Por: Aiden Salgado Cassiani
Hace unas semanas terminé de leer un libro del cual quiero hacer unas anotaciones en esta columna. Mujeres del cuidado, con una historia de esas que pocos valoran con la importancia que realmente amerita, es un relato de vida que pone en escena el tema de las mujeres cuidadoras del hogar, que en el momento actual es de suma importancia. A pesar de esto, sus reivindicaciones casi nunca —por no decir nunca— están presentes en las agendas de movilización del movimiento social, y mucho menos de los movimientos étnicos. El presente texto quiere llamar la atención frente a unas reivindicaciones sectoriales específicas que deben hacer parte de la agenda, para ser tenidas en cuenta aún más en las actuales reivindicaciones de derechos que se van a ir presentando en estas épocas.
El libro Mujeres del cuidado: experiencia y lucha de empleadas afrodescendientes en el servicio doméstico, publicado por la Editorial El Nombre de la Rosa, escrito por el hermano Ramón Emilio Perea Lemos, y con un aparte de historia de vida de cuatro mujeres, consta de seis capítulos, incluyendo unas recomendaciones.
El primero, «Humanidad y cuidado en el servicio doméstico», realiza unas definiciones conceptuales sobre esta actividad; también analiza su relacionamiento con la esclavitud, para dejarnos claros sus conceptos históricos y epistemológicas.
El segundo, «Trabajo femenino y servicio doméstico», está dedicado a presentar diversas actividades económicas que realizan las mujeres y que, a pesar de la exclusión de estas, tienen más valor que el trabajo doméstico; nos presenta de forma sucinta cómo este trabajo se realiza en algunos lugares del continente americano, mostrándonos cifras de esa realidad.
El tercero, «Racismo, temor y control», es un apartado que constituye una clase magistral sobre el racismo y la discriminación racial desde una perspectiva histórica y la forma como se representa en el presente, pero también sobre cómo viven este racismo las mujeres racializadas que trabajan en el servicio doméstico: esas múltiples opresiones por ser negras, mujeres y pobres, esa imbricación interseccional de clase, género y raza que hace más compleja la opresión de las mujeres negras del trabajo del hogar.
El cuarto, «Nacimiento y crecimiento de UTRASD (Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico)», da cuenta del nacimiento político y organizativo de la lucha de estas mujeres negras afrodescendientes en el sector, que dio origen al primer sindicato de esta naturaleza en Colombia, la primera agremiación de mujeres trabajadoras del servicio; esta agremiación le puede aportar muchísimo a la lucha social.
El quinto, «La transformación del pensar, sentir y hacer», nos lleva a la vida personal de las cuatro mujeres protagonistas del libro y a la forma como el hacer cambió su proyecto de vida y su visión del mundo, llevándolas a pensarse un mundo diferente al que se imaginaban cuando solamente eran mujeres negras trabajadoras de un hogar por un salario. En este apartado se observa la evolución política y emocional de estas mujeres, a quienes el ejercicio del día a día les cambió la vida, la de su familia y el entorno, y que han incidido en el futuro de otras mujeres como ejemplo a seguir.
Y el último capítulo, «Recomendaciones», es uno de los más importantes: hay unas líneas bien trabajadas de exigibilidad de derecho que realiza el autor para que sean tenidas en cuenta a la hora de adelantar acciones para este sector, que tanto le aporta a la economía del país sean tenidas en cuenta. Sus recomendaciones van en diferentes niveles: para las organizaciones afrocolombianas, que no le han dado el valor real a este sector; también para la academia, que —creo— debe tener una mejor interpretación de estas labores; y, en un tercer momento, plantea la necesidad de estudiar y conocer a cabalidad el tema, para lo cual propone la creación de observatorios como elemento esencial para que, desde la institucionalidad, se tenga claridad sobre cómo adelantar unas políticas públicas hacia ese sector. Por último, están las recomendaciones para comprender que las trabajadoras del hogar tienen unas personas que también dependen de ellas: sus hijos.
El libro y sus recomendaciones son clave para el momento actual de recorte de derechos sociales que se está viviendo. Es pertinente señalar que la labor del hogar es una actividad histórica que debería ser valorada sin importar el modelo de gobierno; tener sensibilidad hacia la labor del hogar es ser consciente del trabajo que se realiza en un hogar.
Por último, este ejercicio se ve reflejado en la serie de televisión María la Caprichosa, que relata el trabajo del cuidado del hogar que viven unas mujeres en el marco de la realidad social de una ciudad como Medellín. No queda más sino acoger este trabajo como un elemento esencial para comprender este sector que, de forma evidente, le aporta muchísimo a la economía del país.
Desde el Palenque, un cimarrón todavía.
