Por: Karla Díaz
El agua fría que baja de la cordillera, el sonido de los loros en Leticia, el ancho río que une el Caquetá con el Putumayo, el verde de mi tierra amazónica. Nuestra tierra es un olor, es calor en la piel, es un color que nos nombra. Lo decimos los caqueteños con orgullo, somos la puerta de oro de la Amazonía colombiana, una puerta que ni la violencia ha logrado cerrar.
Hoy esa puerta vuelve a estar amenazada. Un falso tigre, una plaga mejor, amenaza con arrasarla para convertirla en tierra del oro negro, en un negocio que engorda a unos empresarios mientras sus habitantes se quedan sin agua, viendo cómo se destrozan las carreteras y cómo las comunidades indígenas pierden sus territorios. Abelardo lo ha dicho sin rodeos, reactivará los contratos de exploración petrolera, retomará la fumigación aérea con glifosato y le abrirá de par en par la puerta al fracking.
En el 2017 Cumaral, Meta le dijo No al petróleo mediante la consulta Popular. En el sur del Caquetá, durante el 2018 y 2019 nos plantamos para frenar esa amenaza. En el Putumayo las comunidades les han puesto el cuerpo y la vida a esta maquinaria que llega a arrasarlo todo. Ya dimos esa pelea, la lucha contra el saqueo nos unió, y es momento de unirnos otra vez.
Entiendo la frustración que dejó el primer gobierno de izquierda. La Paz Total fracasó, la violencia armada llegó hasta las ciudades, empresarios extorsionados, campesinos agotados. Reconocer los errores es lo propio de un gobierno democrático. El próximo gobierno progresista tendrá que corregir el rumbo, pero el camino no es regresar a la seguridad democrática. Esa política ya tiene su saldo, 6.402 jóvenes asesinados por el Ejército y presentados como guerrilleros muertos en combate entre 2002 y 2008, cifra que la justicia transicional acaba de elevar a 7.837. Solo al Batallón de Infantería número 21, en el Meta, se le atribuyen al menos 395 de esos asesinatos. Con Abelardo regresa esa violencia, la de la retoma del Caguán, donde tantos civiles fueron encarcelados sin justicia, desplazados o asesinados.
No nos engañemos, los errores de Petro no los resolverá Abelardo, los agravará, más violencia, más fracking, más destrucción, más pobreza. Conviene recordar que el progresismo es más que Petro, que una persona no es lo mismo que un proceso de transformación social. Esto apenas comienza.
Habitantes del Caquetá, Meta y Guaviare, no podemos volver a esos tiempos. Lo que está en juego es un nuevo ciclo de violencia contra la población civil, señalada otra vez como "auxiliadora de la guerrilla". Pueden volver los días en que el Ejército revisaba la remesa y decidía cuánta comida podían llevar, los retenes donde se desaparecía a la gente, la persecución solo por pensar distinto. Con Abelardo nuestra tierra ya no olerá a hierba sino a glifosato, el verde será opacado por llamaradas que encenderán el cielo día y noche. Ya no quedarán ríos donde calmar el calor del verano.
Este llamado es a las campesinas y los campesinos que abrieron monte e hicieron de este territorio su casa, a los pueblos indígenas que son hijos de esta tierra, y a quienes como yo han hecho de las ciudades amazónicas su hogar. También a los habitantes de las ciudades andinas y a la juventud que heredará un mundo más caliente si caemos en manos de negacionistas del cambio climático. Este es un llamado a todas las personas que reconocen el olor y el color de esta tierra, a quienes crecimos en medio del río, a no dejar que todo esto sea destruido. El papa Francisco llamó a la Tierra nuestra casa común, y eso es la Amazonía, nuestra casa, una casa que debemos defender.
