Por: Jimmy Viera Rivera
A finales del reciente mes de marzo, ocurrieron dos hechos relevantes que merecen la atención y análisis de la izquierda institucional, el progresismo y las organizaciones sociales en Colombia. Por una parte, la concentración en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, Argentina, a causa del cincuentenario del golpe militar y, por otra parte, la “Primera Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos” realizada en Porto Alegre, Brasil.
Estos dos eventos se articulan no solo en el mismo tiempo histórico, sino también en una identidad programática de grandes transformaciones para los pueblos de las Américas. Ambos gravitan como referentes en la lucha del pueblo colombiano que, en momentos como este de particular coyuntura electoral, afronta una disyuntiva entre el retorno al pasado autoritario neoliberal o el avance de las reformas sociales, políticas y económicas, y su profundización.
No es casualidad que, durante la misma semana de marzo, tuvieron lugar eventos como el Convoy Nuestra América a Cuba; la protesta callejera anti-Milei en Argentina de más de un millón de personas que luchan por la memoria; la manifestación antifascista de cientos de miles en el Reino Unido; y, especialmente, la gran e histórica movilización «No Kings» de ocho millones de personas en cientos de ciudades de Estados Unidos donde Trump fue una vez más declarado enemigo de la humanidad.
Estas acciones simultáneas en lugares distintos indican una respuesta multitudinaria contra el surgimiento de gobiernos de ultraderecha integrada por sectores fascistas, acompañados del imperialismo. Hoy en día, un antidemocrático y codicioso modelo represivo se impone mediante la fuerza, volviendo al ataque contra los pueblos de nuestro continente y del mundo.
Cabe recordar el golpe de Estado de 1976, en Argentina, que instauró un nuevo modelo económico basado en la valorización financiera de capital, la desindustrialización y una indiscriminada apertura de las importaciones. La dictadura desató un genocidio a través del terrorismo de Estado cuyo objetivo era desarticular el alto nivel alcanzado durante décadas en organización, participación política y conciencia social de amplios sectores del pueblo argentino. Aquellos hijos e hijas de este pueblo, a quienes les arrebataron la vida llena de alegría, sueños y esperanzas, se habían trazado la misión de transformar el país y el mundo.
El reciente manifiesto de la Plaza de Mayo empieza diciendo:
“A 50 años del golpe genocida, estamos juntos nuevamente en esta histórica Plaza, y en todas las plazas del país, con profunda convicción, para reafirmar que la memoria se defiende luchando y porque sabemos que es necesario unir las luchas para fortalecerlas en tiempos difíciles. ¡Son 30.000! Fue y es genocidio. ¡No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos!1.
Milei impulsa el mismo programa que impusieron las grandes empresas en la dictadura cívico-militar para maximizar sus ganancias y profundizar la dependencia. Gobiernos como los de Menem y Macri profundizaron ese modelo mediante el ajuste, las privatizaciones, la desindustrialización, el desmantelamiento de las políticas públicas y los derechos sociales”.
Considerando que el actual gobierno argentino de “La Libertad Avanza” ha profundizado la dependencia a Trump y al imperialismo estadounidense, obedece los mandatos del FMI sobre una reforma laboral esclavista, votada por las fuerzas oficialistas aliadas; el manifiesto de la Plaza de Mayo continúa expresando:
“La deuda es una estafa, las estafas no se pagan. La única deuda es con el pueblo, que esa plata se destine a las jubilaciones, medicamentos, protección social, trabajo, vivienda, salud y educación y no al Fondo. Fuera el FMI.
Exigimos el respeto de los derechos de los pueblos originarios a los territorios ancestrales, autodeterminación y cultura, y acompañamos los reclamos de restitución.
De igual modo, la Conferencia de Porto Alegre caracteriza de profunda crisis, este momento y sus tendencias:
“El sistema capitalista-imperialista atraviesa una profunda crisis y un marcado declive económico, social y moral. La respuesta de las potencias imperialistas a este declive ha sido la promoción del fascismo en todas partes, la imposición de políticas neoliberales, la agresión militar contra las naciones más débiles y su recolonización”2.
Es importante analizar que, en cada país, la amenaza fascista neoliberal adopta formas particulares, pero tiene puntos en común: eliminación de las libertades democráticas; destrucción de los derechos laborales; aumento exponencial del desempleo estructural; desmantelamiento de la seguridad social; represión a los sindicatos y organizaciones populares; privatización de los servicios públicos; política de «austeridad» que elimina toda inversión social; negación acerca de la ciencia y el cambio climático; expropiación a los campesinos para beneficiar la agroindustria; desplazamiento forzado de las poblaciones indígenas para favorecer el extractivismo desenfrenado; políticas migratorias ultrarrestrictivas e incremento enorme del gasto militar.
La I Conferencia Antifascista, continúa su balance:
“La extrema derecha y las fuerzas neofascistas están desarrollando una amplia ofensiva, instrumentalizando el descontento con las desastrosas consecuencias del neoliberalismo para acelerar estas políticas. Con este fin, al igual que el fascismo clásico, buscan dirigir este descontento contra los grupos oprimidos y marginados: migrantes, mujeres, personas LGBTQ+, beneficiarios de programas de inclusión, personas racializadas y minorías nacionales o religiosas.
El imperialismo se está volviendo cada vez más desenfrenado, agresivo y beligerante, pisoteando el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la autodeterminación de los pueblos; sanciona, ataca y bombardea a las naciones que no se someten a sus dictados, y secuestra y asesina a sus jefes de Estado.
La ultraderecha, además de su complicidad con el gobierno genocida de Netanyahu, forja lazos internacionales, celebra congresos, organiza grupos de expertos, emite declaraciones conjuntas, se brinda apoyo mutuo en procesos electorales y colabora en programas de propaganda y desinformación. Asimismo, recibe apoyo directo (o velado) de las llamadas grandes tecnológicas, desestabilizando a los gobiernos que se resisten al imperio y amplificando la propaganda reaccionaria en los medios digitales”.
Entre las conclusiones, cabe destacar la siguiente:
“Las fuerzas que combaten el auge de la extrema derecha son diversas y presentan distintos análisis, estrategias, tácticas, programas y políticas de alianza. La experiencia nos enseña que, si bien es importante reconocer estas diferencias, resulta fundamental articular de forma unificada la lucha contra nuestros enemigos”.
También, hace un llamado a la unidad de las fuerzas progresistas, de izquierda y organizaciones sociales, que debe servirnos como ejemplo a seguir en esta coyuntura electoral colombiana:
“Esta convergencia debe incluir a todas las fuerzas dispuestas a defender a las clases trabajadoras, campesinas, migrantes, mujeres, personas LGBTQ+, personas racializadas, minorías nacionales o religiosas oprimidas, clases medias, pueblos indígenas y afrodescendientes, desempleados; a defender la naturaleza frente al capitalismo ecocida; a combatir las agresiones imperialistas y coloniales, independientemente de su origen; a luchar por el fin de la OTAN; y a apoyar la lucha de los pueblos y gobiernos que resisten. Es urgente compartir análisis, fortalecer los lazos y llevar a cabo acciones concretas”.
Agenda:
Triste final del Ministerio de la Igualdad, en medio de escándalos. Debido al autoritarismo del actual ministro de la cartera, este se consagra como un actor hostil a los procesos sociales, ya que se convirtió en obstáculo en vez de una palanca de impulso al proceso del Congreso Nacional Constituyente, Afrocolombiano, Palenquero y Raizal, y al movimiento de discapacidad.
