Tras el bombardeo de Estados Unidos en Caracas el 3 de enero pasado, varios opositores al gobierno Petro pidieron a Donald Trump “hacer lo mismo” en Colombia. Ese pedido venía precedido de gestiones en Washington y Florida para impulsar sanciones y presionar al gobierno colombiano con un objetivo de fondo: manipular las elecciones de 2026 y recuperar la Presidencia de la República. Esa estrategia ha dado un viraje momentáneo y adverso a la derecha venezolana y colombiana. Sin embargo, sigue su curso.
Por: Redacción Revista RAYA
Tanto María Corina Machado como el expresidente Álvaro Uribe Vélez representan la misma extrema derecha que une a un grupo poderoso de familias en Venezuela y Colombia. Los dos se han defendido mutuamente y los dos han pedido intervención militar de Estados Unidos para cada uno de sus países. El pasado 6 de enero, Uribe lo ratificó en entrevista en el diario El Tiempo, en donde le permitieron hacerlo por escrito, sin lugar a la contradicción y con frases como: “Mis agradecimientos a los directivos, lectores, periodistas de EL TIEMPO y muchas gracias a usted. Toda mi admiración por su labor. Feliz año”, en alusión a la entrevistadora, la veterana periodista de derecha, María Isabel Rueda.
Para ese momento, Trump contemplaba seriamente una intervención militar en Colombia. Había calificado al presidente Petro como narcotraficante, lo incluyó en la lista Clinton y había descertificado a Colombia en la lucha contra las drogas. Todos estos hechos, sin decir que son verídicos, sucedieron previo a la intervención militar en Venezuela el 3 de enero pasado. Ese día, los Estados Unidos bombardearon Caracas, asesinaron a más de 70 personas (entre civiles y militares) y secuestraron al presidente Nicolás Maduro por un proceso que lo vincula con supuestos hechos de narcotráfico. Estos hechos fueron celebrados por esa extrema derecha de Machado y Uribe, pero rechazados por decenas de países de diferentes continentes y por la propia oposición venezolana residente en ese país, porque violó la soberanía venezolana, violó el derecho internacional y socavó normas establecidas desde la segunda guerra mundial.
Pero más allá de la celebración, eufórica cuando cayeron las bombas, rápidamente se activó la estrategia para Colombia, pues creyeron inminente la decisión de Trump de imponer a sangre y fuego a Machado como presidenta de Venezuela. Uribe, entonces, ese 6 de enero, aseguró frente a la pregunta envenenada de la periodista Rueda: “¿Qué piensa de las amenazas que ha emitido el presidente Trump en contra del presidente Gustavo Petro? ¿Cree que Estados Unidos podría hacer aquí lo mismo que en Venezuela? Aunque son dos países distintos y circunstancias muy diferentes…” A lo que Uribe respondió: “Pues las circunstancias se van pareciendo más todos los días. El gobierno Petro, con lo que hace, se va aproximando a ese castrochavismo… Lo que necesita Colombia es un cambio de gobierno. Ojalá se dé muy rápidamente”.
Esa respuesta, estratégicamente pensada, con la ventaja concedida a Uribe de borrar y volver a escribir, deja en evidencia que el sector que representa el expresidente sigue un plan que inició con fuerza a principios del 2025 tras la llegada de Trump a la Casa Blanca: sacar a Petro del poder a como diera lugar, incluso, antes de las elecciones de junio de 2026. El caso Leyva es un ejemplo de ello. Tuvo como principal protagonista al excanciller de Petro, Álvaro Leyva Durán, quien propició reuniones entre congresistas opositores de Colombia y los republicanos de La Florida, muy cercanos al jefe del Departamento de Estado, Marco Rubio. El objetivo quedó develado con el transcurrir del 2025: tildar al presidente Petro de drogadicto, promover la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas y, finalmente, empujar para que Trump incluyera a Petro en la lista Clinton, un espacio diseñado para quienes lavan el dinero del narcotráfico; esto, sin contar con los bombardeos a pequeñas embarcaciones en el Caribe de ambos países en los que han sido asesinados varios percadores.
Pero eso no ha sido rechazado ni le ha dado importancia la derecha colombiana. Su fin es recuperar la presidencia, Uribe aseguró en esa entrevista que está dispuesto a aliarse con todos con tal de derrotar a Petro y a Cepeda. Así se refirió sobre la pregunta de una periodista de si le daba miedo estar en el puesto 25 en la lista cerrada al Congreso: “¿No le da miedo?”. Y le dije, “Por supuesto, estoy en las puertas del infierno”. De todas maneras, insistió en que ojalá la táctica que tenga Estados Unidos para Colombia esté bien concebida, pero que no la conocía.
Es muy probable que ese experimento de “táctica” haya tenido sus efectos en Honduras, donde, a finales del año pasado, supuestamente ganó el candidato por el que Donald Trump pidió abiertamente votar: Nasry Juan Asfura Zablah, de lo contrario, amenazó, “Estados Unidos no malgastaría su dinero en ese país”. El efecto no fue tan inmediato, por el contrario, a pesar de que es un país pequeño, con tan solo 11 millones de votantes habilitados, el conteo se enredó por cuenta del sistema electoral, y casi un mes después, en plena navidad, el CNE dio como ganador a Asfura con un margen muy estrecho. A pesar de que su rival ha denunciado desde antes que se consumó un fraude, al igual que la izquierda que quedó de tercera, Estados Unidos ha dicho que ese resultado es válido.
Asfura ha sido el candidato de la extrema derecha, cuyo líder principal es el expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a más de 40 años de prisión por la justicia de Estados Unidos, el 8 de marzo de 2024, como líder del narcotráfico centroamericano. Precisamente fue perdonado por Donald Trump hace pocas semanas.
Así, la estrategia con Colombia tiene sobre la mesa todos los planes. Se avecina una tormenta fuerte para el país, pues como lo ha dicho el propio expresidente Uribe, “está a las puertas del infierno”.
Estás fueron las peticiones de intervención militar a Colombia, que pidieron los candidatos y políticos de la derecha que perdieron el poder presidencial hace cuatro años y que pretenden recuperarlo con estrategias y juego socio:





