía modificar la distribución de curules en el Senado.
El episodio reforzó una distinción clave: el preconteo informa tendencias la noche de la elección, pero el resultado jurídicamente válido se define en los escrutinios. Esa diferencia no es un tecnicismo. Es el espacio en el que los partidos contrastan formularios, revisan sumas, piden apertura de bolsas y buscan demostrar si una votación fue registrada correctamente.
Alexander Reina Otero, profesor de Legislación Política y Sistemas Electorales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, explica que el preconteo cumple una función política y comunicativa: informa rápido y ayuda a bajar la tensión de la noche electoral, pero no define el resultado. “El preconteo es una herramienta para los medios de comunicación y para que la ciudadanía se tranquilice, pero ese no es el resultado final”, señala. Por eso, advierte, la pedagogía electoral debe insistir en que una diferencia entre preconteo y escrutinio no prueba por sí sola una irregularidad, aunque sí puede abrir una alerta que debe revisarse con documentos.
Desde el Pacto Histórico, Alirio Uribe recuerda esa experiencia como el punto de partida de una estrategia más organizada para 2026. Según dijo a RAYA, hace cuatro años su colectividad pudo identificar mesas en cero y recuperar votos en escrutinio, pero considera que una estructura más robusta habría permitido defender más curules. Por eso, para este ciclo, la apuesta no se limita a tener testigos en los puestos: incluye capturar los E-14 desde las mesas, procesarlos internamente y preparar abogados para intervenir en los escrutinios cuando aparezcan inconsistencias.
“Nosotros vamos a acceder a los E-14 que publique la Registraduría, pero vamos a acceder también a los que cada testigo nos mande desde cada mesa de votación”, explicó Uribe. En su lectura, esa base propia permite construir una “registraduría paralela” o “registraduría popular”: no para sustituir a la autoridad electoral, sino para contrastar la información oficial con los registros capturados por sus testigos.
La defensa del voto se volvió más técnica
La experiencia acumulada desde el caso MIRA hasta 2022 ayuda a explicar por qué, para 2026, la defensa del voto ya no se entiende solo como presencia física en la mesa. El Consejo Nacional Electoral presentó la Plataforma de Postulación y Acreditación de Actores Electorales para ordenar la presencia de testigos, auditores de sistemas y observadores en las distintas etapas del proceso, e incorporó Comitium en Línea, una aplicación que permite verificar credenciales, registrar incidencias y reportar fotografías del E-14 al cierre de la jornada. Según la UT Actores Electorales, esta herramienta no reemplaza el preconteo de la Registraduría, sino que funciona como apoyo complementario para el control de resultados por parte de cada agrupación.
La diferencia con el pasado es que esa defensa combina presencia territorial, registros digitales, auditoría de sistemas, equipos jurídicos y capacidad de procesamiento de datos. Pero la tecnología no elimina la desigualdad política: las campañas con más estructura pueden cubrir más mesas, comparar más formularios y llegar con más fuerza a la revisión de resultados.
Esa tecnificación también aparece en la organización interna de las campañas. Diego Saavedra, gerente del Día D de la campaña de Sergio Fajardo, explicó a RAYA que su equipo adelanta capacitaciones virtuales diarias con testigos, voluntarios y miembros de campaña, con prioridad en las ciudades de mayor caudal electoral. También reconoció dificultades para cubrir zonas de conflicto en departamentos como Nariño, Cauca y Valle del Cauca, donde la presencia de testigos puede ser más compleja.
Saavedra identifica tres puntos sensibles: la apertura de mesas en zonas de riesgo, el diligenciamiento de los E-14 y los escrutinios. “Hay mucho desconocimiento en el jurado de cómo llenar los E-14”, señaló. Por eso, dijo que la campaña planea usar inteligencia artificial y un equipo de entre 200 y 300 personas para revisar formularios, detectar errores aritméticos, tachones o correcciones, y contrastar la información de mesa con los datos oficiales.
Los escrutinios de 2026: distintas lecturas sobre una misma disputa
En los escrutinios legislativos de 2026, esa tensión volvió a aparecer. En Corferias, representantes de distintos partidos hablaron de votos recuperados, diferencias entre Senado y Cámara, solicitudes de apertura de bolsas y discusiones jurídicas. Las lecturas no fueron iguales: mientras algunos sectores hablaron de fraude, otros prefirieron referirse a alertas, errores corregibles o diferencias de interpretación.
Andrés Camilo Rodríguez, excandidato a la Cámara por Bogotá por el Pacto Histórico, aseguró que su equipo encontró casos en los que la votación del Senado no coincidía con la de Cámara. Según su testimonio, en algunas mesas aparecían votos al Senado por el Pacto Histórico, pero cero votos a Cámara por Bogotá, lo que llevó a solicitar revisiones. “Evidenciamos de forma sistemática alrededor de 300 casos en Corferias en donde a Cámara por Bogotá le aparecen cero votos, mientras que al Senado de la República 50, 70, hasta 120”, dijo.
