Detrás del evento político al que iba a asistir en Angola el expresidente Andrés Pastrana, para promover supuestos valores democráticos, está una red de partidos de derecha global cristiana y la financiación de una fundación de la familia Oppenheimer, magnates sudafricanos cuya riqueza proviene de la explotación de diamantes durante el apartheid.
Por: David González M.
El pasado 13 de marzo, el expresidente Andrés Pastrana pasó unas horas detenido en el aeropuerto de Luanda, Angola. El gobierno de ese país africano bloqueó la entrada de él y de otros políticos que iban a asistir a un evento denominado “El futuro de la democracia en África”. Esa detención judicial generó noticias, pero también sospechas sobre qué estaba haciendo Pastrana en ese continente, quién estaba detrás de ese evento y por qué fue detenido por varias horas, junto con otros políticos de derecha.
Junto con Pastrana llegaron políticos de países como Kenia, Sudáfrica, Alemania y Estados Unidos. Todos tuvieron problemas para ingresar al país gobernado por João Lourenço, presidente desde 2017 en representación del partido nacionalista de izquierda de nombre Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). Un bloque político que gobierna el país de manera ininterrumpida desde 1975 y que enfrentó, en la guerra civil —respaldado por Cuba en sus inicios—, al hoy partido opositor UNITA, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos y Sudáfrica.
Este escenario de la guerra angoleña, que fue relatado en su comienzo por Kapuscinski en su libro Un día más con vida, se traslada en el presente como un conflicto político con otros medios. El expresidente colombiano era uno de los invitados que fueron llevados al país africano para respaldar la acción política opositora de UNITA, partido que antes, como ejército, fue responsable de crímenes de guerra tales como desplazamiento forzado, ejecuciones masivas y violaciones.
Pastrana, según confirmó en un comunicado luego de su retención, fue invitado a través de una cuestionada fundación sudafricana, cuyos fundadores son los magnates de la familia Oppenheimer, accionistas mayoritarios en el pasado de una corporación de diamantes que prosperó durante el Apartheid en Sudáfrica.
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Comunicado del expresidente Pastrana tomado de su cuenta de X.
Internacional Demócrata de Centro (IDC) y la red global de partidos de derecha
El expresidente colombiano es, desde julio de 2015, el presidente del IDC, en inglés Centrist Democrat International (CDI).
Esa organización, aunque se precisa ser de centro, está conformada por una red de partidos de derecha que, según su página web, defiende “valores democráticos”. En Europa, por ejemplo, sus miembros van desde el Partido Popular español hasta el actual primer ministro húngaro, el nacionalista conservador Viktor Orbán, que promovió una ley para prohibir la marcha del orgullo LGBTI en su país.
El IDC dice ser apoyada por la Organización Demócrata Cristiana de América, que promueve valores cristianos y critica lo que llama dictaduras en América Latina, desde Cuba a Venezuela, así como los gobiernos de ideología progresista. Su actual presidenta es aliada del PAN en México, partido de oposición al gobierno de Claudia Sheinbaum.
IDC agrupa 109 partidos de 83 países y se financia con aportes y cuotas de sus miembros, un variado bloque político de derecha. Aunque es una organización política cristiana, en medio del genocidio que comete el gobierno de Israel en la franja de Gaza, la IDC emitió un comunicado apoyando a Israel y exigiendo respaldo al gobierno de Netanyahu como un “aliado democrático en el Medio Oriente”.
En su plataforma hay pronunciamientos similares contra todo país considerado enemigo de Occidente: la Rusia de Putin, los partidos de oposición en África, el gobierno de Maduro en Venezuela. u web incluye logos de fondos de la Unión Europea.
Sin embargo, lo más interesante detrás de los organizadores del espacio de promoción democrática en Angola es la fundación que financió el viaje y organizó el evento al que no pudo asistir Pastrana en la ciudad costera de Benguela, en Angola. Y es la participación directa de la Fundación Brenthurst, de una familia sudafricana que hizo su fortuna con la explotación de diamantes durante el Apartheid .
De diamantes en el Apharteid a promover la democracia en África
La Fundación Brenthurst nació en 2004 con el objetivo de promover políticas públicas para el crecimiento económico en los países africanos. Según su web, la meta es “contribuir al debate sobre estrategias y políticas públicas que fortalezcan el desempeño económico de África y promuevan un desarrollo inclusivo y sostenible”.
