Por: Jimmy Viera Rivera
Africa, he guardado tu memoria. Africa, tú estás en mí, como la espina está en la herida.
Jacques Roumain

Manuel Zapata Olivella fue un hombre polifacético: antropólogo, periodista, médico, novelista, poeta, boxeador, trashumante, militante del movimiento negro, político, artista, humanista. Fue un hombre compenetrado con la herencia mágico-espiritual africana y, portador de una concepción trascendental (del ser) que surca sus principales obras. Entre estas, “Changó, el gran putas” y “El árbol brujo de la libertad”.
Zapata fue un gran heterodoxo que rompió con la ortodoxia católica, con el establecimiento político colombiano y, a su vez, con la ortodoxia rígida del partido de izquierda donde militó durante más de 20 años.
La negación por parte del colonialismo y neocolonialismo con respecto a las potencias espirituales del ser africano y su descendencia, buscaba despojar de la identidad y, a la vez, facilitaba la doble explotación de clase y racial. Por consiguiente, una de las misteriosas claves de Zapata sobre la reconstrucción de un movimiento negro mundial era rescatar como uno de sus grandes motores, la espiritualidad del pensamiento empiromágico de matriz africana.
Zapata, en el texto “Afroamérica, siglo xxi: tecnología e identidad cultural”, nos dice: “El "muntu" concibe la familia como la suma de los difuntos (ancestros) y los vivos, unidos por la palabra a los animales, a los árboles, a los minerales (tierra, agua, fuego, estrellas) y a las herramientas, en un nudo indisoluble. Esta es la concepción de la humanidad que los pueblos más explotados del mundo, los africanos, devuelven a sus colonizadores europeos sin amarguras ni resentimientos. Una filosofía vital de amor, alegría y paz entre los hombres y el mundo que los nutre”.
En su libro, “Las claves mágicas de América”, reseña: “En el II congreso de la cultura negra de las Américas, reunido en marzo de 1980 en Panamá, después de acucioso estudio, se llegó por unanimidad a la conclusión de que en América, los conceptos de raza y clase eran históricamente inseparables. No puede ser de otra manera, pues como hemos visto, la condición humana, capaz de dar una posición social al negro y al indio (desde luego después de aceptarse que no poseían alma), estuvo acondicionada a los estatus de esclavo y siervo”.
Zapata se adelanta a la corriente decolonial, cuando hace una crítica temprana al eurocentrismo y racialización en el pensamiento social latinoamericano, además de hacer la crítica a la colonialidad del poder. Por lo tanto, es pionero de esta corriente y la supera desde una perspectiva anticapitalista y antiimperialista.
Zapata nos brinda en sus textos, varias puertas de entrada al mundo de la espiritualidad africana. Señala que el colonialismo introdujo a través de las misiones cristianas en África, un idioma, cultura, filosofía y religión que se contraponía totalmente a las tradiciones yorubas, bantúes, etc. Las misiones aparentaban que la "civilización" venía con ellas, pero lo que implantaron fue realmente el terror. En África, la espiritualidad yoruba estuvo expuesta a factores externos que actuaban sobre y contra ella, desde épocas remotas. La evangelización fue una daga que hirió el espíritu y cultura ancestral de un pueblo.
La visión sagrada de los africanos, anclada en el culto a los orichas y ancestros y, en la corp-oralidad, fue utilizada como un argumento para acusarlos de brujos, hechiceros y curanderos. Por lo tanto, la memoria histórico-cultural fue fragmentada y continúo siendo demonizada en el Nuevo Mundo.
La cultura católica esclavista del siglo XVII designó el término “brujería”, como un sinónimo de la “herejía” que, por excelencia, debía estar castigada. La iglesia buscaba no sólo “ayudar a los paganos” africanos, a ser buenos cristianos, sino que también pretendía mediante la inquisición, inducirlos a renegar de los legados rituales de africanía, como: los saberes botánicos, mágico-religiosos y adivinatorios utilizados como parte del gran acervo cultural.
Aunque los españoles lograron domar el cuerpo de los esclavos, mediante azotes y cadenas, sin embargo, el alma de los negros permaneció indomable. El africano mantuvo los trazos de su memoria espiritual, tejida con hilos que formaban la trama de su corp-oralidad, parcialmente rota por consecuencia de la deportación, la empresa evangelizadora, la cosificación, la paganización y la demonización a las prácticas culturales y espirituales africanas. Sin embargo, los africanos lograron a través de sus cantos, música, espiritualidad y adivinación, reconstruir y reactivar la memoria, formando en las nuevas generaciones, los soportes que reconstituyeron a través de mecanismos de adopción y resignificación, su mundo espiritual.
Tanto la visión acerca del mundo como también el método empírico-mágico que nació con el ser africano, sobrevivieron a la trata transatlántica de esclavos -un crimen de lesa humanidad con la bendición de la iglesia católica- y jugaron un papel preponderante en la resistencia contra la esclavitud, colonización y expansión capitalista, además de servir en la reconstrucción de la memoria histórica-cultural-espiritual y liberta en el territorio de las Américas.
El pensamiento de Zapata Olivella y la nueva cruzada evangélica recolonizadora
Zapata Olivella afirmó: “El gigante afroamericano ha despertado. Después de sufrir el letargo de los zombis por tantos siglos, ahora emerge con el zarpazo de la tigritud de que habla Wole Soyinca”.
El pensamiento anticolonial de Zapata continúa vigente y nos habla de un despertar afroamericano que, mientras exista un pueblo dispuesto a luchar y mientras la pasión por la libertad individual y colectiva renazca en cada uno de nosotros, no podrá caer en el letargo.
Hoy en día, estamos frente a una nueva cruzada evangélica-sionista: la iniciativa denominada “Gran América del Norte”. Su objetivo es formar un nuevo mapa imperial con fuerte carácter de control territorial y reconfiguración del poder regional, a partir de la anexión de países bajo la hegemonía total de EE. UU., para constituir Estados vasallos. Esta nueva cruzada en cabeza del fanático religioso evangélico Pete Hegseth, al mando del pentágono como secretario de guerra de EE. UU., entraña pretensiones teocráticas más ambiciosas que las del nazismo clásico.
La “Gran América del Norte”, enmarcada en la estrategia de seguridad hemisférica del continente americano, abarca desde Ecuador hasta Groenlandia. Esta nueva configuración incluye, por ejemplo, a todo el Caribe y Centroamérica, México, Colombia, Venezuela y Guyana. Si bien, esta es una nueva y prepotente delimitación geográfica, el propósito estratégico de la redefinición busca fortalecer la influencia y control de Washington en el continente.
Uno de los objetivos de la estrategia de EE. UU. es aplazar el despertar de las conciencias afroamericanas, ya que los nuevos recursos económicos que provienen de fondos militares para los movimientos sociales de las Américas buscan cooptar y perpetuar una elite social burocrática, al servicio de la nueva estrategia de seguridad, para contribuir a la política colonial de anexar estos países, al “Gran América del Norte”.
La actualidad del pensamiento anticolonial de Manuel Zapata Olivella recorrerá las Américas, a pesar de que la mayor parte de organizaciones domesticadas afros, dependientes de la cooperación internacional, abandonaron el pensamiento revolucionario de Zapata Olivella.
La epopeya de los hijos de Changó en las Américas, no ha terminado.
Los babalaos de la resistencia, estamos en píe de lucha.
Gracias Manuel, cantor de las insurrecciones de las almas negras africanas en las Américas.
¡Ibae bayen tonu timbelese Olodumare!, Manuel Zapata Olivella ancestro inmortal.
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