Por: Daniel Rocha
Entre vítores, champaña, aplausos, abrazos, risas y mucha emoción —como si se tratara del triunfo de la selección nacional de fútbol—, el parlamento israelí festejó con mucho orgullo, no la celebración de la vida y sus milagros, sino la aprobación de una nueva ley: la pena de muerte por ahorcamiento.

El ahorcamiento pasará a ser parte de la nueva “tecnología” israelí en las prácticas de la crueldad, que ya combina todas las formas de lucha, que incluyen bombardeos, asesinatos selectivos, bloqueo de alimentos y agua, para la “solución final” de la cuestión palestina.
La nueva ley, como en los tiempos del oscurantismo de la humanidad, autoriza a las autoridades de Israel el ahorcamiento de cualquier palestino de Cisjordania que a punta de piedra atente contra la estabilidad y existencia del soberano Estado de Israel.
El 30 de marzo de 2026, fecha que la humanidad tampoco debe olvidar, como el Holocausto judío, el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, y muchos de sus colegas se vistieron con sus mejores galas para el magno evento que celebraba el triunfo de la muerte. La votación los favoreció por amplia mayoría.
Los exitosos parlamentarios, en las solapas de sus sacos, lucían, el día de la votación, una soga como prendedor —seguramente tallada en oro y diamantes—, soga que es el castigo que les espera a los palestinos condenados —seguramente en un breve juicio para ahorrar gastos en comida, tiempo de verdugos, carceleros y algún juez de bolsillo que dé fe de que la ejecución se llevó a cabo cumpliendo lo que exige la ley.
Sin antes, y de manera “humanitaria” el juez permitirá el acceso a familiares del ahorcado para que vean a su ser querido en el último suspiro, expuesto a la nuda vida: “vida biológica pura (zoé), despojada de derechos, estatus político o cualidad (bíos), reducible a la mera existencia que puede ser eliminada impunemente” (Agamben), y aprendan que en Israel hay respeto por los desechos humanos, en contra de lo que dice la comunidad internacional.
Ya empieza la puja en Israel sobre quién se queda con el nuevo HUB financiero: el cultivo del yute y su comercialización, un emprendimiento innovador y con mucha proyección. ¿Cómo se hará la provisión de fibra para las sogas que deben cumplir con normas técnicas mínimas para que resistan los cuellos de jóvenes palestinos acusados de terrorismo? Una pregunta que será motivo para un referendo en Israel: ¿la soga debe ser reutilizable para ahorrar gastos o será entregada a las familias de quienes fueron ahorcados como gesto de la bondad de la ley?
Un detalle técnico, pero no menos importante —dirán algunos: ¿a quiénes les corresponderá hacer los nudos de la soga? Se popularizarán los tutoriales como un instrumento más de la pedagogía de la crueldad con los pasos para hacer el nudo de la horca de manera rápida y resistente al peso humano.
Algo hemos evolucionado como humanos desde la Edad Media, donde los ahorcamientos eran públicos para escarnio de vecinos, amigos y familiares, y de cualquier ser humano pensador, anarquista o científico que pusiera en duda que la tierra era plana. Los palestinos deben estar agradecidos por ese gesto tan “humanitario”; al menos sus huesos y carnes no serán expuestos por la banalidad del mal, sino por la compasión del mal, y demostrar que la ley no impresiona por su falta de humanidad, sino por su dramatismo.
Seguramente aparecerá algún parlamentario israelí que proponga, para matizar un poco la culpa y mostrarle al mundo que aún hay grietas de compasión en el Estado, poner a los palestinos a que hagan su propio nudo; Netanyahu anunciará al mundo que es un gesto que la comunidad internacional debe reconocer como aporte a la Pax en Medio Oriente.
La historia se repite: primero como tragedia —el Holocausto lo fue para la humanidad—, y después como farsa, disfrazada de solución de justicia . Israel no se pone con tibiezas: nada de debates largos, ni declaraciones de la ONU, ni gobiernos europeos afines al terrorismo, ni discusiones incómodas sobre derechos humanos. La decisión final de las cruzadas “civilizatorias” viene con drones, bombardeos, hambre… y cuerda incluida.
