Por: Óscar Montero De La Rosa
El Ministerio de Igualdad y Equidad creado recientemente en Colombia, ha sido uno de los grandes cambios que ha tenido el poder ejecutivo del actual Gobierno liderado por el presidente Gustavo Petro Urrego. Un Ministerio que le apuesta a erradicar todas las desigualdades posibles en un país como el nuestro.

Hoy la persona que encabeza este Ministerio, después del paso de Márquez, Rosero y Florián, es Luis Alfredo Acosta Zapata, un nasa de Caloto, el popular y cariñosamente conocido en el movimiento indígena de Colombia como “Lucho” o como el “Nasa Wala”; a él lo conozco desde hace muchos años en su coherencia política y cultural con los más olvidados o los “nadie” en Colombia. Si hay una persona que conozca cada kilómetro de esta geografía nacional, es Lucho; ha caminado día y noche los lugares más recónditos e inhóspitos de la Colombia profunda, donde ha estado siempre con la gente. Y para ello NO ha necesitado “títulos y pergaminos” que hoy le exige una “sociedad” con un discurso completamente racista, discriminatorio y excluyente que no acaba contra los Pueblos Indígenas en Colombia, pero a ello no le hemos tenido miedo, porque hasta nos lo han quitado. Para ello, como tantos otros, Lucho ha tenido dignidad, valentía, compromiso y humildad; una humildad que, sin lugar a dudas, heredó de su madre, Ana Tulia Acosta, una mujer nasa de palabra calmada pero firme, y una de las primeras en liberar la Madre Tierra en el norte del Cauca. De ella, Lucho heredó también la fuerza para defender la tierra que pisamos. Hoy, que sea ella —junto a todos los guardias que Lucho ha dirigido, acompañado y, dolorosamente, enterrado— quien nos acompañe en esta Colombia desangrada.

Yo que tengo los “títulos” que hoy muchos exigen, reconozco y soy consciente de que si no hay amor de patria, podrá haber todos los títulos que se quiera, pero de nada sirve si no hay coherencia, conciencia y conocimiento de la realidad que vive el país y del sueño que se debe tejer a diario para transformarlo.
Con Lucho hemos caminado, tejido y en Minga, poniendo el pecho a la lucha, a la resistencia y con ella hemos esquivado muchas veces la mala muerte que nos acecha, hemos puesto en práctica la palabra, esa que tiene valor y significado para la gente y para nuestros padres y madres espirituales que siempre nos acompañan. Recuerdo tanto las luchas que hemos dado y he acompañado con él en momentos críticos de gran escala de conflicto armado en Colombia en contra del movimiento indígena colombiano, esas dadas en Chocó cuando asesinan al coordinador de la guardia de los Emberá Katío en el kilómetro 21 en la vía Quibdó -Medellín y donde logramos que el Ejército Nacional pidiera perdón a los Emberá por lo sucedido; allá en los Llanos Orientales en Arauca cuando asesinan a los hermanos indígenas del Pueblo Betoy y frente al batallón de Tame exigimos justicia y que parara el genocidio indígena; ello solo por contar un sin número de Mingas por la Vida que igualmente hemos caminado en el Cauca, en Nariño, en Cali, en Bogotá y en los territorios del “mal de la abundancia”, eso en donde sigue habiendo sed de explotación.

Para hacer eso que poco he descrito se necesita de conocimiento y de estudio que solo se aprende en la educación de la familia alrededor del fogón, en la educación de la vida, esa que muy poco enseñan en las grandes universidades del país y del mundo, así que los que hoy se rasgan las vestiduras por títulos, tengan presente y no es por excusas, porque muchos indígenas hemos podido con sacrificios estudiar en alguna universidad, pero al igual que muchos, Lucho viene de allá, de la montaña, en donde muchos como en cualquier otra parte del país no tenemos posibilidades de estudio, por esa misma razón y por eso la importancia del cargo que hoy ostenta; porque no hay igualdad en derechos, porque no hay posibilidad en lo que el Estado Social de Derecho debería garantizar a todos sus ciudadanos en el país, pero además Lucho viene de esos lugares en donde el conflicto no cesa, en donde literal las balas no callan y en donde la vida es a sobrevivencia; aun así salimos adelante con la frente en alto, alegres y con dignidad mirando desde el corazón.

Hoy nuevamente el racismo, la discriminación y el poder colonial con el que se creen los “criollos” de la Colombia actual, pero también de otros tiempos quieren ver en el poder a corbatas en vez de ruanas, a estudiosos de grandes centros en vez de gente que vive y conoce la realidad del país. A ellos que sigan en su burbuja colonial del saber y a los nadie, a los de a pie, a los de las montañas y selvas; sigamos soñando con los pies en la tierra, esa que nos sostiene y alimenta, que, con el empeño, empuje y perseverancia que siempre nos ha tocado, porque nada nos han regalado… ¡Seguiremos luchando!
Esto es un reconocimiento a la histórica lucha de los pueblos y sus organizaciones indígenas, a los caminantes de la paz, a los caminantes de la vida, que sin temor hasta con su vida han defendido este país.

¡Guardia Guardia, Fuerza Fuerza!
Gracias a la Casa Grande ONIC, CRIC y todos los Pueblos Indígenas, Negros, Campesinos y urbanos que caminan la Palabra con valor, dignidad y sentido… Ya quisiera tener los títulos del caminar que Lucho ha realizado en esta patria que se resiste a ver su origen.
