Por: Aiden Salgado Cassiani
El gobierno saliente, contó con un hecho histórico, en especial para el pueblo afrocolombiano; tuvo por primera vez una vicepresidenta negra que venía de los sectores populares de uno de los lugares más empobrecidos de Colombia, la comunidad de La Toma, municipio de Suárez, departamento del Cauca, un lugar de asentamiento de esclavizados que trabajaban la minería—, el hecho de que esa mujer con esas cualidades, llegara a ese cargo es superimportante para los símbolos futuros de nuestra comunidad. En este artículo no me adentraré a realizar un balance de su gobierno, porque este lo pueden encontrar en https://datalogo.dnp.gov.co/informe-empalme —y seguro encontrarán aciertos y desaciertos, con sucesos con los que podemos o no estar de acuerdo—; me quiero centrar en dos hechos fundamentales que vivimos el día 31 de julio.
Ese día se hizo la presentación del documento Plan estratégico de reparaciones históricas para la restauración de la dignidad de los pueblos afrodescendientes, raizales, palenqueros e indígenas en Colombia, del cual hizo entrega a las instituciones y personas invitadas al evento. El texto lo componen cinco capítulos, pero la parte que creo más relevante es la cuarta: Agenda para la restauración de la dignidad de los pueblos afrodescendientes, raizales, palenqueros e indígenas. En este texto, vale la pena resaltar los puntos de verdad histórica, reparación económica y educación e interculturalidad, que deben ser útiles para la recuperación de la dignidad del pasado de nuestro pueblo, porque no podemos desligar la situación social, política y cultural de la gente negra, afrocolombiana, raizal y palenquera del pasado de las y los esclavizados afrodescendientes de los siglos pasados en Colombia, la región de América y el Caribe. En ese orden de ideas, quienes acumularon riqueza —sean empresas, Estado o familias— tienen una deuda histórica que saldar con los descendientes de esclavizados, como descendientes de esclavistas; y de allí la importancia de las reparaciones.
Este documento, que se venía trabajando desde hace varios años, se convierte en un referente para el país en la lucha contra el racismo y la discriminación, pero también en un instrumento para la unidad del pueblo negro, que debe ser apropiado por todos los sectores sin distinción ideológica determinista y según la apuesta política de cada quien, así como puesto en uso para su materialización.
El otro hecho fundamental de ese día, fue llevar el cuadro del único presidente negro de la Nación al Palacio Presidencial, para que sea exhibido, como los otros presidentes, en la galería presidencial. Esto, más que un hecho simbólico, es un hecho de justicia histórica racial, porque es reconocer la historia y que en ella hemos estado en todos los escenarios y, como tal, eso debe ser dado a conocer. En palabras del periodista Gonzalo Guillén, quien ha luchado por este propósito hace más de una década, este es un acto justo con la historia y de reconocimiento del papel de estas poblaciones en todos los ámbitos sociales.
La figura de Juan José Nieto Gil como único presidente negro es de gran importancia para las futuras generaciones, porque permite, por un lado, visibilizar la vida de un hombre que, aparte de ser presidente, fue escritor; pero, por el otro, es un hecho que puede ser considerado como una reparación histórica simbólica que aporta a la dignificación y el reconocimiento de la comunidad afrocolombiana, una especie de justicia histórica reparativa. Esto es necesario para los simbolismos que contribuyen, en lo psicológico, al fortalecimiento sociocultural de una población que se puede ver reflejada en este personaje. Por eso es un hecho que va de lo material a lo inmaterial: es más que un cuadro en medio de los presidentes de Colombia, es la representación de la dignidad de un pueblo a través de un nombre, Juan José Nieto Gil.
Estos dos hechos, de suma importancia, deben ser tenidos en cuenta no solo para el pueblo negro, afrocolombiano, palenquero y raizal, sino para toda la sociedad colombiana, y deben ser valorados y respetados por todos los gobiernos de aquí en adelante; como tal, se deben fortalecer y materializar. Y es tarea del pueblo negro, afrocolombiano, raizal y palenquero, aparte de reconocer sus valores, también cimarronear para que se cumplan en lo material e inmaterial. Gracias, vicepresidenta, por estas dos acciones en este momento de cruzada de nuestro pueblo colombiano.
Desde el Palenque, un cimarrón todavía.
