Cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca en 2025, muchos creyeron que el movimiento MAGA alcanzaría su máxima expresión. Sin embargo, en las redes sociales ha surgido una generación de influencers ultraconservadores que critican al propio Trump y a su vicepresidente JD Vance por “blandos”. Influencers con millones de seguidores —como Nick Fuentes, Laura Loomer y Chaya Raichik— empujan una agenda más radical en clave anti-“woke”, con nacionalismo blanco, teorías conspirativas y campañas anti-LGBTIQ+.
Por: Juan Sebastián Lozano
La extrema derecha actual, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo, comparte enemigos comunes: lo que llaman “izquierda cultural”, el feminismo, la comunidad LGBTIQ+, las luchas de “minorías” racializadas y las ideas progresistas en general. Todo eso lo meten en una sola bolsa y lo bautizan wokismo, término derivado de woke (“despierto” frente a las injusticias sociales). Según sus voceros, las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI, por sus siglas en inglés) amenazan los valores tradicionales cristianos y occidentales.
Informes y entradas de seguimiento del Southern Poverty Law Center (SPLC, organización que monitorea extremismo y discursos de odio) muestran que, en EE.UU., esta narrativa anti-woke ha servido para unificar a sectores conservadores, impulsando campañas contra la educación sobre género, los derechos LGBTIQ+ y la inmigración, bajo la premisa de que esas ideas erosionan la identidad nacional.
Las comunidades históricamente discriminadas que luchan por sus derechos —mujeres feministas, personas de identidades sexuales diversas, grupos racializados— son, en muchos casos, ejemplos de organización colectiva: individuos que se juntan para lograr objetivos comunes. La derecha, en cambio, promueve el individualismo radical, la búsqueda del beneficio propio y la idea de que si alguien fracasa es solo por su propia responsabilidad.
Uno pensaría que a los grandes dueños del capital y a sus marionetas políticas les conviene precisamente eso: una clase obrera dividida, cada quien peleando —impotente— por su lado, idealmente encerrado en su casita, viendo al otro obrero como rival y enemigo en la despiadada lucha por los recursos.
De las entrañas del Leviatán —el poderoso Estados Unidos— surgió Make America Great Again (MAGA) como eslogan de campaña de Donald Trump en 2016, aunque el término ya lo había usado Ronald Reagan. Este movimiento populista nacionalista canalizó el descontento de la clase obrera de la “América profunda” por sus deterioradas condiciones económicas, el rechazo a la inmigración ilegal y el cansancio cultural frente al “woke”: desconcierto por el lenguaje inclusivo, los nuevos términos que definen identidades sexuales, y los excesos percibidos del #MeToo (según encuestas de Pew Research entre 2018-2020, el tema generó polarización: un 65 % de republicanos lo veía como “exagerado” o perjudicial para los hombres).
MAGA le habló a millones de estadounidenses blancos que se sentían excluidos por el sistema económico y el nuevo ecosistema cultural. Con sus músculos y su colorido arsenal publicitario, se tomó el tradicional Partido Republicano y puso al elefante a correr.
Entendió que debía emprender una batalla cultural contra la izquierda —indefinida, amplia—, y generar certezas en una sociedad postmoderna sin grandes relatos (ideas políticas ni religiosas) aglutinadores. Y fue efectivo: Trump fue elegido en 2016 como mesías-clown que dinamitaba la “corrección política”, generó fanatismo a su alrededor y volvió a ganar en 2024 (se posesionó en enero 2025), extremando sus políticas contra inmigrantes y contra lo que su base llama la “izquierda cultural”.
Pero si pensamos que Trump es extremo, una parte de su ecosistema ideológico —agrupado hoy bajo la bandera “America First”— empuja los límites más allá, y eso sí debería preocupar. En comparación, Trump puede parecer moderado frente a quienes normalizan el supremacismo y la violencia simbólica como identidad política. Esos herederos ideológicos, nacidos al calor de MAGA, ya no solo amplifican a Trump: también lo presionan y lo arrastran hacia posiciones más radicales.
