Por: Migdalia Arcila
Para todos los que nacimos y crecimos en algún país de América Latina no es una sorpresa que alguien pueda ser desaparecido o arrojado en centros de detención solo por expresar opiniones contrarias al gobierno de turno. Más aún, algunos incluso nos convencimos erróneamente de que este tipo de represión era algo característico de países como el nuestro. Algunos nos tragamos entero el cuento que nos contaban desde el norte sobre los “totalitarismos” del Sur Global y sobre cómo estos regímenes contrastaban con las lustrosas libertades individuales que se podían gozar en países como Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad.
Estados Unidos ha sido, es y será la fuerza represiva y antidemocrática más grande que ha visto la historia moderna. En las últimas semanas hemos visto el recrudecimiento de la persecución, difamación y acoso hacia estudiantes universitarios que han protagonizado las protestas en contra del genocidio en Gaza y la ocupación ilegal del territorio Palestino. El pasado martes 28 de marzo, Rümeysa Öztürk, una estudiante de posgrado en la universidad de Tufts, fue sorprendida saliendo de su casa en Boston por agentes de migración vestidos de civil y con sus rostros cubiertos. Como se puede ver en el video que rápidamente le dio la vuelta al mundo, la ciudadana turca fue arrestada sin ninguna explicación de por medio. Luego de 24 horas sin tener noticia de su paradero, la abogada de Rümeysa fue notificada de que esta se encontraba detenida en Louisiana, a más de 2,500 kilómetros de distancia. Esta estudiante se convirtió en objeto de lo que no puede ser descrito más que como un secuestro por un artículo de opinión que escribió junto con otros tres compañeros en el periódico estudiantil. En el artículo los estudiantes hacen un llamado para que la universidad reconsidere sus lazos económicos con Israel dadas sistemáticas violaciones al derecho internacional.
Rümeysa fue raptada tan solo 20 días después del arresto arbitrario de Mahmoud Khalil, estudiante doctoral de Columbia. Pese a ser un residente legal de los Estados Unidos (tener una Green Card), Mahmoud fue arrestado por agentes de inmigración cuando estaba apunto de entrar en la residencia universitaria donde vive con su esposa, quien está en el octavo mes de embarazo. Al mejor estilo de la policía secreta, Mahmoud fue separado de su familia y desaparecido por más de 24 horas. Al igual que Rümeysa, Mahmoud se encuentra actualmente detenido en Louisiana. Como se puede ver en el reciente documental Los Campamentos, Mahmoud Khalil era parte del equipo de negociación del movimiento estudiantil que en abril del año pasado organizó el campamento de protesta en contra de las relaciones económicas que la universidad de Columbia sostiene con Israel.
A Rümeysa y a Mahmoud se le suma el caso de Momodou Taal, estudiante doctoral de la universidad de Cornell quien, pese a soportar el acoso constante por parte de la administración de la universidad, se ha convertido en una de las voces más importantes dentro del movimiento estudiantil en Estados Unidos. Momodou, junto con otros dos miembros de la comunidad académica de Cornell, interpuso una demanda en contra de la administración Trump. La demanda busca revertir las órdenes ejecutivas destinadas a justificar la deportación y arresto de estudiantes que han participado en protestas pro-Palestina. Como respuesta de retaliación por ejercer su legítimo derecho a la libertad de expresión, la visa de Momodou fue revocada y ahora se encuentra bajo amenaza de ser detenido.
Así como Rümeysa, Mahmoud y Momodou hay cientos de estudiantes y activistas en Estados Unidos que están bajo detención arbitraria o bajo la amenaza de ser detenidos y deportados. El recrudecimiento de la represión estadounidense ha encontrado en estos estudiantes sus víctimas ejemplificantes. El mensaje es muy claro, hablar de Palestina, sin importar que tan moderado o radical sea el discurso, es sinónimo de terrorismo y antisemitismo. Esta equivocación y abuso de los términos no es exclusiva de la administración de Trump ni de los demás gobiernos de ultraderecha alrededor del mundo, es por el contrario –como lo he dicho incansablemente— el resultado del aparato ideológico que sostiene el proyecto colonial del mal llamado “estado” de Israel. Pero este es un aparato que se está demorando. La represión y violencia estatal a la que son sometidos Rümeysa, Mahmoud y Momodou es la muestra de que se le acabaron los discursos y las máscaras al liberalismo gringo. No pudieron convencernos de que aniquilar a toda una población es algo que puede llevar un nombre diferente al de genocidio, no pudieron convercernos de que los muertos que se cuentan por miles son un daño colateral, no pudieron convencernos de que el destino de los palestinos es ser volados en pedazos ante el beneplácito del mundo entero. En otras palabras, lo que no pudieron hacer con propaganda y manipulación ahora lo quieren hacer por la fuerza. Aterrorizar a los estudiantes y echar a la basura el derecho a la libre expresión, entronizado en su propia constitución, es una muestra del inevitable proceso de decadencia del imperio norteamericano.