Por: Aiden Salgado Cassiani
Eran los años de 1972 y Colombia continuaba en el anonimato de las grandes competencias mundiales, a pesar del triunfo en 1971 del ciclista aficionado Martín Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez, quien ganó el campeonato mundial en los 4.000 metros persecución individual en Varese, Italia. Solo el 28 de octubre de 1972, cuando el palenquero Antonio Cervantes Reyes, “Kid Pambelé”, noqueó tras diez asaltos al nacido en Panamá Alfonso Frazer y logró convertirse en campeón mundial de boxeo en la categoría wélter júnior, título que sostuvo hasta 1976, cuando perdió frente al puertorriqueño Wilfred Benítez por decisión dividida. Título que recuperó tres años después y que perdió en 1980 frente a Aaron Pryor, sellando así un periodo de gloria en el boxeo a nivel mundial.
La consecución de ese título mundial de Kid Pambelé y sus defensas a lo largo del periodo en que se sostuvo como campeón, fue un hecho sin precedentes en la historia nacional. Ese hombre palenquero, de extracción humilde, que había trabajado como lustrabotas, vendedor de tinto y en otros oficios propios de su clase pobre y discriminada, le enseñó a Colombia realmente a ganar a nivel mundial, colocando en alto el nombre de la nación granadina y visibilizando internacionalmente que en este territorio, al norte de Latinoamérica, también había afrodescendientes o personas negras descendientes del continente africano, cuyos antepasados llegaron en condición de esclavizados, especialmente procedentes de un pueblo con muchas culturas y tradiciones provenientes del continente negro.
El triunfo de Pambelé no solo le trajo gloria a Colombia (que no se la ha devuelto) sino también a su pueblo natal, Palenque de San Basilio, territorio que estaba en el olvido nacional e internacional, solo interesado para algunos antropólogos y lingüistas que realizaban trabajos de investigación académica sobre su riqueza cultural y lingüística. Eran estaciones de tiempo que pasaban los académicos realizando trabajo de campo, explorando la riqueza cultural de una gente poseedora de una enorme herencia cultural, pero abandonado por el Estado colombiano, que no se imaginaba que podía existir un pueblo descendiente de africanos con una lengua propia, un sistema de justicia y organización social propios, una forma particular de despedir a sus muertos, entre otras singularidades culturales de este, el primer pueblo libre de América.
Las implicaciones del triunfo de Cervantes Reyes llegaron al territorio palenquero como agua bendita. Gracias a ese título se instaló por primera vez el sistema de alumbrado público, llegando la energía eléctrica a los hogares palenqueros, así como el servicio de acueducto; también se mejoró el sistema de ingreso por carretera. El título de Pambelé sirvió para dignificar la vida de las y los palenqueros, quienes gracias a esa gesta de Antonio Cervantes Reyes se dieron a conocer en toda la geografía nacional y empezaron a aparecer en la televisión. Fueron esas imágenes las que algunos investigadores del tema étnico observaron, generando una mayor atracción para visitar el pueblo.
Para la época del título ya se habían realizado algunas publicaciones escritas sobre la cultura palenquera; el título hizo aún más atractivo que investigadoras e investigadores culturales y lingüistas llegaran al territorio. En esa misma época, en los años setenta, llega Nina S. de Friedemann, quien se hospeda en la casa del segundo profesional palenquero, Leonardo Herrera, para realizar sus estudios. En 1979, Richard Cross y Nina S. de Friedemann publican el libro Ma Ngombe: guerreros y ganaderos en Palenque. Más tarde llegan el lingüista Carlos Patiño, Nicolás del Castillo Mathieu, Germán de Granda, Armin Schwegler, Yves Moñino, entre otros. Con ello no desconocemos a quienes llegaron antes, como Zapata Olivella y su hermana, Aquiles Escalante, Jose Rafael Arboleda así como otros investigadores.
Palenque, con las publicaciones de artículos y libros, junto a la figura de Evaristo Márquez, quien había participado en la película Quemada en 1969, y la inclusión nacional e internacional del tamborero Paulino Salgado, Batata, comenzó a darse a conocer ante la sociedad nacional e internacional. A este reconocimiento de memoria se suma para siempre el aporte de Pambelé al pueblo palenquero, que debe estar siempre presente en las nuevas generaciones de forma positiva, a pesar de las dificultades que ha vivido y que, incluso hoy, enfrenta en términos de falta de un ingreso económico con una pensión digna.
Hace algo más de un mes, el 23 de diciembre, acompañé la celebración del cumpleaños número 80 del deportista más grande de Colombia, en su morada en la ciudad de Turbaco. Allí pude observar que el salario que recibe por la gloria que le dio a Colombia no es significativo, a pesar de sus 21 defensas de títulos mundiales, con dos derrotas, récord todavía sin superar. Por esta razón fue exaltado en el Salón de la Fama. Hoy Pambelé no ha sido suficientemente glorificado por la sociedad; es hora de reconocer su aporte al orgullo nacional. A pesar de las dificultades que vivió en términos comportamentales, no puede ser olvidado y solamente recordado por los mayores de 60 años, que muchas veces dicen evocar cómo en sus casas se despertaban en la madrugada para ver sus peleas. Pambelé debe seguir estando presente, y se requieren muchos homenajes en su nombre, ahora que está vivo, para que él los pueda disfrutar.

Pambelé y su familia, así como el suscrito, creemos que es necesaria la creación en Palenque de San Basilio del Museo Antonio Cervantes Reyes “Kid Pambelé”, donde se exalte la forma como fue registrada su gloria en la televisión, en los medios escritos así como radiales, su vestimenta, todas sus películas, para que su legado permanezca entre los palenqueros y la gran cantidad de turistas que hoy visitan ese territorio, después de haber sido declarado Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, el cual se dio a conocer primero por la gesta de las y los cimarrones y después por el cimarrón viviente del boxeo, Antonio Cervantes Reyes, Kid Pambelé.
Desde el Palenque, un cimarrón todavía.