Mario Velázquez, abogado del Partido Verde, también habló de inconsistencias entre la votación de Senado y Cámara, y de casos en los que, según su versión, votos de una lista aparecían asignados a otros candidatos o partidos. “Hemos encontrado que los votos han sido asignados a otros partidos o a otros candidatos incluso dentro de la misma lista”, afirmó durante el escrutinio.
El contrapunto lo puso Armando Gutiérrez, concejal y representante del Partido Liberal en el escrutinio, quien sostuvo que en su caso encontraron alertas y errores corregibles, pero no fraude. “Fraude no hemos detectado. Actos ilícitos e ilegales no hemos detectado”, dijo. Para Gutiérrez, varias diferencias se resolvían al comparar los votos dentro de la bolsa con lo reflejado en el E-14.
Ese contraste ayuda a explicar la función de los testigos sin repetir el ABC de su labor. Los escrutinios no son una formalidad ni una simple prolongación de la disputa partidista. Son el escenario donde las campañas intentan demostrar, con documentos, si hubo errores, si una mesa debe abrirse, si una suma debe corregirse o si una reclamación no tiene soporte suficiente.
La memoria de mesa: el insumo que llega al escrutinio
La historia reciente muestra que una campaña llega al escrutinio con más o menos fuerza según la información que haya logrado recoger en la mesa. Una fotografía del E-14, un reporte de incidencia, una reclamación escrita o el registro de una diferencia entre el conteo y el formulario pueden convertirse en insumos para pedir una revisión. Sin esa memoria, la discusión queda reducida a sospechas, lecturas políticas o cálculos difíciles de probar.
Francisco Castañeda, exedil de Kennedy y excandidato a la Cámara por Bogotá por el partido Progresistas, ha sido testigo electoral desde 1998. Desde esa experiencia, advierte que la defensa del voto depende también de la capacidad material de cada campaña para cubrir mesas y conservar información propia: “Si no tienes testigos, después no puedes entrar a reclamar con la misma fuerza, porque no tienes información de lo que pasó en la mesa”.
La frase apunta al centro del problema: la defensa del voto no está distribuida por igual. Las campañas grandes suelen tener más militancia, más abogados, más equipos de datos y más capacidad para cubrir puestos de votación. Las campañas pequeñas pueden tener votos dispersos en muchas mesas, pero no necesariamente testigos suficientes para documentarlos.
Cuidar el voto sin fabricar sospechas
La defensa del voto exige una línea difícil: vigilar con firmeza sin convertir cualquier diferencia en acusación. Una inconsistencia puede ser una alerta; un error humano puede corregirse; una irregularidad puede requerir investigación; y un fraude debe probarse. Esa diferencia es central para que los testigos fortalezcan la confianza democrática en lugar de debilitarla.
Reina resume esa diferencia en una regla práctica: denunciar sí, pero con soporte. “Acostumbrarnos a hacer denuncias sustentadas es muy importante”, sostiene, pero advierte que en una jornada electoral corta es necesario comprobar antes de acusar. Para el experto, las alertas deben llegar acompañadas de datos, fotografías, registros o constancias que permitan activar a las autoridades electorales, la Fiscalía o las comisiones correspondientes.
Esa prudencia volvió a ser necesaria en 2026. Durante los escrutinios legislativos, algunos sectores del Pacto Histórico hablaron públicamente de posibles curules adicionales en el Senado, pero el CNE aclaró que no había una recuperación confirmada en ese momento. El País también registró que la Misión de Observación Electoral (MOE) pidió cuidado con las afirmaciones sobre resultados electorales y reportó una alta coincidencia entre preconteo y resultados preliminares escrutados.
Por eso, la importancia de los testigos no está en alimentar desconfianza, sino en producir evidencia. Su papel es convertir una alerta en un dato verificable: una foto, una reclamación, una constancia, una diferencia concreta entre formularios. En un sistema donde el voto se expresa en papel, se cuenta manualmente, se registra en actas, se transmite para el preconteo y se consolida en escrutinios, esa memoria puede ser decisiva.
Desde el MIRA hasta las disputas recientes por los E-14, la lección es la misma: el voto no solo se deposita, también se defiende. Y esa defensa empieza antes de la denuncia pública: empieza cuando una organización forma testigos, los ubica en las mesas, les enseña a documentar y les da canales para que la información llegue a tiempo a los equipos que intervienen en los escrutinios.
Nota de transparencia:
Este análisis hace parte de una alianza comunicativa financiada por el Consejo Nacional Electoral para promover pedagogía sobre testigos electorales, control ciudadano y defensa del voto. La financiación no condiciona la independencia editorial ni los criterios de investigación, contraste y edición de Revista RAYA.
