Para las elecciones presidenciales del 31 de mayo fueron acreditados 397.407 actores electorales, incluidos 373.612 testigos de mesa, según información del Consejo Nacional Electoral (CNE). Detrás de esa cifra récord hay una operación menos visible: campañas que convocan voluntarios, capacitan equipos, cubren puestos de votación, reciben reportes, revisan E-14 y preparan reclamaciones para defender los votos durante la jornada y los escrutinios.
Por: Redacción Revista RAYA en alianza con el CNE
Mientras la atención pública se concentra en los cierres de campaña, los debates, las encuestas y las redes sociales, los partidos políticos llevan a cuestas otra carrera menos visible, pero decisiva: convocar, postular, acreditar y formar testigos electorales para vigilar los votos el próximo 31 de mayo. Esa operación empieza semanas antes de que se abran las urnas y puede extenderse varios días después, cuando las campañas revisan formularios, presentan reclamaciones y siguen el avance de los escrutinios.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) reportó una cifra récord para la primera vuelta presidencial: 373.612 testigos de mesa acreditados por las campañas, además de 7.360 testigos de comisión, 1.202 auditores, 13.875 observadores nacionales y 1.358 observadores internacionales. En total, según información remitida por Actores Electorales, fueron acreditados 397.407 actores electorales para la jornada. Según el CNE, esta movilización busca garantizar vigilancia sobre más de 123.000 mesas habilitadas para las elecciones presidenciales.
Los testigos electorales no son jurados ni autoridades electorales. Tampoco reemplazan a la Registraduría ni al Consejo Nacional Electoral. Representan a las organizaciones políticas que los postulan y cumplen una función de vigilancia: observar la instalación de la mesa, seguir el desarrollo de la votación, registrar incidencias, verificar el conteo, revisar el diligenciamiento del E-14 y comunicar alertas a su campaña por los canales previstos.
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El Día D empieza antes del Día D
La defensa del voto empieza antes de que se instalen las mesas. Las campañas deben ubicar personas disponibles, cargar sus datos en la plataforma, verificar acreditaciones, asignarlas a puestos de votación, capacitarlas y establecer canales de comunicación para la jornada electoral.
Para este ciclo, el CNE dispuso la Plataforma de Postulación y Acreditación de Actores Electorales, una herramienta para que las campañas registren testigos electorales y auditores de sistemas. La autoridad electoral también informó que, a través del #259 y del “plan padrino”, las agrupaciones políticas cuentan con una mesa de ayuda para la postulación de sus actores electorales. Además, la UT Actores Electorales reportó capacitaciones presenciales en las 32 capitales, módulos virtuales y una cartilla física, el ABC del testigo, para orientar la labor en las mesas.
La plataforma ordena una parte del proceso, pero no reemplaza la organización interna de cada campaña. La acreditación solo es el primer paso: los testigos deben saber qué observar, cómo documentar una alerta, a quién reportarla y en qué momento puede presentarse una reclamación.
Alexander Reina Otero, profesor de Legislación Política y Sistemas Electorales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, explica que el testigo cumple una doble función: disuadir posibles irregularidades y permitir que la campaña reaccione a tiempo. Su labor atraviesa cuatro momentos de la jornada: instalación, desarrollo, cierre y escrutinio.
En la instalación, el testigo observa que la urna este vacía, que no haya formularios marcados y que los jurados sean los designados. Durante la votación, vigila que no haya prácticas indebidas alrededor de la mesa o del puesto. En el cierre, verifica que se cumplan las reglas sobre quién puede votar hasta la hora límite. Y en el escrutinio de mesa se observa el conteo, el balance entre votantes y tarjetones, y el diligenciamiento del E-14.
La carrera por cubrir las mesas
La Registraduría Nacional tiene habilitadas más de 120.000 mesas de votación en el país y en el exterior. En cada una, las colectividades políticas pueden acreditar testigos para vigilar la jornada y también delegados ante las comisiones escrutadoras. Cuando los partidos o movimientos no alcanzan a postular testigos suficientes para todas las mesas, pueden designar coordinadores que vigilen varias mesas dentro de un mismo puesto de votación.