Sus fundadores, Nicky y Jonathan Oppenheimer, provienen de una histórica familia de Sudáfrica que obtuvo su riqueza como accionistas mayoritarios del grupo De Beers, principal productor de diamantes del siglo XX en Sudáfrica.
Los Oppenheimer vendieron su participación en De Beers en 2011, tras un acuerdo con Anglo American. Para entonces, su reputación los precedía. La corporación De Beers ha recibido críticas por el contexto de su desbordada actividad comercial, sus orígenes en el supremacismo y el uso de cuestionadas practicas de explotación y precariedad laboral.
Ernst Oppenheimer, patriarca de la familia, fundó en 1917 Anglo American Corporation of South Africa, que posteriormente adquirió la mayoría del imperio De Beers, cuyo fundador fue el controvertido político Cecil Rhodes, magnate minero y político del Imperio Británico, también primer ministro en la entonces colonia del Cabo en 1890. Rhodes logró el control del comercio mundial del diamante amparado en la protección británica y en la producción de la extracción minera en campos de concentración de trabajadores negros. Como gobernante, sacó adelante leyes de expropiación de tierras, de exclusión política de la población negra africana y justificaba sus acciones en teorías de supremacismo blanco. Todo esto previo a la instauración del apartheid.
Creía que los “europeos blancos” eran la primera raza del mundo, y sus acciones lo llevaron a causar la Segunda Guerra de los Bóers, que resultó en miles de muertos. En 2016, una estatua del imperialista británico en la Universidad de Oxford fue objeto de controversia; miles de estudiantes protestaron para pedir que la removieran de uno de los edificios de la universidad.
La historia de los Oppenheimer no es muy distinta. Luego de la salida de los británicos de sus colonias a comienzos del siglo XX, los colonos de origen neerlandés, conocidos como “afrikáners”, asumieron la delantera en la nueva nación africana resultante de la ruptura y unificación de las excolonias británicas. Su partido político llegó al poder de Sudáfrica en 1948 e instauró el régimen conocido como apartheid: un sistema legal de exclusión de la mayoría de la población negra que mantenía una serie de privilegios para una población minoritaria blanca.
En esa nación prosperó la Anglo American Corporation de Ernst Oppenheimer, un empresario que provenía de una familia de origen judío-alemán, y quien luego compró De Beers. Las empresas mineras de diamantes se beneficiaron de la obra barata del apartheid, que garantizaba labor sin protección de derechos al trabajador.
*Extracto tomado de informe de Comisión de la Verdad Sudafrica:
https://www.justice.gov.za/trc/media/1997/9708/s970826e.htm
Así también lo cita el artículo del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Alabama: “De Beers fue una columna vertebral del régimen del apartheid. Su influencia económica y su control sobre una gran parte de las empresas listadas en la Bolsa de Johannesburgo permitieron que la empresa se beneficiara de la estabilidad política proporcionada por el apartheid”.
Para el año 2000, De Beers, controlada ya por la familia Oppenheimer, dominaba el mercado mundial con una participación del 65%. The Washington Post lo describió como un “cartel mundial que controlaba el precio, la distribución y la venta (De diamantes)”. Otras denuncias contra las empresas de los Oppenheimer señalan que su actividad estuvo marcada por la discriminación racial. Un artículo de The London Mining Network describe las prácticas de la empresa, que hoy tiene a la familia como promotora de la democracia en África, de la siguiente manera:
“Los trabajadores negros en la industria minera fueron tratados como ciudadanos de segunda clase y, a medida que Anglo American continuaba aumentando su riqueza e influencia, dependía en gran medida de la mano de obra de personas a las que podía tratar peor y pagar menos que a sus empleados blancos. Las prácticas laborales de la empresa perpetuaban un sistema de desigualdad racial, en el que los trabajadores negros eran sistemáticamente marginados y tratados como mercancías desechables. (...)”
Además, la acusan de promover prácticas de represión a las organizaciones sindicales, apalancadas en su poder político en el gobierno de Sudafrica. Un acervo que ahora, a través de la Fundación Brenthurst, parecen empeñados en mantener.