Tucker Carlson es un poderoso alfil en esta batalla cultural de la derecha en EE.UU. Su visibilidad mediática ha permitido que se expandan ideas radicales, por ejemplo las del joven influencer Nick Fuentes. Carlson se hizo famoso como comentarista político en Fox News, promoviendo el aislacionismo extremo, teorías sobre “el gran reemplazo” —una conspiración que afirma que élites (en algunas versiones, “globalistas” o judías) estarían reemplazando poblaciones blancas con inmigrantes no blancos mediante migración masiva y cambios demográficos— y críticas feroces al establishment republicano moderado. Fue despedido de Fox y decidió hacer su propio medio, difundirlo en redes sociales, ganó aún más audiencia y pudo ser más libre para expandir ideas de la derecha radical. En octubre de 2025 entrevistó en su podcast a Nick Fuentes, dándole publicidad a su discurso; según reportes de prensa, el episodio superó los cinco millones de visualizaciones.
Nick Fuentes
Nick Fuentes es un joven de 27 años con aire de personaje de American Psycho: vestido completo, bonita corbata y peinado cool desaliñado. Va diciéndole al mundo con desparpajo y sin filtros sus ocurrencias racistas, machistas y conspiranoicas. Líder de los “Groypers”, tiene más de 1,27 millones de seguidores en X (había sido expulsado de la red social, pero fue reincorporado por Elon Musk, el nuevo patrón). En YouTube, donde se hizo popular, le cerraron la cuenta por discursos de odio, y ahora difunde esos contenidos en Rumble, donde acumula 647.000 seguidores y episodios con al menos un millón de vistas cada uno (datos de The Atlantic en diciembre 2025).
Es abiertamente nacionalista blanco, antisemita y partidario del “cristianismo nacionalista”. Defiende que Estados Unidos debe ser una nación para “blancos cristianos” y ha cuestionado aspectos del Holocausto. En diciembre de 2025 llamó a la esposa de JD Vance —el vicepresidente–, de origen indio, con insultos racistas y calificó a Vance de “traidor a la raza”. También se atrevió a criticar a Trump por no liberar los archivos vinculados al caso Epstein, llamándolo estafador. Fuentes quiere “descabezar” a los padres del movimiento.
El joven, que tiene gracia —está entre un Backstreet Boy y un guasón desmaquillado—, ha dicho en sus videos que "los negros necesitan estar encarcelados en su mayoría", llamó a Chicago, donde creció, "infierno de negros". También: “Las mujeres deben callarse la puta boca”. Alabó a Hitler como alguien "realmente jodidamente genial", y dijo que el tirano nazi tenía aura —seguro para él un estilo cool como el propio—. Constantemente la emprende contra la comunidad judía, diciendo que son culpables de los problemas del país, y describió a la "judería organizada" como una "pandilla transnacional".
Fuentes representa la radicalización de jóvenes de la Generación Z vía transmisiones en vivo y memes. Es un ídolo de varones blancos que se sienten perseguidos por el feminismo y la inmigración, incluidos los llamados “incels” —hombres que no logran relacionarse afectiva ni sexualmente con mujeres y que, en comunidades digitales, terminan viéndolas como enemigas—. La estrella de redes no es un loquito más para reírse: sus ideas se expanden gracias a los algoritmos y la viralidad de internet, influye a millones y es modelo a seguir por jóvenes en el mundo. Recordemos a los youtubers y usuarios de X populares que promovieron la candidatura de Javier Milei en Argentina y fueron fundamentales en su triunfo: se dedicaron a atacar a los “zurdos” y “woke”.