Para las elecciones del próximo 31 de mayo, el CNE reportó 373.612 testigos postulados, lo que corresponde, según la autoridad electoral, a una cobertura cercana al 98 % de las mesas del país. Según el balance remitido por Actores Electorales, la mayor acreditación de testigos de mesa se concentró en tres campañas: Paloma Valencia, del Centro Democrático, con 121.137; Iván Cepeda, del Pacto Histórico, con 115.587; y Abelardo de la Espriella, de Defensores de la Patria, con 111.181. En un segundo grupo aparecen Sergio Fajardo, con 13.259, y Claudia López, con 10.459. Las demás campañas registraron cifras menores: Santiago Botero, 1.462; Mauricio Lizcano, 399; Sondra Macollins, 83; Miguel Uribe, 27; y Gustavo Matamoros, 18.
Después del cierre de las inscripciones viene el proceso de acreditación. José Antonio Parra, director de Vigilancia e Inspección Electoral del CNE, explicó que las personas postuladas recibirán una certificación con su nombre y puesto de votación, entregada por la autoridad electoral para acreditar su condición como testigos el día de los comicios.
Algunas campañas organizaron estructuras territoriales para acompañar el proceso. En el Pacto Histórico, por ejemplo, la reportería de RAYA conoció que se dispusieron ocho coordinaciones macrorregionales desde la inscripción hasta la jornada. En Bogotá, la estructura baja a una coordinación distrital, coordinaciones por localidad, zona y puesto de votación, según explicó la campaña en una pieza audiovisual difundida en redes sociales.
Las zonas donde cubrir mesas es más difícil
La organización de testigos no ocurre igual en todo el país. Una cosa es cubrir puestos urbanos con redes partidarias activas y otra llegar a zonas rurales, municipios apartados o territorios con problemas de seguridad.
Diego Saavedra, gerente del Día D de la campaña de Sergio Fajardo, explicó a RAYA que su equipo adelanta capacitaciones virtuales diarias con testigos, voluntarios y miembros de campaña, con prioridad en las ciudades de mayor caudal electoral. También reconoció dificultades para cubrir zonas de conflicto en departamentos como Nariño, Cauca y Valle del Cauca.
Saavedra identifica tres puntos sensibles para su campaña: la apertura de mesas en zonas de riesgo, el correcto diligenciamiento de los E-14 y los escrutinios. “Hay mucho desconocimiento en el jurado de cómo llenar los E-14”, señaló. Por eso, dijo que la campaña planea usar inteligencia artificial y un equipo de entre 200 y 300 personas para revisar formularios, detectar errores aritméticos, tachones o correcciones, y contrastar la información de mesa con los datos oficiales.
La acreditación también exige vigilancia
La inscripción masiva de testigos abrió otro frente de atención: la protección de los datos personales y la verificación de que cada persona haya sido postulada por la campaña correspondiente. Alí Bantú, coordinador nacional de escrutinio del Pacto Histórico, ha denunciado presuntas irregularidades en la acreditación de testigos: al menos 30 personas habrían aparecido inscritas en otras campañas, entre ellas las de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, sin haber autorizado el uso de sus datos.
“Hemos solicitado y divulgado públicamente para que la Fiscalía investigue si efectivamente aquí hay un uso indebido de información sensible de ciudadanos colombianos, que están siendo utilizados y cargados en el CNE para que sirvan como testigos sin su consentimiento”, dijo Bantú a RAYA. “Hemos estado coadyuvando para que efectivamente sean retirados de esas campañas políticas, pero los tiempos ya no nos van a dar porque ayer se cerró la posibilidad de cargar testigos”, agregó.
El caso muestra que la defensa del voto también depende de la calidad de la información cargada en la plataforma, la autorización de datos personales, la trazabilidad de las postulaciones y la verificación de las acreditaciones.
De la capacitación al puesto
La formación de testigos no puede limitarse a entregar una credencial. Según el profesor Alexander Reina, cada momento de la jornada tiene un propósito: en la instalación se verifica que el proceso arranque correctamente; durante la votación se previenen posibles prácticas indebidas; en el cierre se cuida que no entren votos fuera de las reglas; y en el escrutinio se revisa que el conteo y los formularios reflejen lo ocurrido en la mesa.
Durante la jornada, Reina menciona riesgos como el llamado carrusel electoral, el uso indebido del voto asistido, el proselitismo dentro del perímetro prohibido, las aglomeraciones sospechosas y la presencia de personas no autorizadas cerca de la mesa. En esos casos, el testigo no debe actuar por su cuenta ni interferir con la votación: debe alertar a las autoridades competentes y dejar registro.
