Por: Dumar A. Jaramillo-Hernández
La Organización Mundial de la Salud desde el 2008 tiene al 5 mayo como el día mundial de higiene de manos (casi 20 años de entendimiento de la decadencia en la salubridad elemental: lavarnos las manos). Y si, muchos, aun después de la pandemia por COVID-19, no hemos aprendido que un simple hecho, “económico” y “posible” en nuestro contexto (entre comillas ambas palabras dado que hay múltiples ejemplos que rondan desde la pobreza extrema de muchas familias, hasta la falta del bien común, vital y derecho fundamental: el agua en hogares), de lavado de manos en el momento adecuado y de la forma correcta puede reducir drásticamente la posibilidad de enfermarnos y enfermar a los que nos rodean e interactúan en el diario vivir.
“Colombia es un país coprófago” es una inferencia escatológica que dista de la fauna y su diversidad encausada en los escarabajos estercoleros; mejor, nos debe centrar en los serios líos en salud pública que existen en el país. Desde la cultura del lavado de manos en los hogares y centros educativos (ej., en mi universidad pública “de la media Colombia” se adolece de jabón en los baños que circundan más de 6000 personas al día), hasta la imposibilidad de adherencia a los protocolos de lavado de manos del personal sanitario asistencial en clínicas, hospitales y demás áreas de atención de pacientes en Colombia.
Si, aunque parezca incoherente que algunos galenos, y demás personal sanitario del sector salud, conocedores de las implicaciones de ser vector forético o mecánico de múltiples microbios con capacidad infecciosa entre pacientes y ellos mismos –y sus familias y círculo social cercano-; no se adhieran al lavado de manos durante sus actividades de atención en salud; la OMS desde el 2009 estipuló la campaña mundial anual “SALVA VIDAS: lávate las manos”, especialmente para reforzar esta práctica como pilar fundamental de la prevención de las infecciones asociadas a la atención sanitaria.
¿Pero qué hay detrás de esa campaña mundial de promover el lavado de manos en el personal sanitario? La OMS en el año 2005 realizó el lanzamiento de la Alianza Mundial por la Seguridad del Paciente, donde se estableció el primer reto mundial “Una atención limpia es una atención más segura”; Colombia se adhirió en el año 2007. Este reto tiene el propósito de reducir la deficiencia en la higiene de manos por parte del personal de atención en salud; a través del incremento de la toma de consciencia alrededor del mundo, acerca de la importancia del adecuado y correcto lavado de manos como la estrategia más sencilla y eficaz para la contención de las infecciones asociadas a la atención en salud (IAAS), particularmente neumonías, infecciones urinarias, de sitio quirúrgico y del torrente sanguíneo.
Aunque la OMS lleva más de 20 años promoviendo el hábito en el personal sanitario de lavarse las manos durante sus actividades de atención a pacientes, dado que se estiman 1.4 millones de IAAS en pacientes en el mundo, donde hay un notable mayor riesgo de IAAS (entre 2 a 20 veces) en pacientes de países de bajos ingresos versus de altos ingresos. Colombia solo desde el 2017 hace vigilancia de estos brotes; para el 2022 los departamentos del Meta (53,6), Valle del Cauca (50), Cauca (17,5) y Nariño (16) presentaron las tasas de ataque más altas (proporción de personas en riesgo que enferman durante un brote).
Por otro lado, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia - UNICEF, es más directo en el mensaje asociado a este día mundial de la higiene de manos bajo su lema: “Ayuda para que más niñas y niños lleguen a su 5° cumpleaños”. Este 26 de octubre liderado por UNICEF Colombia, se espera que alrededor de miles de niños y niños en Colombia, promuevan diversas actividades lúdicas asociadas al hábito saludable del lavado de manos que puede salvar la vida de miles de niñas y niños que están en riesgo de contraer enfermedades debido a inadecuados hábitos sanitarios.
¿Qué es lo que quiere decir realmente ese lema directo y altamente preocupante de UNICEF?, resulta que cada año mueren en el mundo más de 3,5 millones de niños y niñas antes de celebrar su quinto año de vida, como consecuencia de enfermedades diarreicas o neumónicas agudas, muchas de ellas prevenibles a través del lavado de manos en núcleos familiares, personal sanitario que atiende a estos niños y niñas, profesores y demás compañeros de aulas de sus escuelas y colegios, entre otros.
La práctica del lavado de manos como método de reducción de infecciones en ambientes hospitalarios nació en 1846, de la mano del médico Ignác Fülöp Semmelweis (1818-1865). Posterior a la obligatoriedad impuesta por Semmelweis al respecto del lavado de manos con solución clorada por parte de los médicos que atendían partos en un Hospital en Viena, se redujo considerablemente la sepsis puerperal y la tasa de mortalidad en su sala de maternidad. Así mismo, unos años después, la fundadora de enfermería moderna Florence Nightingale (1820-1910), en Turquía, durante la Guerra de Crimea (1853-1856) promovió el lavado de manos y así la reducción significativa, de 42 a 2%, de eventos de mortalidad en soldados por infección adquirida intrahospitalaria.
Hoy sabemos, pero no aplicamos, que el lavado de manos debe mantener dos constantes: momento adecuado y correcto procedimiento. En ambas constantes la OMS nos da las pautas, es así que existen cinco momentos de higiene de manos para personal de salud: 1. Antes de tocar al paciente. 2. Antes de un procedimiento limpio o aséptico 3. Después del riesgo de exposición a fluidos. 4. Después de tocar al paciente. Y 5. Después del contacto con el entorno del paciente.
Por otro lado, la forma correcta del lavado de manos incluye una duración de 40-60 segundos, consta de 11 pasos: mojar las manos, aplicar jabón, frotar palmas, dorso, entrelazar dedos, nudillos, pulgares, puntas de los dedos, enjuagar, secar con toalla desechable y cerrar el grifo con la misma toalla.
Para ser la “potencia de vida” que queremos ser, todos debemos estar atentos a promover y exigir la práctica del lavado de manos en los múltiples entornos de nuestro diario vivir. Así y solo así, entramos como sociedad moderna en el concepto de cobertura sanitaria universal, es decir, alcanzar una mejor salud y bienestar para todas las personas de todas las edades, incluyendo la protección financiera contra riesgos, el acceso a servicios esenciales de salud de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas esenciales seguros, eficaces, de calidad y asequibles para todos.
