El humedal Meandro del Say, en Fontibón, enfrenta amenazas por construcciones ilegales y contaminación, mientras la comunidad lucha por su protección. Procesos sancionatorios avanzan con lentitud y el debate sobre la Resolución del Ministerio de Ambiente reavivó la discusión sobre límites al desarrollo urbano y la necesidad de regulaciones ambientales claras.
Por: Enrique Gamboa - Periodista Revista RAYA
Material audiovisual - Germán Ñañez
Al occidente de Bogotá, en la localidad de Fontibón, el humedal Meandro del Say todavía resiste la desbordada construcción que azota a Bogotá y su Sabana. Entre proyectos inmobiliarios y canchas de fútbol, este humedal se levanta como la esperanza de una comunidad para que el crecimiento de la ciudad no se evalúe en ladrillos o cemento, sino en el cuidado que se les da a estos ecosistemas que ayudan a mitigar las inundaciones, son hábitat para miles de especies y son los mayores receptores y almacenadores de agua.
Recientemente, el debate sobre la protección del agua y los ecosistemas estratégicos ha cobrado mayor relevancia en el país. En este contexto, la Revista RAYA recorrió el humedal Meandro del Say para conocer la situación de este ecosistema, que se ubica en el barrio Codito Fontibón, donde viven alrededor de 50.000 personas.
El Meandro del Say es uno de los 17 humedales que hay en Bogotá. Según estudios de la Secretaría de Ambiente, en este humedal se han registrado vertimientos ilegales y construcciones irregulares que han llevado a la pérdida de la conexión hídrica, la contaminación del agua y la migración de la fauna por la destrucción de su hábitat natural. Estas situaciones llevaron a que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) iniciara procesos sancionatorios contra los responsables de afectar el humedal.
En total, son diez los procesos sancionatorios que se encuentran en la CAR respecto a las afectaciones ambientales en el humedal Meandro del Say. La empresa Empacor, que se dedica a la fabricación de papel y cartón, aparece en tres de los diez procesos de la autoridad ambiental por infracciones como disposición de desechos, afectación al recurso del suelo y vertimientos.
En otro ejemplo, el equipo de la segunda división del fútbol colombiano, Real Cundinamarca, tiene sus canchas de entrenamiento encima del humedal, por lo que la CAR inició un proceso sancionatorio en contra de la constructora J. Ortiz Cia, representada por el señor Jorge Alberto Ortiz Gutiérrez, encargada de construir las canchas de fútbol en suelo del humedal. Según la CAR, esto se debe “a la afectación en ronda y ocupación de Cauce del Humedal Meandro del Say, así como la disposición inadecuada de materiales sólidos sobre la franja de protección del humedal”.
Aunque la CAR anunció el inicio de los procesos sancionatorios, estos todavía no avanzan y no se conoce hasta dónde llegan las responsabilidades en la contaminación ambiental por parte de los señalados.
Rocío Martínez, vecina del barrio Codito Fontibón, donde se ubica el humedal, es una de las personas que más ha trabajado en la conservación del humedal y que ha seguido de cerca los procesos sancionatorios que inició la CAR. “Los procesos están ahí como que sí, como que no. La próxima semana tenemos debate de control político en el Consejo de Mosquera”, dijo.
Desde hace ocho años, Rocío Martínez lidera el programa “Patrulleritos Ambientales”, una iniciativa que se dedica a trabajar con niños, niñas y adolescentes de Fontibón en torno a la educación ambiental. Mientras recorría el humedal, Rocío le contó a RAYA sus inicios como líder ambiental en su comunidad. “Con la compañera que empezamos esta idea vimos la necesidad de capacitar a las personas adultas porque veíamos que las canecas no tenían los residuos calificados, como debería ser. A la primera capacitación no llegó nadie y tuvimos que cambiar la estrategia y convocar a los niños y niñas para educarlos ambientalmente”.
Por su trabajo comunitario, Martínez ha logrado participar en espacios de toma de decisión y en la construcción del proyecto de ley para la conservación de los humedales que está cursando en el Congreso de la República. Desde ese punto, Martínez lamentó la decisión del Tribunal Administrativo de Cundinamarca de suspender la expedición de la resolución del Ministerio de Ambiente que pretendía establecer lineamientos ambientales en la Sabana y Bogotá.
Así se refirió a la decisión del tribunal: “La veíamos positiva (la resolución) porque podía mitigar la construcción que se está dando. ¿Cómo es posible que ante una emergencia climática como la que tenemos hoy sigamos construyendo tantos, tantos y tantos edificios? ¿Cómo les vamos a garantizar a las personas que cuando abran la llave lo que llegue sea agua potable?”
El debate sobre la Resolución del Ministerio de Ambiente ha generado controversia, pues se encuentra en juego el equilibrio entre el desarrollo urbano y la protección de recursos estratégicos como el agua y el suelo rural. En un artículo reciente de la Revista RAYA, titulado “El desafío de proteger la biodiversidad de la Sabana de Bogotá frente a las constructoras”, se profundiza en la importancia de este tema. La lectura de este análisis es clave para entender cómo la normativa ambiental no es un obstáculo al desarrollo, sino un mecanismo para garantizar la sostenibilidad del territorio.
En el humedal Meandro del Say se pueden ver aves como búhos o tinguas, o roedores como los curíes, los cuales Rocío Martínez y los niños y niñas de “Patrulleritos Ambientales” pintaron en un mural en medio de su barrio, con la intención de resaltar la importancia que tiene el humedal en sus vidas. “Vimos la necesidad de cuidar el humedal porque muchos de los habitantes no saben que tenemos el ecosistema al lado y la importancia que tienen para la ciudad”.
Como líder ambiental y comunitaria, Rocío Martínez valoró el trabajo que vienen realizando en su comunidad con los llamados “ecobarrios”. Territorios que buscan reducir el impacto ambiental y mejorar la vida de sus habitantes mediante el aprovechamiento de los recursos naturales y la apropiación del espacio público. “Esta es una defensa que hacemos a diario, que sin recursos o con recursos, dedicamos nuestro tiempo a la defensa del ecosistema”.