Al cierre de la jornada empieza un momento crítico: la eliminación del material sobrante, el conteo de tarjetones, la verificación entre votantes registrados y votos depositados, y el diligenciamiento del E-14. Si una suma no coincide, si hay tachaduras o si una reclamación no queda por escrito, la campaña puede llegar con menos soporte al escrutinio.
Cómo viaja la información: del testigo al E-14
El CNE y la UT Actores Electorales incorporaron herramientas digitales para la jornada. Una de ellas es Comitium en Línea, una aplicación que permite verificar credenciales mediante código QR o número de cédula, registrar incidencias en tiempo real y reportar fotografías del E-14 al cierre de la votación. La UT ha aclarado que esta aplicación no reemplaza el preconteo de la Registraduría, sino que funciona como herramienta complementaria para la labor del testigo y el control de resultados por parte de cada agrupación.
La herramienta permite que las campañas contrasten la información enviada por sus testigos con los datos oficiales y preparen reclamaciones si detectan inconsistencias. Pero su utilidad depende de que los testigos sepan usarla, tengan conectividad y cuenten con una ruta clara para reportar.
Alirio Uribe, senador del Pacto Histórico, explicó a RAYA que su colectividad busca acceder tanto a los E-14 publicados por la Registraduría como a los formularios enviados por sus testigos desde las mesas. A ese sistema lo llamó una “registraduría paralela” o “registraduría popular”: una base propia para comparar la información oficial con los registros de la campaña, sin sustituir la competencia de la autoridad electoral.
La organización de los testigos electorales también ha implicado el desarrollo de estructuras digitales de soporte y un proceso de alfabetización digital. Los partidos políticos han optado por crear canales propios de WhatsApp para centralizar las denuncias y los reportes de los testigos a nivel nacional o, como en el caso del Pacto Histórico, desarrollar una plataforma digital. Otras colectividades, como el Partido Verde, han incorporado inteligencia artificial para estudiar los E-14 del país, identificar si tienen tachones o enmendaduras y si corresponden los datos de votación con el censo de las mesas.
“El celular es una herramienta primordial para comunicarse con las personas encargadas. Crearon un grupo de WhatsApp donde envíábamos fotos y videos por si había irregularidades y de los E14”, cuenta Sergio Barbosa, quien fue testigo electoral en los comicios para Congreso por el Partido Verde.
Del reporte a la reclamación
La diferencia entre una alerta útil y una acusación sin efecto está en el soporte. Un testigo puede advertir una irregularidad, pero debe documentarse y activar los canales establecidos. Si el reclamo no queda por escrito en la mesa o si no se conserva evidencia, después puede ser más difícil pedir una revisión en el escrutinio.
Reina explica que la mayor dificultad para una campaña sin testigos es que no puede interponer a tiempo las impugnaciones cuando existen causales para hacerlo. Esa es la razón por la que los equipos jurídicos son parte de la operación electoral: reciben reportes, clasifican alertas, orientan a coordinadores de puesto y preparan argumentos para las comisiones escrutadoras.
En otras palabras, la defensa del voto empieza en la mesa, pasa por el canal de reporte de la campaña, llega a un equipo de revisión y puede terminar en una reclamación ante la autoridad electoral.
Francisco Castañeda, exedil de Kennedy y excandidato a la Cámara por Bogotá por el partido Progresistas, lo resumió desde su experiencia como testigo electoral desde 1998: “Si no tienes testigos, después no puedes entrar a reclamar con la misma fuerza, porque no tienes información de lo que pasó en la mesa”.
Cuidar votos también es cuidar la democracia
La cifra de 373.612 testigos electorales muestra la dimensión de la operación organizada por las campañas para vigilar las mesas. Pero el número, por sí solo, no garantiza la defensa del voto. Lo decisivo será la calidad de la capacitación, la cobertura real de los puestos, la capacidad de reportar incidencias, el procesamiento de los E-14 y la preparación jurídica para los escrutinios.
La defensa del voto requiere voluntarios, coordinadores, plataformas, abogados, equipos de datos y personas capaces de estar en la mesa durante horas para mirar, registrar y reportar sin entorpecer el trabajo de los jurados. Por eso, la labor del testigo no termina cuando se deposita el voto: continúa en el formulario, en el reporte y en el escrutinio.
Nota de transparencia: Este análisis hace parte de una alianza comunicativa financiada por el Consejo Nacional Electoral para promover pedagogía sobre testigos electorales, control ciudadano y defensa del voto. La financiación no condiciona la independencia editorial ni los criterios de investigación, contraste y edición de Revista RAYA.
