Por: Jimmy Viera Rivera
Pertenecen ya al pasado, los días cuando se esperaba de manera febril y perversa la caída temprana del actual gobierno del cambio. Hoy, los enemigos de las reformas sociales han visto desvanecer muchas de sus ilusiones. Sin embargo, el odio de las élites dominantes, dispuestas a recurrir a todos los medios para continuar la lucha, no ha desaparecido. Utilizan nuevamente la violencia mediática de su arsenal, como una estrategia para causar miedo, indignación e incertidumbre en los colombianos. La Operación Júpiter está en marcha.
Las elites se sienten inseguras, porque perciben que no van a ganar las elecciones y, por lo tanto, apelan a sembrar miedo para repercutir en la mente de personas poco politizadas y no muy conscientes, incidiendo en la franja de los electores colombianos indecisos. Este plan de manipulación mediática para influir en el voto, denota la inseguridad por no lograr una victoria acorde con la movilización de sus fuerzas como partido político o como clase empresarial. Saben desesperadamente que su esencia de clase, ambición y lucro está en evidencia ante el pueblo colombiano.
Aunque la epidemia uribista se presenta hoy con los ropajes de “centro político”, sin embargo, no ha perdido su virulencia genocida. Desde ya, anuncia como posible ministro de Defensa, al expresidente Uribe que está cubierto por un manto de impunidad con relación a las ejecutorias de su política de seguridad y su directiva ministerial 29 de 2005 que dio lugar al pago de recompensas por ejecuciones extrajudiciales (mal llamadas: falsos positivos); una verdadera impronta y sello siniestro que marca con sangre, la actual candidatura de la derecha colombiana.
Es preciso recordar que, desde 1997, se genera consenso en todas las fracciones del gran capital, según lo indicado por el proyecto “Destino Colombia” (proceso de planeación por escenarios) que incluye entre otros, un escenario denominado “Todos a marchar”. Este retoma la política de mano dura y selecciona de antemano a un gobernante autoritario como Uribe. Hoy, muchos olvidan que todos los sectores de la burguesía nacional ayudaron con su beneplácito, a elegir la presidencia de Uribe y, por consiguiente, son corresponsables de las violaciones a derechos, cometidas durante aquel gobierno.
El uribismo seguirá siendo el arma de reserva del capitalismo colombiano que pretende repetir actualmente el consenso de “Todos a marchar”. Por lo tanto, vemos cómo una parte de los personajes del centro político acoge este escenario, ya que, si bien, teme al látigo uribista, sin embargo, siente más temor al poder del pueblo organizado y los cambios sociales.
Actualmente, desean vender la vieja receta de “Todos a marchar”, mediante una iniciativa denominada Plan Júpiter. Su propósito es infiltrarse en las mentes, a través de operaciones mediáticas, para crear estereotipos mentales y generar conductas políticas. Este plan propuesto a las élites empresariales y financiado por estas, se ejecuta como una operación encubierta -oculta para el resto de la sociedad colombiana- que busca de manera subrepticia incidir políticamente.
Un medio digital de periodismo investigativo – Señal Investigativa- develó con gran esfuerzo el Plan Júpiter y sus ocultas intenciones políticas. Cuando este programa divulgó la noticia, el establecimiento mediático no se hizo esperar en emitir la respuesta, minimizando la investigación. De igual modo, una parte del empresariado negó la existencia del plan.
Adicionalmente, notorias figuras políticas y de otros sectores no tardaron en responder en nombre de la libertad de prensa y, por lo tanto, publicaron una carta donde no reconocen los hallazgos revelados por parte de Señal Investigativa. Aunque, defienden supuestamente la democracia, sin embargo, no condenan el engaño a los votantes ni cuestionan el Plan Júpiter. Según sus afirmaciones, esta operación no existe y, por ende, La Silla Vacía (medio que figura en la investigación, debido a una relación contractual con el Plan Júpiter) no está involucrada en algo inexistente.
A partir de su lógica, los firmantes suprimen la verdad y la sustituyen activamente con una mentira tan elaborada, tan repetida y tan defendida por parte de “gente respetable”, que la denuncia aparece no solo silenciada sino también inexistente. Quizás, están genuinamente convencidos de que esta es una manera de asumir su responsabilidad política de clase y, por consiguiente, callan acerca de la manipulación a los votantes.
La mano invisible de Jupiter borra varias piezas gráficas que aparecían en la página de Facebook. Borrar estas evidencias insoslayables, lo que deja al desnudo es su encubierta intencionalidad política y rompe el mito de neutralidad informativa de la Silla Vacía.
No obstante, también alrededor de 600 personas y organizaciones sociales reivindican mediante una carta de respaldo a Revista RAYA, el derecho a la comunicación como un bien común. Esta numerosa muestra de apoyo social denota la defensa ciudadana a la continuidad de un proyecto democrático versus el retorno al pasado y el arrasamiento a las conquistas sociales y estabilidad de la memoria colectiva. Asimismo, demuestra el rechazo a una cultura del miedo y al unanimismo mediático que el uribismo pretende imponer.
La empatía social hacia la Revista RAYA indica la importancia de su investigación que delata el grado en que los políticos de derecha, unidos al gran capital, engañan a los colombianos.
El Plan Júpiter no está solo en su cometido, pues forma parte de una gran constelación de operaciones conspirativas contra la continuidad de un proyecto político que se propone avanzar hacia una sociedad más justa y democrática. La trama “hondurasgate” es una prueba inocultable de la forma cómo se teje una operación transnacional desde EE. UU., a partir de la creación de una célula informativa con recursos de Honduras y Argentina, para desestabilizar países, golpeando los gobiernos de México y Colombia, particularmente la candidatura presidencial del Pacto Histórico. Este partido político ha denunciado que, en la Registraduría Nacional, hoy en manos de un notado uribista, “persisten falta de condiciones para la auditoría real del código fuente y software electorales”.
Un dato expresado por Jaime Bermúdez -exministro de Uribe Vélez y coordinador de la operación Júpiter- indica que la estrategia de manipulación a los votantes, ha repercutido en diecisiete millones de personas. Este alcance masivo indica que el actual discurso político de la derecha puede impactar fácilmente debido al miedo, indignación e incertidumbre, para etiquetar al oponente político y derrotarlo de manera fraudulenta o, creando condiciones para justificar cualquier acto adverso.
La estrategia está encaminada al cerebro como un campo de batalla. Vende miedo, para hacernos comprar seguridad a cualquier precio. Aunque el Plan Júpiter no tiene supuestamente sesgo político, sin embargo, opera como una lavadora de cerebros, que direcciona políticamente el voto a la derecha, mediante constreñimiento a empleados, para favorecer a la candidata de los empresarios. Su finalidad es recomponer el uribismo, para retomar el gobierno, uniformando una actitud emocional básica ciudadana del hombre autoritariamente sojuzgado.
El Plan Júpiter opera en torno a las necesidades e impulsos biológicos primarios, con base en la premisa de que las estructuras mentales que rigen los sentimientos y emociones influyen más que la lógica y la razón, en el momento de tomar decisiones. Además, las emociones pueden repercutir más intensamente sobre la razón; en cambio, la razón no influye con la misma potencia sobre las emociones (particularmente el miedo).
La investigación de La RAYA demuestra que la política del miedo induce a las personas, a votar indignadas. Por lo tanto, ¿es válido preguntar sobre las consecuencias judiciales para los responsables políticos del Plan Júpiter?.
Solo el poder de los sin poder tendrá la última palabra.
Ver: https://youtu.be/IPyGiOxGO1U