Laura Loomer
Otra influencer destacada de la alt-right (o alt-far right, extrema derecha digital) estadounidense es Laura Loomer (32 años, nacida en Tucson, Arizona). Tiene aproximadamente 1,86 millones de seguidores en X (datos de enero 2026). Conspiracionista profesional, defiende que el 11-S fue “un trabajo interno” —una teoría conspirativa que sostiene que el gobierno de Estados Unidos o sectores internos, habrían orquestado o permitido los atentados del 11 de septiembre de 2001 para justificar guerras en Oriente Medio—, acusa a la comunidad musulmana de infiltración y promueve teorías extremas sobre inmigración.
En la última campaña presidencial de Trump, promovió la idea de que haitianos inmigrantes en Ohio comían mascotas como perros y gatos —idea que el candidato amplificó en una de sus intervenciones—. También acusó a los haitianos de canibalismo. En una ocasión fue filmada bajando del avión presidencial de Trump; el año pasado se atribuyó crédito por presionar despidos de trabajadores gubernamentales en la actual administración.
Aunque se declara leal al presidente, lo ataca cuando considera que no es lo suficientemente duro contra el “globalismo” —un término peyorativo en la extrema derecha que alude a una supuesta élite internacional que promueve un orden mundial sin fronteras, erosionando soberanías, economías locales y valores tradicionales—. Trump dijo de Loomer, cuando un periodista le preguntó en rueda de prensa, que es un “espíritu libre”.
Chaya Raichik
Raichik, de 31 años, es la creadora de Libs of TikTok: cuenta con más de 4,6 millones de seguidores en X (enero 2026) y se especializa en campañas anti-LGBTQ+. Publica videos acusando a maestros y drag queens de “grooming” (“acicalamiento”, término usado para insinuar que alguien prepara a menores para abuso sexual). Sus publicaciones han provocado amenazas reales y acoso, según GLAAD (sigla de Gay & Lesbian Alliance Against Defamation, ahora solo GLAAD para incluir a bisexuales, trans y queer, Organización de monitoreo y defensa de derechos LGBTIQ+) y SPLC.
Ha influido en legisladores republicanos como Ron DeSantis. Sus ideas extremas incluyen revivir el insulto "groomer" (acicalador) para personas LGBTQ+, implicando que son pedófilos. En la cuenta se ha dicho que ser transgénero es una "enfermedad mental" y que proveedores de salud mental LGBTQ+ dañan niños.
Showmans y showgirls en busca del poder
Fuentes, Loomer, Raichik y otros influencers de extrema derecha (como Candace Owens, Matt Walsh y CJ Pearson), con sus diferencias en origen e ideas, tienen rasgos en común: audiencia joven —sobre todo hombres de 18 a 30 años, según reportes de Pew Research Center (2025) y análisis de Reuters sobre el ecosistema MAGA, que destacan que la base principal son varones Gen Z blancos—, humor irónico, cualidades histriónicas para comunicarse —la fórmula clown radical incorrecto de Trump ha funcionado, recordemos de nuevo a Javier Milei—, difusión de memes como arma ágil y efectiva para difundir sus posturas maniqueas.
Lo más preocupante: están a la derecha de Donald Trump, han llegado más lejos en la incorrección política. El ecosistema de ideas de MAGA y sus formas comunicacionales les dio licencia para correr los límites de lo que se puede decir, para intentar dinamitar consensos democráticos y el respeto a la diversidad humana. Aprovechan la libertad de las redes sociales de internet —donde lo escandaloso y radical se difunde más rápido— para promover sus agendas y, al parecer, lograr poder político y económico.
Donald Trump ha amenazado con invadir países para consolidar el poder de Estados Unidos. El gobierno ya no enmascara como antes sus objetivos: el presidente dijo en declaraciones a la prensa que atacó a Venezuela para apoderarse del petróleo. Ha amenazado con invadir a Colombia, acusando sin prueba alguna de que Gustavo Petro es narcotraficante. Trump quiere imponer su verdad, y tiene el poder de las armas para ayudarse. Sus vástagos como Fuentes o Loomer, que buscan hacerse con el gobierno en un futuro, también querrán imponer las suyas.
