Por:Dumar A. Jaramillo-Hernández
Con más de 250.000 descargas y 17.000 citaciones el artículo científico “The value of the world's ecosystem services and natural capital” (El valor de los servicios ecosistémicos y el capital natural del mundo) ocupa puestos privilegiados dentro de la ciencia mundial. Un segundo lugar entre 40.452 artículos de revistas del mundo y un primer lugar dentro de la prestigiosa editorial Nature, para el año 1997, fecha de su publicación.
Es decir, es una de las publicaciones científicas de mayor impacto, donde se pone en números los valores económicos de 17 servicios ecosistémicos en 16 biomas diferentes de la Tierra, nuestro planeta. Concluyendo que el valor de la biosfera podría estimarse en promedio en $33 billones de dólares americanos (USD) al año, donde para ese mismo año (1997), el Producto Interno Bruto (PBI) mundial rondaba los $18 billones USD.
Paremos un poco aquí, para explicar conceptos y poder así contemplar la grandeza de esta argumentación científica. El PIB es una magnitud macroeconómica que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final, medidos para este caso por un año y a nivel global. Es decir, durante el año 1997 la economía mundial generó una producción de bienes y servicios de $18 billones USD.
Por otro lado, los servicios que presta el ecosistema (sus biomas, definidos como grandes áreas ecológicas con clima, vegetación y fauna característica) y el capital natural que los genera son vitales para nosotros y cualquier otra forma de vida en la Tierra. Es decir, este sistema de soporte de vida contribuye, tanto directamente o indirectamente, al bienestar humano. Esta contribución se puede representar como parte del valor económico total del planeta. Este valor fue estimado entre $16 a 54 billones USD (promedio $33 billones USD). O sea, el planeta por el solo hecho de existir sin intervenciones humanas asociadas a sus “avances”, produce aproximadamente el doble del PIB mundial, donde se suman todas las intervenciones humanas habidas y por haber.
¿Pero cuáles son esos 17 servicios ecosistémicos que se valoran en casi el doble del PIB mundial? Comencemos: 1. Regulación gaseosa, composición química atmosférica (ej., la medio bobadita del balance Dióxido de Carbono/Oxígeno). 2. Regulación climática, temperatura global, precipitaciones … (amortiguación de los gases de efecto invernadero). 3. Regulación de disturbios, capacitancia de las fluctuaciones ambientales (ej., control de tormentas e inundaciones). 4. Regulación del agua, flujos hidrológicos (agua para la agricultura). 5. Suministro de agua (ej., cuencas, embalses y acuíferos. 6. Control de la erosión y retención de sedimento (prevención de la pérdida de cubierta edafológica por el viento). 7. Formación de suelo (acumulación de la materia orgánica). 8. Ciclo de nutrientes (ej., fijación de nitrógeno). 9. Tratamiento de residuos, control de la polución. 10. Polinización, reproducción de plantas. 11. Control biológico, regulación de poblaciones animales (ej., insectos trasmisores de enfermedades). 12. Refugio, hábitat. 13. Producción de alimentos, cultivos, animales de abasto. 14. Materias primas, fuente de productos primarios y extractivos. 15. Recursos genéticos (ej., plantas medicinales). 16. Recreación, ecoturismo; y 17. Cultura, arte, educación, valor científico.
Hasta aquí hemos conocido, de la mano de una súper publicación científica del siglo XX (1997), que el planeta nos brinda una importante fuente de bienes y servicios que jamás deberían dejarse pasar por alto; que, al monetizarlos, sobrepasamos en gran medida toda implicación o desarrollo de cualquier gran potencia mundial económica, o hasta la misma sumatoria de todas ellas. No es por nada, que por más de 4500 millones de años la Tierra haya comenzado sus primeros pasos de formación y nosotros tan solo ocupemos una pequeña fracción de ese tiempo, menos de los últimos 7 millones de años, momento en el cual estamos habitándola (y en teoría desde 1950, Antropoceno, alterándola irreversiblemente).
Como pudieron leer, dentro de esos 17 servicios ecosistémicos, la palabra “regulación” aparece en varias ocasiones, dada las reglas de estas columnas de opinión (máximo de 1200 palabras), trataré de ser sucinto en explicar con mayor ahínco el papel ecosistémico en regular/evitar que ciertas enfermedades aparezcan en nuestras sociedades, me detengo allí por el trauma que generó la pandemia por SARS-CoV-2 agente causal de la COVID-19. Partamos del precepto: la biodiversidad funciona como tampón (buffer) biológico para múltiples agentes infectocontagiosos que están circulando de forma estable dentro de los biomas.
Los biomas tienen sus propios sistemas de protección ambiental, soportados en las diversidades: A. Biológica (múltiples especies de plantas, animales …), B. Genética (especies con múltiples adaptaciones/cambios de acuerdo a sus contextos cambiantes) y C. Funcional (fenómenos biofísicos en dicho entorno). Esta riqueza biodiversa sustenta el fenómeno conocido como “efecto de dilución” de ciertos patógenos que se mantienen estables en esos biomas, y están contenidos y gestionados por esos sistemas de protección ambiental propios de los ecosistemas.
Es decir, los ecosistemas mantienen estables (lejos) a múltiples agentes infectocontagiosos, que bien podrían terminar expuestos a poblaciones de animales domésticos o cultivos (caos en la seguridad alimentaria) y sociedades humanas (una nueva pandemia). Por supuesto, y como todos sabemos, la actual disminución sin precedentes de la biodiversidad mundial reduce la capacidad de las comunidades ecológicas para proporcionar este servicio ecosistémico fundamental.
Para la muestra, un botón: el 98% de biomasa de mamíferos terrestres del planeta, está asociada a los humanos y sus sistemas de producción animal (bovinos, equinos, porcinos, aves, entre otros animales de abasto). O sea, solo un 2% de biomasa pertenece a mamíferos terrestres silvestres (MTS). Aunque dentro de esa biomasa MTS los roedores y murciélagos son solo un 23%, estos aportan el 90% de la biodiversidad misma. Por otro lado, los animales de pezuña hendida (ej., ciervos, jabalíes, camélidos, hipopótamos, jirafas, entre otros) ocupan un 50% de esa biomasa de MTS. Es decir, la mitad de toda la biomasa de los MTS está supeditada a unas pocas especies únicamente.
Año a año se ha cambiado la relación natural de biodiversidad mundial, concentrando la población animal en unas pocas especies mamíferas relacionadas con producción de proteína (leche, carne, huevos) para la canasta familiar.
¿Y dónde queda la funcionalidad de la biodiversidad para la vida misma?
Es imperante que comencemos a entender los servicios ecosistémicos, a darles el lugar privilegiado en números dentro de las acciones antrópicas económicas que esta sociedad moderna desarrolla. Por supuesto no es solo funcional per se la biodiversidad vista como actividad económica; desde la perspectiva estética, la biodiversidad ofrece la contemplación, el bienestar de percepción de la armonía natural de un entorno, la sensación del silencio cómodo de los bosques, el aura majestuosa de los humedales, la torrencial fuerza de los ríos. La biodiversidad permite maravillarse a través de la hermosura de la misma.
Esta columna de opinión emerge en protesta a múltiples académicos, muchos con doctorado, que ven un bioma únicamente en indicadores de producción animal o vegetal (producción de alimentos para animales o canasta familiar); debemos leer más y mejor.
